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Adolescencia y autoestima. un tándem muy complicad...

Adolescencia y autoestima. un tándem muy complicado.

A priori,
los jóvenes de hoy día lo tienen todo, pero, sin embargo, cada vez es
mayor el número de adolescentes que padecen depresión o ansiedad, a la par que
aumentan los problemas relacionados con las drogas y el alcohol, sustancias en
cuyo consumo, además, se inician a edades cada vez más tempranas. La ausencia
de límites y la mayor permisividad están en la raíz de todas estas actitudes,
dando lugar a lo que, según los expertos, es el auténtico culpable de la
mayoría de las problemas que afectan a los adolescentes en la actualidad: la
falta de autoestima.

El 73, 4 por ciento de los jóvenes de entre 10
y 12 años declaran tener consolas o juegos tipo game boy;  más del 25 por ciento de los preadolescentes
frecuentan las discotecas los fines de semana; un 22 por ciento disponen de
entre 6 y 18 euros semanales para ?sus cosas?; y un 33 por ciento de los niños
entre 8 y 13 años tiene un teléfono móvil para su uso personal. Asimismo, el
acceso a una educación completa y a la información es algo que está totalmente
generalizado. Y pese a todos estos signos de bienestar, cada vez son más los
adolescentes que padecen ansiedad, estrés, depresión o que incluso cometen
tentativas de suicidio. A todo esto hay que unir el hecho de que los jóvenes se
inician de forma cada vez más temprana en el consumo de alcohol y drogas. ¿Qué
es lo que explica este contraste? Los expertos lo tienen muy claro: una baja
autoestima.

Los hijos de las prisas

La autoestima es la conciencia que toda persona
tiene de su propio valor y está directamente relacionada con la autoaceptación.
?Es como un medidor de potencia y de valía personal, un termómetro que marca y
determina nuestro valor, el que está escrito en la mente y dice cuánto valemos?,
explica el psicopedagogo Bernabé Tierno.

Debido a las peculiares características de esta
época de la vida, es frecuente que durante los primeros años de la adolescencia
la falta de autoestima se agudice. ?Es en esta etapa cuando empieza a
cristalizar la personalidad, de ahí que sea tan importante que los padres y
educadores ayuden al joven a encontrar su identidad y le fomenten valores como
la voluntad y la responsabilidad, sobre todo teniendo en cuenta que a partir de
ahora el entorno y los amigos pueden tener más influencia sobre él que su
familia?, señala Tierno.

La baja autoestima no es patrimonio exclusivo
de los jóvenes de hoy en día, sino que se trata casi de un rasgo de identidad
de esta etapa de la vida, caracterizada por una continua búsqueda de la
autoafirmación, oscilando entre la timidez y el descaro, sin encajar todavía en
una sociedad ?de adultos? y manteniendo el inconformismo como lema principal.
Sin embargo, hay algunos condicionantes de la sociedad actual que hacen que las
consecuencias de esta baja autoestima sean especialmente peligrosas. ?Los niños
y jóvenes de hoy lo tienen más difícil, y no en lo referente a los aspectos
materiales sino al tipo de vida que les ha tocado vivir. Muchos padres y
educadores están llenos de dudas: no quieren tratar a los niños como los
trataron a ellos, pero no saben cómo enfrentarse con los retos y situaciones
que constantemente se les plantean. Además, deben estar adaptándose a un mundo
que les exige una actualización rápida, un esfuerzo permanente, una carrera sin
tregua y que, a cambio, no les permite tener una vida familiar. Estos son los
adultos que ven los niños, los que tendrían que transmitirles confianza y
seguridad, los responsables de su desarrollo y de su educación?, explica la
psicóloga María Jesús Álava Reyes en su libro El no también ayuda a crecer
(La esfera de los Libros).

En la misma línea, todos los estudios
realizados con el objetivo de analizar el incremento de ciertas actitudes entre
la juventud, como la violencia en las aulas, han llegado a la conclusión de que
el hecho de que la mayoría de los progenitores apenas tengan tiempo para su
vida personal ?y, por tanto, para ejercer de padres- puede desencadenar en una
educación del adolescente carente de límites, de normas y, en última instancia,
de valores. Los jóvenes no tienen un espejo en el que mirarse o un
referente al que acudir cuando le surgen dudas, lo que en muchas ocasiones es
la causa de que se dejen arrastrar por lo que hace la mayoría. Y esto es
precisamente lo que empuja a muchos de ellos a coquetear con el alcohol y las
drogas, y a comportarse de forma agresiva.

Está claro entonces el papel decisivo que el
entorno familiar juega en la formación de una correcta autoestima en el
adolescente: la comunicación con los padres es la única forma de
?contrarrestar? el efecto de los mensajes que les llegan a través de los medios
de comunicación y de la influencia de las amistades o el entorno social.

