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ALERGIAS, de excepción a pandemia

ALERGIAS, de excepción a pandemia

ALERGIAS, de excepción a pandemia


Al polen, al polvo, al pelo de los animales, a los medicamentos, al veneno de insectos, a los metales, al sol, a determinados alimentos, al latex… El abanico de alergias ha aumentado de manera escandalosa en las últimas décadas. Todo obedece a lo mismo: a una reacción del sistema inmunitario a determinadas sustancias de las que el organismo se defiende y que se conocen también como reacciones de hipersensibilidad.  ¿Pero por qué esta reacción?

En España, más de 6 millones de personas son alérgicos al polen, cifra que va en aumento cada año. Al mismo tiempo, se está observando un incremento de otros tipos de alergia. En este sentido, según el Informe Alergológica 2005, la alergia a medicamentos se ha colocado, por detrás de asma y rinitis como tercer motivo de consulta a los especialistas. Algunas teorías achacan el aumento del número de casos alérgicos al exceso de higiene, otras al efecto invernadero, otras a la dieta moderna, otras al diésel y la contaminación, otras a la herencia familiar… Quizás la explicación habría que buscarla en todas ellas y en ninguna en particular.

 Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentos

Las teorías del boom alérgico


• Teoría del cambio climático: según los expertos, los altos niveles de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera no sólo favorecen el calentamiento del planeta, sino que aceleran el crecimiento de plantas cuyos pólenes desencadenan alergias estacionales.

• La herencia familiar: está comprobado que los hijos de personas alérgicas tienen más probabilidades de desarrollar algún tipo de sensibilidad (aunque sea a otra sustancia), lo cual apunta a un componente genético.

• La dieta moderna: la globalización del comercio de alimentos ha hecho que la estacionalidad y las localizaciones geográficas no conozcan barreras. Ello ha propiciado que la frutas y las verduras estén a la venta todo el año, con lo que nuestro organismo se enfrenta a muchas sustancias casi sin descanso. Según muchos alergólogos, esa disponibilidad y exposición constante puede explicar, por ejemplo, el aumento de casos de alergia a la soja, un ingrediente presente en muchos productos (desde la leche a los yogures, pasando por galletas y panes).

• Exceso de higiene y confort: Los investigadores creen que la falta de exposición a amenazas potenciales en etapas tempranas de la vida hace que el sistema inmunitario desarrolle menos células T4 (que modulan la respuesta inmunitaria), lo cual favorece las reacciones de tipo alérgico. Por otra parte, la tecnología y el confort (aire acondicionado, calefacción, moquetas), favorecen la proliferación de ácaros y mohos, potentes alergenos, así como los plásticos, ambientadores, productos de limpieza… nos exponen a sustancias que son a la vez tóxicas y causantes de alergias.

• El diésel y la contaminación: las partículas diésel presentes en el ambiente deterioran las membranas de los granos de polen. Eso significa que, cuando lo aspiramos, sus proteínas entran en un contacto mucho más directo con las delicadas membranas de la boca, la nariz y los pulmones. La consecuencia es un mayor riesgo de alergias. Otra teoría es que el sistema inmunitario reacciona frente a sustancias contaminadas por la polución. Por ejemplo, el organismo no reconoce como tal un alimento que tenga moléculas de goma de neumático adheridas a él. Como estas moléculas son similares a las enzimas producidas por parásitos, las defensas las atacan, desarrollando una respuesta inflamatoria.


A. Alergia al polen
La previsión de cada año



Las abundantes lluvias sufridas durante los meses de invierno y la elevada contaminación son algunos de los factores atmosféricos que determinan una peor evolución clínica de los pacientes con alergia al polen. Esta primavera, al contrario que el año pasado, los afectados de polinosis deberán enfrentarse a una primavera con concentraciones abundantes.
Para dar a conocer las previsiones de polen de gramíneas para esta primavera, así como la importancia de un diagnóstico certero de alergia a fármacos, la SEAIC celebrará una rueda de prensa el  miércoles, 11 de marzo, a las 10:30 horas, en el Salón Terraza del Casino de Madrid (c/ Alcalá, 15), que contará con la participación de los doctores Tomás Chivato, presidente de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología (SEAIC); Javier Subiza, coordinador del Comité de Aerobiología de la SEAIC; y Teófilo Lobera, coordinador del Comité de Alergia a medicamentos de la Sociedad.

