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A la playa… siempre con protección

A la playa… siempre con protección

Sí, puede sonar tópico, repetitivo e incluso “machacón”, pero el mensaje sigue siendo necesario: hay que protegerse del sol. Repasamos las pautas y las novedades que aseguran un bronceado sano, bonito y seguro.

Aunque se puede decir que en el tema de la fotoprotección “progresamos adecuadamente”, aún hay algunas asignaturas pendientes que hacen que el tándem sol-vacaciones se salde en no pocas ocasiones con quemaduras, manchas y arrugas prematuras (entre otros souvernis estivales) que se pueden evitar perfectamente siguiendo las pautas y recomendaciones de los expertos y utilizando la cosmética adecuada.

El sol y las células: muy mal avenidos

Y es que para protegerse del sol lo primero que hay que hacer es conocerlo mejor. Por ejemplo, es importante saber que el daño que produce en la piel no se queda en la superficie (moreno) sino que incide directamente sobre las células cutáneas. El doctor Jaime Tufet, miembro de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) y director de la Clínica Tufet, de Barcelona, recuerda que el sol emite tres tipos de radiaciones que afectan de forma directa a la piel: infrarroja, visible y ultravioleta. “Son estos últimos, los UV, los que actúan sobre las células cutáneas y pueden dañar la cadena del ADN. Este efecto tiene una serie de consecuencias visibles más o menos visibles”:

1.     Acelera y aumenta la aparición de los principales signos de envejecimiento de la piel (arrugas, líneas de expresión).

2.     Reseca la piel y la deja “como un papel”: la piel adelgaza por la reducción de las células de la epidermis y la dermis, al disminuir la grasa subcutánea.

3.      Pérdida de firmeza, al ralentizarse la producción de elastina (responsable de la flexibilidad cutánea) y por la disminución del colágeno (que da cohesión y dureza), dando como resultado un descolgamiento de la piel.

4.     Aparición de manchas: los melanocitos, responsables de dar uniformidad a la pigmentación, se desorganizan y se agrupan, generando las “manchas de la edad”.

5.     Sequedad, por la disminución del número de glándulas sebáceas, lo que provoca que la piel se vuelva más áspera.

6.      Cáncer de piel.

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