Principales
consecuencias: qué pueden hacer los padres


-Influencia excesiva de los amigos
.  Muchos adolescentes asumen
riesgos innecesarios debido a la influencia de las amistades. ?Temen más hacer
el ridículo ante los amigos que ante las consecuencias de una actividad
peligrosa; por ello, experimentan con cocaína o drogas de diseño, o conducen un
coche bajo la influencia de la droga o el alcohol, o toman parte de algún acto
vandálico. El ceder a la presión de sus compañeros para actuar destructiva o
estúpidamente también puede provenir del deseo de no quedar excluido. Algunos
adolescentes han admitido haber tenido relaciones sexuales porque todos sus
amigos lo hacían. El miedo a ser rechazado por los amigos puede ser más intenso
que su preocupación por su bienestar?, explica la doctora Terri Apter, experta
en desarrollo psicológico infantil y autora del libro El niño seguro de sí (Ed.
Edaf).

Cómo actuar: Es importante que los
padres hagan lo posible por conocer a los amigos de sus hijos (invitarlos a
casa, llevarlos a todos a algún evento) y, también, que conozcan a los padres
de estos amigos (no es necesario que intimen, pero sí ayuda saber si las
actitudes y preferencias como padres son compatibles con las suyas). Deben
hablar con el joven acerca de la amistad y de cómo elegir buenas opciones;
enseñarle cómo salir de situaciones peligrosas o impropias que puedan surgir y
cómo enfrentarlas; y dar un buen ejemplo como amigos: ver a sus padres tratarse
con respeto y amabilidad entre sí y hacia sus amigos es más efectivo que
cualquier charla genérica sobre la amistad.


-Abuso de drogas y alcohol.
?La ausencia de valores podría explicar gran parte de las conductas de
consumo. Nuestra sociedad ha dado paso a una especie de ?todo vale?, ?al menos
hay que probar?… Los límites entre la conducta adecuada y la que no lo es no
están nada claros. Además, la falta de habilidades para decir no, la poca
confianza que los adolescentes tienen en ellos mismos y la dependencia del
grupo de amigos puede determinar que prueben estas sustancias. Asimismo, la
aparición de conflictos tanto relacionales (cómo se llevan con sus padres y
amigos) como escolares, pueden influir en el inicio y mantenimiento del
consumo?, explica Bernabé Tierno.

-Cómo actuar: La
prevención es fundamental, así como todos los esfuerzos dirigidos a
proporcionar alternativas y recursos para que el estilo de vida que elija le
permita sentirse a gusto consigo mismo: relaciones cálidas y afectuosas con los
padres, realizar actividades que le permitan disfrutar del tiempo de ocio, la
interiorización de normas y límites… En caso de que se tenga algún indicio de
que el joven está enganchado a alguna de estas sustancias, la solución no es
prohibírselo sin más, sino que, tal y como recomienda Bernabé Tierno, ?hay que
ofrecerle alternativas para que aprenda a disfrutar de otro modo de su tiempo y
de sus amigos, y que descubra que no necesita ?ponerse? de ninguna manera, sino
ser él mismo?.

Actitudes violentas: Los casos
cada vez más frecuentes de violencia juvenil tienen un claro componente social,
tal y como han constatado los expertos. Las causas van desde los modelos de
violencia que propugnan los medios de comunicación a la crisis del modelo
familiar, pasando por la pérdida de disciplina y de respeto, la falta de
autoridad de los profesores en la escuela y la incorporación de nuevas
culturas. Todo ello hace que haya resurgido el concepto de ?bandas? o que se
produzcan casos de acoso escolar de unos niños a otros (lo que se conoce como
bullyng).

Cómo actuar: Poner unos límites claros
a su conducta. ?El adolescente violento precisa de unas muestras inequívocas de
seguridad por parte de sus padres; necesita su cariño tanto como su firmeza; su
comprensión tanto como su resolución. En definitiva, debe tener unos límites
claros, unas reglas mínimas que le hagan sentirse bien no agrediendo, sino
cediendo; no imponiendo, sino pactando; no vejando, sino queriendo. Y cuanto
antes se actúe en este sentido, mucho mejor?, recomienda María Jesús Álava
Reyes.

Consumismo a ultranza: Los
adolescentes de hoy día viven en una cultura de la inmediatez: como si del clic
del ratón del ordenador se tratase, desean tener al instante todo aquello que
se les antoja. Esto puede estar en gran medida propiciado por la actitud
?compensadora? de los padres, quienes muchas veces de forma inconsciente
intentan suplir con medios materiales el escaso tiempo que pueden dedicar a sus
hijos. Por otro lado, el joven con baja autoestima encuentra en la adquisición
desmedida de bienes un alivio a sus inseguridades.

Cómo actuar: ?Hay que elevar su nivel
de frustración, mentalizándole de que las cosas cuestan un esfuerzo y un
sacrificio y que, además, no se consiguen a la primera: hay que sembrar y saber
esperar. Además, y teniendo en cuenta que durante este periodo empiezan a
aparecer problemas de autoestima derivados en gran medida de la comparación con
los demás, esta actitud puede llevarle a identificar determinadas adquisiciones
con una mayor seguridad en sí mismo. Es tarea de los padres concienciarle de lo
inútil que resulta compararse con los demás y transmitirle la idea de que la
única persona con la que tiene que competir es con él mismo?, comenta Bernabé
Tierno.