1. El secreto está en el alérgeno: En la alergia al polen, el alergeno puede ser una planta estacional o el producto de una planta, como el polen de la hierba o la ambrosía.
2. La reacción: el alergeno puede causar una reacción alérgica cuando se deposita sobre la piel o entra en un ojo, es inhalado, ingerido o inyectado. De esta manera puede provocar una reacción alérgica de la piel, una rinitis alérgica estacional o asma alérgica. La rinitis alérgica es una reacción alérgica muy común, que producen estornudos, picor, goteo o congestión nasal, picor cutáneo e irritación en los ojos. La conjuntivitis alérgica es una inflamación de origen alérgico de la conjuntiva, la delgada membrana que recubre el interior de los párpados y la superficie externa del ojo. El blanco del ojo se vuelve rojo y produce picor. La rinitis alérgica puede ser estacional (comúnmente llamada fiebre del heno o polinosis), o perenne (todo el año).
3. Lo último en prevención: siempre es mejor evitar un alergeno en la medida de nuestras posibilidades. Por ello, los expertos recomiendan no bajar las ventanillas cuando se viaja en coche, mantener las ventanas de la casa cerradas durante el día, instalar filtros en los aires acondicionados, evitar los paseos al campo o, en los casos más graves, trasladarse de región. En cuanto a la inmunoterapia alergénica, debe comenzar meses antes de la época de polinización. Existen dos posibilidades: la vacuna inyectada y una vacuna inhalada, comercializada recientemente en España.


B. Al polvo y al pelo de los animales


1. El alergeno: el polvo y la caspa de los animales son capaces de provocar reacciones alérgicas en personas sensibilizadas a estas sustancias.
2. La reacción: en la alergia al polvo y a la caspa de los animales, el alergeno puede causar una reacción alérgica cuando se deposita sobre la piel o entra en un ojo, es inhalado, ingerido o inyectado. De esta forma puede provocar igualmente una reacción alérgica de la piel, rinitis alérgica o asma alérgica. Un dato curioso es que a pesar de que el 60% de las personas alérgicas al pelo de los animales tiene mascota, no se desprende de ella una vez diagnosticada la alergia.
3. Lo último en prevención: una persona alérgica al polvo de la casa o al pelo de los animales puede eliminar todo el mobiliario, las alfombras y las cortinas que acumulen polvo; cubrir colchones y almohadas con protectores plásticos; quitar el polvo y limpiar las habitaciones con un paño húmedo y con bastante frecuencia; usar aire acondicionado para reducir la alta humedad interior que favorece la multiplicación de los ácaros del polvo; e instalar filtros de aire altamente eficientes.


