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ADOLESCENCIA Primeros cuidados

ADOLESCENCIA Primeros cuidados

Tersa, sana, brillante, lisa y sin imperfecciones… la piel en la adolescencia es el mejor reflejo de la juventud corporal. Pero eso no significa que no necesite de cuidados y rutinas cosméticas específicas. Proporcionarle los tratamientos cosméticos adecuados no sólo asegura que se mantenga en perfecto estado sino que supone el mejor “pasaporte” para seguir luciendo una piel sana y firme en la edad adulta.

Los 30 años: esa es la edad límite para empezar a utilizar productos antienvejecimiento, ya que es a partir de la tercera década de la vida cuando se produce un punto de inflexión en la piel y los signos del paso tiempo (arrugas, flacidez, pérdida de tono…) comienzan a ser evidentes. Pero eso no significa que haya que esperar a esta edad para empezar a cuidar la epidermis. Es en la adolescencia, coincidiendo con los cambios hormonales relacionados con la pubertad, cuando hay que empezar a adoptar una rutina cosmética diaria destinada a asegurar a la piel la hidratación adecuada, mantenerla limpia de todo resto de grasa o impurezas que puedan favorecer la aparición de granos y acné (el principal problema cutáneo en esta franja de edad, que afecta a aproximadamente el 80% de los adolescentes) y, sobre todo, adquirir unos hábitos de fotoprotección que serán el mejor blindaje no sólo frente a las arrugas futuras sino también contra el cáncer de piel.

Piel limpia: imprescindible
Aunque no se use maquillaje, hay que asegurarse de que la piel esté siempre perfectamente limpia. Tal y como explica la doctora Adriana Ribé, médico ribe dermatopatóloga y directora de Ribé Clinic, “El gesto cosmético básico y fundamental en la adolescencia es la limpieza de la piel, tanto por la mañana como por la noche. La limpieza facial es muy importante en esta época de la vida, ya que existen muchos cambios hormonales que hacen que la piel tienda a engrasarse y comiencen a aparecer granitos y acné”.

Para limpiar la piel del rostro hay varias opciones entre las que elegir: leche limpiadora, espuma, gel, toallitas, aceites desmaquillantes… Hay que elegir la textura que resulte más agradable, pero buscando siempre formulaciones ligeras y, a ser posible, específicas para pieles jóvenes o adolescentes.

Un producto muy importante en este momento es el tónico facial, que se aplica siempre sobre la piel recién limpiada y antes de la hidratante. Este producto es un auténtico multiusos que aporta muchos beneficios a la piel adolescente: hidrata, refresca, equilibra la piel (con exceso de grasa en muchos casos) y cierra los poros, mejorando así el aspecto de la epidermis y evitando la aparición de acné.

Se aplica con la ayuda de un algodón embebido en el tónico mediante suaves golpecitos (nunca hay que restregar) sobre la piel, con movimientos circulares. En caso de que se tenga la piel grasa, hay que insistir especialmente en la llamada “zona T”, esto es, la frente la nariz y la barbilla. Un truco: para aumentar la sensación de frescor, se puede guardar el tónico en la nevera.

Hidratar: en versión suave y ligera
Es el otro cosmético imprescindible, ya que una piel hidratada es sinónimo de una piel sana y, además, la hidratación diaria es el mejor “blindaje” frente a un buen número de factores (el clima, las alteraciones hormonales propias de esta edad, etc).

Lo mejor es decantarse por hidratantes específicas para pieles jóvenes y, en su defecto, por una que sea lo más ligera posible. Tal y como explica la doctora Ribé, “a estas edades no son necesarios los principios activos, ni los productos que contengan antioxidantes o vitaminas. Lo mejor es recurrir a las cremas específicas para pieles jóvenes, que aporten hidratación y protección solar”.