El papel de la familia: por qué es
tan importante

Aunque parezca que los rechazan e incluso que
los consideran un estorbo, los adolescentes siguen necesitando a sus padres,
incluso más que nunca, ya que deben confrontarse con nuevas formas de
conciencia de sí mismos y nuevas dudas sobre su propia capacidad que pueden
poner en peligro su autoestima. De ahí que, aunque aparentemente el joven
manifieste una actitud de autodominio y aparente indiferencia, los padres deban
volcarse en esta etapa en hacer todo lo posible para elevar sus niveles de
autoestima. Estas son algunas de las pautas más efectivas para conseguirlo:

Darle oportunidades para tener éxito:
La mejor manera de fomentar la confianza en sí mismo es favorecer la práctica
de actividades o exponerle a situaciones a través de las cuales puede comprobar
de lo que es capaz.

Responsabilizarle de determinadas parcelas
de la vida familiar
. ?A partir de la preadolescencia, el niño debe saber
que hay una serie de cosas que tiene que hacer aunque no le gusten. Los padres
deben tener como objetivo prioritario la formación de la voluntad motivándole a
través del encargo de tareas que le resulten más o menos agradables y de las
que tenga que responsabilizarse?, recomienda Bernabé Tierno.

Ayudarle a sentirse seguro y a confiar en
sí mismo
. La autoconfianza procede del amor incondicional de los padres. El
sentirse plenamente querido no puede tener jamás ningún efecto secundario.
Los elogios significan mucho para los adolescentes cuando proceden de quienes
más quieren y en quienes se apoyan.

Tener mucha paciencia. Para un
adolescente es muy difícil minimizar las áreas en las que no se siente seguro,
de ahí que magnifique mucho cualquier experiencia y algunos lleguen a sufrir
(y, de paso, lo hagan pasar también a sus padres) un auténtico carrusel
emocional. Hay que mantenerse serenos y no darle a estos cambios de conducta
más importancia de la que se merecen.

Señales 
a tener en cuenta

La falta de autoestima en la adolescencia se
manifiesta mediante una serie de señales bastante específicas. Así, el
adolescente que no se quiere suficientemente a sí mismo…

-Desmerece su talento: Con frecuencia dice
frases del tipo: ?No puedo?, ?no sé hacerlo?, ?nunca lo aprenderé?…

-Se siente impotente: Se enfrenta a cualquier
obstáculo, reto o dificultad sin ningún convencimiento de poder superarlo.

-Se deja influir fácilmente: Cambia de ideas y
de comportamiento con mucha frecuencia y según con quien esté; está manipulado
por personalidades más fuertes, ya sea un amigo o un hermano.

-Elude aquellas situaciones que le producen
ansiedad: Tiene escasa o nula tolerancia ante las circunstancias que le
provocan angustia, temor, ira o sensación de caos.

-Echa la culpa a otros de sus debilidades: No
suele admitir sus errores y la mayoría de las veces los atribuye a otros o a la
mala suerte.

-Se queja de que los demás no le valoran: Se
siente inseguro y negativo sobre el afecto o el apoyo que le prestan sus padres
y amigos.

-Tiene pobreza de sentimientos y emociones:
Repite una y otra vez unas pocas conductas emocionales como el descuido, la
inflexibilidad, la histeria, el enfurruñamiento…

-Se pone a la defensiva y se frustra con
facilidad: Es un ?picajoso?, incapaz de aceptar las críticas o las peticiones
inesperadas, y pone excusas para justificar su comportamiento.

Depresión y suicidio: alerta máxima

El suicidio, el más flagrante de todos los
signos de baja autoestima, es la tercera causa de muerte entre los 15 y los 24
años. Según los expertos, en esta elevada incidencia intervienen varios
factores, siendo el más determinante el entorno familiar. La inestabilidad, el
divorcio y la forma en que los padres utilizan a sus hijos para conseguir la custodia,
así como la protección excesiva o la violencia familiar pueden desencadenar
comportamientos suicidas. Los adolescentes experimentan fuertes sentimientos de
estrés, confusión, dudas de sí mismos, presión para lograr el éxito y otros
miedos, lo que favorece los estados depresivos y la aparición de sentimientos
relacionados con la muerte. Muchos síntomas de las tendencias suicidas son
similares a los de la depresión, por eso los padres deben estar muy alerta ante
algunas señales que pueden indicar que el adolescente está contemplando el
suicidio: cambios en los hábitos de comidas y sueño;  retraimiento de sus amigos, familia y actividades habituales;
actuaciones violentas y comportamiento rebelde; consumo excesivo de alcohol y
drogas; abandono de su aspecto personal; cambios pronunciados de personalidad;
aburrimiento persistente; dificultad para concentrarse; y quejas frecuentes de
síntomas físicos como cefalea, cansancio o dolor de estómago.

Tal y como señalan los expertos del Centro del
Estudios del Suicidio de Estocolmo, la mejor arma para frenar y prevenir estas
actitudes es ofrecer a los jóvenes toda la información necesaria para mitigar
la ansiedad y la falta de autoestima que subyace bajo los pensamientos
suicidas: es muy importante hablar con ellos sobre los problemas que les
preocupan y hacerles sentir que los mayores les escuchan.



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