D. A los alimentos


1. El alérgeno: una alergia alimentaria es una reacción alérgica a un alimento en particular. Los alimentos que con mayor frecuencia producen alergia son: la leche, los huevos, los mariscos, las nueces, el trigo, los cacahuetes, la soja y el chocolate. Es importante distinguir alergia de intolerancia alimentaria, ya que esta última no es una reacción alérgica, aunque constituye un efecto indeseable producido por la ingestión de un alimento determinado. Son muchas las personas que no pueden tolerar ciertos alimentos: por ejemplo, pueden carecer de la enzima necesaria para digerirlos. Si el sistema digestivo no puede tolerar ciertos alimentos, el resultado puede ser un trastorno gastrointestinal, gases, náuseas, diarrea u otros problemas. Por lo general las reacciones alérgicas no son responsables de estos síntomas.
2. La reacción: el primer indicio de predisposición alérgica puede ser una erupción cutánea como el eccema (dermatitis atópica). Dicha erupción puede estar acompañada o no por síntomas gastrointestinales, como náuseas, vómitos y diarrea, y puede o no estar causada por una alergia alimentaria. Cuando el niño cumple su primer año de vida, el eccema ya casi no es un problema. Los niños con alergias a ciertos alimentos probablemente contraigan otras enfermedades atópicas a medida que crecen, como asma alérgica y rinitis alérgica estacional. Sin embargo, en los adultos y los niños de más de 10 años, es muy poco probable que los alimentos sean responsables de los síntomas respiratorios, a pesar de que las pruebas cutáneas (de la piel) resulten positivas. Algunas personas sufren reacciones alérgicas muy graves ante potentes alergenos específicos de los alimentos, en especial las nueces, las legumbres, las semillas y los mariscos. Pueden cubrirse de una erupción por todo el cuerpo, sentir que su garganta se inflama hasta cerrarse y tener dificultades respiratorias. Una repentina caída de la presión arterial puede provocar mareos y un colapso. Esta emergencia, potencialmente mortal, recibe el nombre de anafilaxia.
3. Lo último en prevención: después de un resultado positivo en una prueba cutánea, el alergólogo puede necesitar realizar una prueba oral para llegar al diagnóstico definitivo. En una prueba de provocación oral, el alimento sospechoso se oculta en otra sustancia, como leche o compota de manzana, y el paciente lo ingiere. Si no aparecen síntomas, la persona no es alérgica a ese alimento. Las mejores pruebas son las pruebas “ciegas”; es decir, a veces el alimento en cuestión efectivamente está mezclado con otra sustancia, y otras veces no. De esta forma, el médico puede determinar con certeza si el paciente presenta alergia a ese alimento en especial. Una dieta de eliminación puede ayudar a identificar la causa de una alergia. La persona deja de ingerir los alimentos que presumiblemente están provocando los síntomas. Más tarde comienzan a introducirse en la dieta de uno en uno. Una vez que se ha diagnosticado la alergia, no existe otro tratamiento específico que dejar de comer los alimentos que las producen. La desensibilización, que se realiza comiendo pequeñas cantidades de un alimento o colocando gotas de extracto de alimentos bajo la lengua, no ha dado buenos resultados. Los antihistamínicos resultan poco prácticos como terapia de prevención, pero pueden ser beneficiosos en reacciones generales agudas con urticaria y en la urticaria gigante (angioedema). En el caso de alergia a ciertos alimentos no se recomienda la inmunoterapia debido al riesgo de anafilaxia.


C. A los medicamentos


Según la doctora Carmen Vidal, responsable del Servicio de Alergología del Complejo Universitario Hospitalario de Santiago de Compostela, la alergia a los fármacos afecta a entre un 5% y un 10% de la población, habiéndose aumentado considerablemente en los últimos años. Uno de los factores que explicarían este aumento es el consumo indiscriminado de fármacos por parte de la población, que no sigue los regímenes prescritos por el médico, sobre todo cuando utiliza antibióticos para tratar infecciones víricas o usa antiinflamatorios. En ocasiones, se toman cuando no están indicados, con una posología inadecuada o durante un tiempo inapropiado, lo que favorece la sensibilización a estos fármacos. Otro de los factores es la aparición de nuevos compuestos, de los que no se conoce bien su potencial alergénico. En principio, no existe un mayor riesgo entre los pacientes atópicos (que tiene una predisposición a desarrollar alergia frente a los agentes ambientales habituales) para desarrollar alergias a los medicamentos, salvo algunas excepciones, como los fármacos relajantes musculares para anestesia.

