Amigdalitis crónica. una infección permanente.

Publicado por el 01/10/2003

Además de mal sabor de boca y alteraciones del gusto,
la amigdalitis crónica supone un foco de infección que puede causar
inapetencia, somnolencia y accesos de fiebre ocasional a lo largo de toda la
vida

Las amígdalas:

una
fábrica de anticuerpos

Las amígdalas palatinas son
dos grandes acúmulos de células inmunitarias situados
a cada lado de la entrada de la faringe, entre los pilares del paladar. Son lo
que pudiera decirse una fábrica generadora de anticuerpos, fundamentalmente en
la infancia.

Su curva de crecimiento

De muy pequeño tamaño en los
primeros años, las amígdalas van creciendo a lo largo del tiempo, y con ellas
su función protectora. A medida que los niños crecen, el contacto con virus y
bacterias va activando las células inmunitarias, aumentándolas de tamaño. Generalmente,
alcanzan un pico máximo entre los 3 y los 6 años, momento a partir del cual
empiezan a reducir su tamaño, quedando prácticamente inactivas después de la pubertad,
aunque persisten de por vida.

El frío: un desencadenante

La infección se produce
cuando la actividad de los microorganismos supera la capacidad defensiva de las
amígdalas. Esto puede ocurrir cuando se produce una invasión masiva por gran
cantidad de gérmenes contra los que no se dispone de anticuerpos, o cuando se
produce alguna alteración de los mecanismos de defensa. Por ejemplo, la
inhalación de aire frío provoca una alteración en la formación de moco y en la
actividad de la mucosa nasal. De esta forma, las fosas nasales filtran menos
gérmenes de lo habitual, lo que repercute en la faringe y las amígalas, que
reciben aire con más gérmenes de lo habitual, pudiendo provocar una infección.

Mecanismo de la infección

Aunque esta infección puede
presentarse a cualquier edad, no suele ser normal que aparezca antes de los
tres años de edad  ni después de los 50.
Suele comenzar de forma brusca, con síntomas generales. Es habitual la fiebre,
que puede llegar a ser muy elevada, acompañada de escalofríos, malestar general
y dolor de cabeza. A continuación se instala un característico dolor de
garganta que dificulta la deglución y altera la voz, generando una voz gangosa
típica. También suelen aparecer ganglios aumentados en la zona del cuello.
Estos síntomas suelen durar entre dos y tres días, momento a partir del cual empiezan
a decrecer hasta curarse en 6 o 7 días, con el tratamiento adecuado.

Cómo atajarla

El tratamiento de las anginas
agudas va destinado a mitigar los síntomas, al tiempo que a destruir los
gérmenes. Es útil la administración de medicamentos analgésicos para reducir el
dolor causado por la inflamación. Generalmente, estos mismos fármacos se
emplean también para atenuar la fiebre. También son útiles los gargarismos con
preparados analgésicos antisépticos, y en ocasiones, la aplicación local de
compresas húmedas calientes. Debido al dolor que genera, lo ideal es tomar
líquidos y alimentos de consistencia blanda, así como evitar consumir el
alcohol y el tabaco, ambos sustancias irritantes. En los casos de amigdalitis
bacteriana, el tratamiento debe incluir además la administración de
antibióticos.

Tipos de amigdalitis aguda

  • Amigdalitis
    pultácea o angina blanca:
    en el
    50 % de los casos en que se desarrolla una inflamación aguda circunscrita
    a las amígdalas palatinas la causa es una infección por la bacteria estreptococo betahemolítico.
    En las infecciones bacterianas aparecen sobre las amígdalas unos puntos
    blanquecinos, constituidos por folículos linfoides, más grandes de lo
    normal, y pus, de ahí su nombre de angina blanca. Para tratar este tipo de
    amigdalitis es preciso un tratamiento con antibióticos.
  • Cuando la infección es solamente vírica puede
    producirse una amigdalitis eritematosa, caracterizada por un aumento de
    tamaño y un enrojecimiento de las amígdalas.

En los niños, el crecimiento exagerado de las
amígdalas propio de la amigdalitis crónica provoca problemas respiratorios y
episodios de apnea nocturna que repercuten directamente en su rendimiento
escolar

La versión crónica

La amigdalitis crónica se
produce como resultado de infecciones repetidas de las amígdalas, que acaban
dejando un residuo de gérmenes acantonados, los cuales mantienen un estado de
infección permanente. Según la edad y la fase evolutiva, se distinguen varios
tipos:

  • Cuando la infección crónica da lugar al
    desarrollo exagerado del tejido que forma las amígdalas, hablamos de amígdalas hipertróficas, lo que
    suele ocurrir en niños. En algunos casos estas amígdalas pueden obstruir
    la entrada a la faringe.
  • Posteriormente, la infección crónica puede
    provocar incluso la formación de pequeños acúmulos
    de pus en profundidad, que al abrirse forma pequeños cráteres en su
    superficie: son las amígdalas
    crípticas
    , caracterizadas por una superficie perforada pro numerosos
    orificios que se comunican, y por la que puede aparecer una secreción
    amarillenta grumosa llamada caseum.
  • En la edad adulta, cuando las amígdalas dejan de
    ser funcionantes, la infección crónica destruye
    el tejido amigdalar, dando lugar a las llamadas amígdalas atróficas, de tamaño muy
    reducido.

Trastornos respiratorios

Cuando el tamaño de las
amígdalas es exagerado, pueden originarse trastornos respiratorios, al impedir
el paso normal del aire a las vías respiratorias. Si durante el día el niño
mantiene la boca abierta, adoptando un rictus característico, durante la noche
no ocurre lo mismo, ya que la musculatura se relaja y la lengua cae fláccida
hacia atrás, cerrando la entrada a la orofaringe.
Esto provoca que el niño ronque y puede generar incluso episodios de apnea
nocturna, es decir, una obstrucción total de las vías respiratorias, debido a
la cual el niño deja de respirar durante unos segundos. Hay niños en los que se
producen varias crisis de apnea, provocándole despertares sobresaltados. Las
consecuencias de esto son somnolencia diurna y abotargamiento. No es de
extrañar que muchos niños con hipertrofia amigdalar
estén distraídos y sufran retraso escolar.

Mal sabor de boca

La amigdalitis crónica suele
presentar mal olor de boca y alteraciones del gusto. Además, puede actuar como
un foco infeccioso desde el que se diseminan gérmenes a todo el organismo,
causando múltiples trastornos, como inapetencia, sensación de cansancio,
somnolencia o accesos de fiebre ocasionales.

¿Cuándo operar?

En los casos de amigdalitis
crónica no sirven ni los antibióticos ni medidas locales como gargarismos, etc.
El único tratamiento es la amigdalectomía o
extirpación quirúrgica de las amígdalas. En la actualidad no se efectúa la
extirpación de las amígdalas con tanta frecuencia como antes, especialmente en
los niños pequeños (menores de cinco años), ya que estas estructuras
representan un importante órgano de defensa inmunitaria del organismo durante
los primeros años de vida. Sin embargo, la intervención es necesaria en los
siguientes casos:

  1. Cuando se ha establecido una amigdalitis crónica
    que dificulta la respiración y da lugar a episodios de apnea nocturna.
  2. Cuando aparece entre tres y cinco episodios de
    amigdalitis agudas al año durante años consecutivos.