La mayoría de las pieles adolescentes son de tendencia grasa o mixta (grasas en la frente y la barbilla y secas en las mejillas), por lo que los más indicados son los productos etiquetados como “oil free”. Así mismo, es importante que en el envase del cosmético figure que este es “no comedogénico” (esto es, que no favorece la aparición de granos ni comedones), “no acnegénico” (que no produce acné) y confirmar que incluye ingredientes antibacterianos.

Puede ocurrir sin embargo que se tenga la piel seca, sobre todo si a ésta no se le han dado los cuidados adecuados. “Ocurre con frecuencia en las pieles adolescentes, que se muestran deshidratadas y tirantes. En estos casos, hay que buscar productos un poco más densos, con un aporte mayor de agentes hidratantes”, señala la experta.

A la hora de aplicar la hidratante, hay que tener cuidado con la cantidad de producto: esta debe ser el equivalente al tamaño de una almendra. Lo mejor es depositarla primero en el dorso de la mano y con el dedo aplicar una gota de producto en la frente, las mejillas, la nariz y la barbilla. Extiéndela por todo el rostro, con movimientos circulares y en sentido ascendente, desde el centro hacia los extremos de la cara. En caso de que te hayas pasado con la cantidad, puedes eliminar el exceso de producto con la ayuda de un pañuelo o tissue (pasándolo muy suavemente sobre la piel, nunca frotando ni restregando).

El acné: principal enemigo a batir
Aunque puede aparecer a cualquier edad, el acné es una afección de la piel característica de la adolescencia. Tiene su origen en el folículo pilosebáceo (zona de la dermis en la que se asocia el folículo piloso y la glándula sebácea), dónde la acción de un tipo de hormona, los andrógenos, al llegar la pubertad, produce un doble efecto: por un lado, estimulan la producción sebácea y, por otro, desencadenan la obstrucción del conducto por dónde se elimina ese exceso de sebo. Como consecuencia de ello, la glándula, con el sebo retenido en su interior a causa de la obstrucción, se inflama y, después, es colonizada por bacterias, provocando así la aparición del acné.

El acné se considera una alteración de la piel crónica, de ahí que los cuidados deban ser continuos y constantes. Los expertos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) enumeran las principales pautas de actuación que hay que seguir en caso de tener una piel acneica:
1. Realizar una limpieza diaria correcta. Dos veces al día (una frecuencia mayor podría irritar la piel), con un producto suave. Es importante secar sin friccionar.
2. Utilizar productos adecuados. No existen remedios milagrosos ni tratamientos alternativos que superen en eficacia a los que la industria cosmética y farmacéutica comercializan y el dermatólogo prescribe.
3. Constancia. El tratamiento del acné debe ser contínuo, ya que este problema puede mantenerse activo meses o años.
4. No manipular las lesiones. Es la mejor estrategia para evitar las marcas y cicatrices. Al apretar los granos se puede transformar una lesión que iba a desaparecer en poco tiempo y sin dejar cicatrices en otra mucho más visible, más duradera y que, además, al curarse, dejará como secuela una cicatriz.
5. Adaptar los productos cosméticos. En los casos de acné hay que utilizar cosméticos libres de aceites o no comedogénicos y siempre de marcas reconocidas y debidamente cualificadas.
6. Vigilar las reacciones de la piel. Las cremas que se utilizan para tratar el acné pueden irritar la piel. En estos casos, los expertos aconsejan no suspender el tratamiento, sino espaciar su aplicación cada dos o tres días. Está comprobado que, de forma progresiva, la piel “aprende” a tolerar estos productos.
7. Controlar la ingesta de lácteos grasos y azúcares. Aunque no hay ningún alimento que haya demostrado empeorar el acné, las últimas investigaciones al respecto apuntan a que hay una mejora en el estado de la piel acneica si se sigue una dieta en la que se incluyan pocos alimentos que tengan un elevado índice glucémico (azúcares refinados, sobre todo) y lácteos, pues ambos elevan los niveles de insulina y otras hormonas que a su vez favorecen la secreción de andrógenos (principales responsables de la aparición de acné).
8. Ponerse en manos del dermatólogo. Este profesional es el médico especialista en el tratamiento del acné y, por tanto, individualizará el abordaje, seleccionando la crema o las pastillas según el sexo, la edad y el tipo de edad de cada paciente.
9. No obsesionarse con las huellas del acné. Las cicatrices o zonas rojas características del acné mejoran de forma notable con el paso del tiempo y muchas veces sin necesidad de tratamiento. Si no desaparecen o se quiere acelerar su eliminación, el tratamiento más indicado son los distintos tipos de láseres, tanto para las manchas rojas (láser de colorante pulsado) como las cicatrices (láser de CO2 y erbio).