1. El alergeno: la alergia puede estar desencadenada por un antibiótico (por ejemplo las penicilinas), determinados compuestos de los Antiinflamatorios no Esteroideos (AINES), antisépticos locales, etc.
2. La reacción: el organismo reacciona de forma anormal frente a la administración de un medicamento, generando una respuesta que queda “guardada” y que aparece al volver a contactar con la sustancia en cuestión. Hay que tener en cuenta que nadie nace alérgico a los medicamentos, sino que se expone primero al medicamento, el organismo reacciona de forma anormal y la siguiente vez que vuelve a tener contacto con éste se desencadena la reacción. En general, es común la aparición de manifestaciones cutáneas, dependiendo del tipo de reacción y el mecanismo implicado en la reacción. Dentro de esas distintas formas de expresarse de la alergia, la más común es la urticaria-angioedema. La urticaria se caracteriza por la presencia de ronchas o habones en la piel, similares a las que aparecen por contacto con las ortigas. El angioedema consiste en la presencia de hinchazón, que suele localizarse en los párpados y labios, aunque puede afectar a cualquier parte del cuerpo. Otra forma de presentación es la llamada erupción morbiliforme, similar a la que ocurre en los niños que sufren enfermedades infecciosas como el sarampión. Y, por último, existen otras formas específicas y que, al mismo tiempo, pueden llegar a ser más graves, como lesiones, ampollas o vesículas en la piel.
3. Lo último en prevención: es muy importante tener el diagnóstico de “alérgico a” por parte de un especialista en alergología. El estudio para determinarlo es más o menos complejo o sencillo en función del momento en que se realice la consulta, el tipo de reacción y la disposición de información. Para las penicilinas disponemos de pruebas cutáneas con una buena rentabilidad diagnóstica. Sin embargo, a diferencia de las penicilinas, para muchos medicamentos las pruebas cutáneas no siempre son fiables y es preciso recurrir a una exposición controlada al mismo medicamento que supuestamente ha causado la alergia o de la misma familia, vigilando la aparición de lesiones. Es muy difícil, aunque con el uso correcto de los medicamentos se podría evitar la sensibilización a estos por un mal uso, como ciclos cortos de tratamiento o posologías mal realizadas. Pero es difícil porque, por definición, las reacciones alérgicas son imprevisibles. La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, SEIAC, ha publicado un tratado en el que se recogen las concentraciones de los fármacos que se deben emplear en caso de estudio, en busca de sensibilización. Esto se debe a que los medicamentos no se pueden emplear tal cual se encuentran preparados para su uso en la práctica diaria con finalidad diagnóstica porque, a esas concentraciones, resultan irritantes y provocan reacciones adversas. El tratamiento, que se puede realizar en atención primaria o en los servicios de urgencias, se realiza con la administración de adrenalina, antihistamínico o corticoides, en función de la gravedad. Pero la clave principal es no volver a contactar otra vez con ese medicamento.


Haciendo el diagnóstico

Existen pruebas que pueden ayudar a determinar si existe alergia y a identificar el alergeno implicado.
• Una muestra de sangre puede mostrar muchos eosinófilos, un tipo de glóbulo blanco cuyo número suele incrementarse durante las reacciones alérgicas.
• La prueba cutánea RAST (radioalergoabsorbente) mide las concentraciones en sangre de anticuerpos IgE específicos de un determinado alergeno, lo cual puede ayudar a diagnosticar una reacción alérgica en la piel, rinitis alérgica estacional o asma alérgica. Las pruebas cutáneas son más útiles para identificar alergenos concretos. Para realizar estas pruebas se inyectan individualmente en la piel de la persona diminutas cantidades de soluciones diluidas, hechas con extractos de árboles, hierbas, polen, polvo, caspa de animales, veneno de insectos y determinados alimentos, además de algunos fármacos. Si la persona es alérgica a una o más de esas sustancias, el lugar en el que se ha inyectado la solución se convierte en una roncha edematosa (una inflamación con enrojecimiento a su alrededor) en un plazo de 15 a 20 minutos. La prueba RAST puede ser utilizada en los casos en que no es posible realizar una prueba cutánea o no resultaría seguro llevarla a cabo. Ambas pruebas son altamente específicas y precisas, a pesar de que la prueba cutánea es generalmente un poco más precisa, suele ser más barata y los resultados se conocen de inmediato.


