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Algunos síntomas del cáncer en los ancianos pueden confundirse con factores propios del proceso de envejecimiento

Más de la mitad de las personas con cáncer tiene más de 70 años. No siempre se les llega a diagnosticar y mucho menos a tratar, ya que algunos síntomas asociados a esta patología pueden confundirse con otras enfermedades o con factores propios del proceso de envejecimiento. “El diagnóstico precoz de cáncer en edad avanzada se entorpece por numerosas razones. Las enfermedades concomitantes que se desarrollan a estas edades y sus síntomas variados pueden enmascarar manifestaciones tempranas de enfermedad neoplásica”, explica el doctor Jesús Mª López Arrieta, expresidente de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG).
 


Los pacientes de edad avanzada tienen unas consideraciones especiales. Sumar años puede suponer que disminuyan, de manera progresiva, la vitalidad de la persona, su visión y audición, el nivel cognitivo y funcional, la función renal y hepática; además, con frecuencia se desarrollan problemas circulatorios, respiratorios o degenerativos. Tal y como cuenta López Arrieta, “para adecuar la terapia del cáncer habrá que considerar las patologías crónicas, tan habituales a partir de los 60 años: hipertensión, cardiopatías, enfermedades reumáticas y gastrointestinales, anemia, cánceres previos, EPOC o diabetes, entre otras, y sus tratamientos”.
 
Los expertos señalan que es cierto que el tratamiento oncológico en los ancianos es especial por diversas causas: los estudios con medicamentos no se realizan en pacientes de estas edades y al diagnóstico se suman otras enfermedades crónicas, con sus respectivos tratamientos. “La oncología está muy ligada al envejecimiento”, comenta este geriatra. “Como los ancianos no entran en ensayos clínicos se sabe poco sobre cómo abordar la patología. No se cuenta con argumentos científicos para evaluar pruebas o incluir a los pacientes en programas de detección precoz. Algo injusto, ya que muchos de nuestros mayores con 79 y 83 años están psíquica y cognitivamente bien, con ganas de seguir viviendo y con planes”.
 
Ahora el escenario ha cambiado y, gracias a los nuevos fármacos menos agresivos, la tasa de supervivencia de los pacientes ancianos con cáncer ha aumentado. “Los últimos estudios han demostrado de forma clara que las personas mayores pueden tolerar la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia agresiva siempre que estén en buena forma. Prima la edad biológica, en lugar de la cronológica”, apunta el doctor.
 
Abordaje multidisciplinar
Lo que es un hecho es que tratar a un anciano supone tener en cuenta una serie de factores que el oncólogo no suele considerar. Para evitar esto, resulta esencial la colaboración entre oncólogos y geriatras, para que el abordaje del enfermo sea integral y no se trate exclusivamente la enfermedad. “Debemos fomentar la colaboración entre ambos, ya que los geriatras tenemos mucha experiencia en la selección de pacientes por sus condiciones físicas y fragilidad y además debemos ser nosotros quienes detectemos el tumor y quienes tengamos un conocimiento adecuado de qué pacientes podemos tratar”, explica López Arrieta.
 
En una sociedad cada vez más anciana, la formación de todos los especialistas en el trato de ancianos resulta fundamental. Para la SEMEG, “resulta imprescindible que el oncólogo conozca el deterioro funcional y cognitivo, así como los problemas nutricionales del enfermo, porque son factores que influyen mucho en la toma de decisiones y en la mejoría de la respuesta y la tolerancia de determinadas terapias”.
 
Edad y tipo de cancer
A partir de 60 años, el riesgo de sufrir un cáncer aumenta con la edad. Los más frecuentes son el de próstata en el varón y el de mama en la mujer, seguidos del de colon y recto y el de pulmón y vejiga, ambos relacionados con el hábito tabáquico: En cuanto a las enfermedades oncohematológicas se puede decir que son propias de los mayores. Es cuando se desarrollan el 75% de los mielomas múltiples, el 62% de las leucemias y el 60% de los linfomas de Hodgkin. La influencia de los años, en el caso de las mujeres, es más acusada en el desarrollo de linfoma no Hodgkin, tumores ginecológicos -sobre todo de ovario- riñón y tiroides. Sin embargo, otros cánceres no están tan ligados al paso de los años, como el gástrico en mujeres o el de riñón en hombres.
 
Todavía en algunos sectores profesionales y en gran parte de los familiares de los afectados hay poca información al respecto y, de manera demasiado habitual, se entiende el cáncer en la tercera edad como una enfermedad intratable y de pronóstico fatal. Los especialistas reconocen que queda mucho camino por recorrer en educación sanitaria para concienciar a la población de que no siempre es así y de que es necesario hacer pruebas de cribado en esta etapa de la vida para un diagnóstico precoz. El futuro pasa por el trabajo en común de oncólogos y geriatras.
 
“Otros impedimentos son el aislamiento del individuo en una sociedad en la que se queda solo por la pérdida del cónyuge, familiares o círculo de amigos; en la que se producen alteraciones en el rendimiento intelectual; en la que hay poca educación sanitaria y una política de salud, en esta franja de edad, que se dirige más al tratamiento que a la prevención”, concluye López Arrieta.


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