Exfoliar: ¿sí o no?
Aunque en principio pudiera parecer un gesto agresivo para la delicada piel acneica, lo cierto es que los comedones y los puntos negros pueden mejorar notablemente gracias a la exfoliación regular y se benefician incluso del “arrastre” que implican los microgránulos de las exfoliantes mecánicas. Sin embargo, las espinillas no son igual de agradecidas ante este gesto, y para ellas están más indicados los peelings a base de ácidos y enzimas, capaces de deshacer los enlaces entre las células de la capa córnea, favoreciendo la descamación pero sin producir la irritación que podría empeorar su aspecto. Lo mejor es preguntar al dermatólogo antes de incluir la exfoliación en la rutina de cuidados faciales.

El sol: la asignatura pendiente
Los expertos insisten una y otra vez: pese a las continuas campañas informativas, los jóvenes aún no están lo suficientemente concienciados de los efectos nocivos que tiene exponerse al sol sin la debida protección. La razón está en que el concepto de estar moreno se sigue asociando a belleza y salud, por lo que muchos de ellos se siguen exponiendo al sol sin las medidas adecuadas y abusando de las cabinas de rayos UVA.

Así mismo, y según una macroencuesta llevada a cabo por la empresa Syneron Candela y titulada El acné y las españolas, uno de los motivos que parece tener más peso en la negativa de las jóvenes para someterse a un tratamiento estético (para eliminar el acné, por ejemplo), es el sol. El 13% de las encuestadas no se haría un tratamiento si tuviera que renunciar a tomar el sol; un 70% lo haría si fuera solo durante un tiempo y únicamente un 17% renunciaría a él definitivamente. Este rechazo es mucho mayor cuanto menor es la edad de las encuestadas. Las evidencias no dejan lugar a dudas: el efecto de las radiaciones solares es acumulativo y, según distintos estudios, utilizar un fotoprotector de factor 15 hasta los primeros 18 años de vida pude reducir hasta en un 78% el riesgo de desarrollar un cáncer cutáneo.

La doctora Ribé señala al respecto que “en la adolescencia, las precauciones en cuanto a la exposición al sol son las mismas que en cualquier otra edad, aunque adquieren mucha más importancia ya que es en estas edades en las que adquieren las alteraciones de la piel que van a durar toda la vida. Por eso, la utilización de protección solar es tan importante”. En cuanto al índice de protección más adecuado, depende fundamentalmente del tipo de piel, pero como regla general no debería ser menor de 15.

Maquillaje: pautas a seguir
Las pieles jóvenes lucen siempre mejor con ligeros toques de color que con maquillaje propiamente dicho. Estas son las principales reglas a seguir para sacar todo el partido a la piel adolescente y evitar el “efecto máscara”:

  1. No usar base de maquillaje. La principal misión de este cosmético es camuflar las imperfecciones de la piel y minimizar el aspecto de las arrugas, algo que no es necesario en el rostro de las jóvenes.
  2. Aprender a utilizar el corrector. Es ideal para tapar granitos y espinillas. Eso sí: hay que elegir un producto que sea igual al color de la piel, para que el resultado quede natural.
  3. Sombra de ojos, con precaución. Este producto debería limitarse a determinadas ocasiones (una fiesta, por ejemplo) y optar siempre por los tonos pastel (la gama de los beige da mucho juego), difuminándolo muy bien.
  4. Lápiz de ojos: no abusar. Lo mejor es elegir un tono neutro (marrones, grises) y utilizarlos solo en el párpado superior o en el inferior (nunca en ambos a la vez). Mejor usar el lápiz que los eye liner líquidos, cuya aplicación necesita mucha práctica y que proporcionan un resultado demasiado sofisticado para una mirada joven.
  5. Máscara de pestañas: con un toque basta. Hay que usarla solo para realzar la mirada, así que con un solo toque sobre las pestañas superiores es suficiente.
  6. El colorete: un gran aliado. El blush o colorete (mejor, en polvo) es suficiente para dar color al rostro. Aplícalo sobre las mejillas y difumínalo muy bien.
  7. El autobronceador: una buena solución. Si eres muy pálida o quieres subir el tono de tu piel, opta por las cremas autobronceadoras (las fórmulas en toallita son muy prácticas).
  8. En los labios, solo brillos. El brillo labial da color a la boca sin añadir años (como ocurre con las formulaciones en barra). Los rosados, naranjas y beiges aumentan visualmente el grosor de los labios y dan como resultado una boca muy jugosa.

Tatuajes: con todas las garantías
Los tatuajes no tienen edad, pero es cierto que es en la adolescencia cuando la mayoría de las personas se deciden a recurrir a esta técnica. Se estima que entre un 3 y un 8% de la población, aunque este porcentaje se eleva considerablemente en el caso de los jóvenes. Los expertos recuerdan constantemente las precauciones que se deben tomar antes de tatuarse la piel. “Hay que acudir a un estudio de tatuajes homologado, que cuente con la debida autorización de la consejería de Sanidad correspondiente, y evitando hacerlo en establecimientos clandestinos carentes de control”, explica el doctor Donís Muñoz, dermatólogo miembro de la AEDV, quien advierte también que “la tinta roja es la que con mayor frecuencia provoca reacciones anómalas y efectos indeseados tanto a corto como a largo plazo, mientras que el color negro (que se obtiene a partir del carbón) es el pigmento más empleado y el más seguro, siendo excepcional que presente efectos adversos”.

El dermatólogo, autor de la Guía práctica para la eliminación de tatuajes con láser Q-Switched, ofrece una serie de reglas que hay que tener en cuenta a la hora de hacerse un tatuaje:

  • Medita serenamente la decisión de realizarte un tatuaje, sí como el diseño.
  • Asegúrate de que tanto el estudio como el profesional que te haga el tatuaje estén debidamente cualificados.
  • Exige siempre tintas homologadas en España o al menos en Europa.
  • Haz con el móvil una foto del frasco de la tinta empleada y guárdala por tiempo indefinido, asegurándote de que figure la marca del fabricante, el número de registro sanitario, el lote, etc.
  • Por si en el futuro deseas quitártelo, ten en cuenta que los tatuajes de color negro y rojo son los más fáciles de borrar, mientras que el color amarillo, el azul claro y el blanco son los más difíciles.
  • El método más eficaz y seguro para eliminar los tatuajes es el láser Q-Switched, pero no todos los equipos son tecnológicamente iguales y, por lo tanto, su eficacia no es la misma.
  • Los médicos en general y los dermatólogos en particular son los profesionales más cualificados para eliminar los tatuajes con garantías técnicas y sanitarias.
  • Por otro lado, hay que tener en cuenta que la piel tatuada es una piel cicatrizada o en proceso de cicatrización, y por ello necesita un cuidado especial. Además, el propio tatuaje absorbe una mayor cantidad de energía solar, debido a su pigmentación, lo que produce deshidratación y daños en la piel, lo que también afecta al color y definición del tatuaje. Existen casas cosméticas de venta en farmacia que han lanzado productos específicos de cuidado para las pieles tatuadas.

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  1. Ana

    1 junio

    Yo empece a usar el sistema de renovación de la piel de Monsia a los 25 años, me va genial, lo recomiendo.

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