Lo último en vacunas


Con la vacuna de la alergia se inyectan diminutas cantidades del alergeno bajo la piel en dosis gradualmente mayores hasta llegar a un nivel de mantenimiento. Este tratamiento estimula al cuerpo para que produzca anticuerpos bloqueadores o neutralizantes que puedan evitar una reacción alérgica. Finalmente, el nivel de anticuerpos IgE, que reaccionan con el antígeno, también puede descender. La inmunoterapia debe ser llevada a cabo con cuidado, porque una exposición demasiado anticipada a una alta dosis de alergeno puede desencadenar otra reacción alérgica. La inmunoterapia es más frecuentemente utilizada por personas alérgicas al polen, a los ácaros del polvo de la casa, al veneno de los insectos y a la caspa animal.
Cerca del 25% de la población padece algún tipo de enfermedad alérgica, siendo frecuente la alergia a pólenes. De entre los pacientes polínicos, más de la mitad padecen alergia al polen de las gramíneas. Para estos pacientes, el único tratamiento que ha demostrado actuar sobre la causa de la patología es la inmunoterapia. Lo último en vacunas para este tipo de pacientes es la primera vacuna sublingual en liofilizado oral frente al polen de las gramíneas, ya disponible en España, y que es una nueva forma de inmunoterapia que facilita una correcta dosificación proporcionando mayor comodidad al paciente.


Antihistamínicos: el medicamento por excelencia


Muchos de los efectos desagradables pero de menor importancia que produce una reacción alérgica (picor en los ojos, goteo en la nariz y picor en la piel) están causados por la liberación de histamina. Los antihistamínicos son los fármacos más comúnmente usados para tratar las alergias (pero no se utilizan para tratar el asma). Otros efectos de la histamina, como el ahogo, la disminución de la presión arterial y la inflamación de la garganta que puede cortar el paso del aire, son más peligrosos.
La mayoría de estos medicamentos tiende a causar somnolencia. La mayoría de los antihistamínicos también tienen fuertes efectos anticolinérgicos, que pueden causar confusión, mareo, sequedad en la boca, estreñimiento, dificultades al orinar y visión borrosa, en especial en los ancianos. La somnolencia y otros efectos secundarios pueden ser minimizados comenzando con una pequeña dosis y aumentándola gradualmente hasta llegar a una dosis que consiga controlar los síntomas. En la actualidad existe un grupo de antihistamínicos no sedantes que además no causa efectos secundarios anticolinérgicos. En este grupo están el astemizol, la cetiricina, la loratadina y la terfenadina.


D. A los metales


1. El alergeno: las reacciones alérgicas más comunes son al níquel, un metal presente en cantidad de productos metálicos y otros de uso frecuente, como jabones, detergentes, guantes etc. La causa más frecuente se debe al uso de “adornos” como pulseras, pendientes, anillos, relojes, piercing etc. También pueden darse casos de alergia al níquel debida a la ingesta de este metal a través de utensilios de cocina y algunos alimentos: arenques, tomates, espárragos etc.
Otro alergeno común es el cromo, presente en metales y muy especialmente en el cemento, por lo que es una enfermedad profesional en trabajadores de la construcción. El cromo puede también estar presente en el cuero ya que se utiliza en su curtido, por ello puede aparecer en zonas donde usamos correas de relojes y muy especialmente en el calzado. Este tipo de eczema surge especialmente en las épocas de verano ya que la sudoración disuelve esta sal y la hace penetrar en la piel. Estos pacientes deben emplea un calzado especial sin cromo. Por último, el cobalto es un metal que suele estar “contaminando” los anteriores metales citados.
2. La reacción. Los eczemas de contacto son cuadros cutáneos desencadenados por distintos tipos de sustancias, que producen en la piel cuadros de enrojecimiento (eritemas), costras, picor intenso y aparición de ampollas. Se localizan primitivamente en los lugares donde se tiene un contacto con la sustancia desencadenante, aunque posteriormente puede extenderse a otras áreas No es una reacción inmediata sino que puede aparecer tras el contacto con una sustancia semanas, meses e incluso años después de su empleo (sensibilidad retardada).


El asma y su relación con la alergia

El asma es una enfermedad crónica que cursa con inflamación de los bronquios que hace que éstos se obstruyan y que sean muy sensibles a una gran variedad de estímulos del ambiente. Entre los factores que pueden desencadenar o emperorar el asma, según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), está la inhalación de sustancias alérgicas en cantidad y tiempo suficiente: pólenes, ácaros del polvo, hongos, pelos de animales (sobre todo gato y perro), el consumo frecuente de medicamentos como la aspirina y sus derivados antiinflamatorios, así como el humo del tabaco, la polución ambiental, los productos de limpieza, olores fuertes, lacas y aires acondicionados, entre otros. El asma es una enfermedad con una evolución variable, que habitualmente tiene periodos libres de síntomas, seguidos de otros de agudización de intensidad también variable. Los principales síntomas son: ahogo (disnea), que es el más frecuente, pitos (sibilantes) quizás es el más característico de la enfermedad, son sonidos provenientes del pecho, en forma de silbidos; opresión torácica, que se refiere a una tirantez en el pecho; tos persistente, muy frecuente, mas bien seca y de predominio nocturno, y secreción bronquial que es una mucosidad espesa, que cuesta expulsar.

La vía de administración de los medicamentos para el asma es la inhalada, así llegan directamente al bronquio. Existen dos grandes grupos de medicamentos para el asma: los antiinflamatorios, y los broncodilatadores. Los antiinflamatorios son los más importantes y eliminan o mitigan la inflamación de los bronquios. Los más utilizados dentro de ellos son los corticoides. En cuanto a los broncodilatadores, actúan dilatando y abriendo el bronquio. En cuanto a la prevención, resulta fundamental mantener medidas que eviten los alergenos (fundas antiácaros, reducción de la humedad, eliminación de alfombras y moquetas, evitar peluches y libros en el dormitorio, etc.).
está claro.


Anafilaxia

La anafilaxia es una reacción alérgica aguda, generalizada, potencialmente grave y en ocasiones mortal que se produce en personas que han sido previamente sensibilizadas mediante la exposición a un alergeno y que entran en contacto directo con el mismo alergeno una vez más. El shock puede estar causado por un alergeno. Los más frecuentes son los medicamentos, las picaduras de insectos, ciertos alimentos y las inyecciones de inmunoterapia alergénica. La anafilaxia no ocurre en la primera exposición a un alergeno. Por ejemplo, la primera exposición a la penicilina o la primera picadura de abeja no desencadenan la anafilaxia, pero la siguiente sí puede hacerlo. De todos modos, muchas personas no recuerdan haber tenido una primera exposición.

Una reacción anafiláctica comienza cuando el alergeno entra en el flujo sanguíneo y reacciona con un anticuerpo de clase inmunoglobulina E (IgE). Esta reacción incita a las células a liberar histamina y otras sustancias que participan en las reacciones inmunes inflamatorias. Como respuesta, las vías respiratorias de los pulmones pueden cerrarse y provocar ahogo; los vasos sanguíneos pueden dilatarse y hacer que la presión arterial descienda; las paredes de los vasos sanguíneos pueden dejar escapar líquido, provocando hinchazón y urticaria. El corazón puede funcionar mal, latir de forma irregular y bombear sangre de forma inadecuada. La persona puede entrar en estado de shock. Los síntomas comienzan inmediatamente o casi siempre en las dos horas posteriores a la exposición a la sustancia perjudicial. La persona puede sentirse inquieta, estar agitada y tener palpitaciones, hormigueo, piel enrojecida y picor, palpitaciones en los oídos, tos, estornudos, urticaria, hinchazones o una mayor dificultad para respirar debido al asma o a la obstrucción de la tráquea. El primer tratamiento para la anafilaxia es una inyección de adrenalina. Las personas alérgicas a las picaduras de insectos o a ciertos alimentos, en especial las que han tenido ya un ataque de anafilaxia, siempre deberían llevar consigo una jeringa autoinyectable de adrenalina para un tratamiento de emergencia.





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