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Anorexia y bulimia. El cuerpo como pensamiento úni...

Anorexia y bulimia. El cuerpo como pensamiento único.

La denuncia interpuesta por la Comunidad de Madrid de un concurso en Internet para perder peso incitando a la anorexia, ha hecho volver la mirada de la sociedad hacia un trastorno que, desgraciadamente, todavía hoy sigue ganando para sí multitud de vidas adolescentes.

De mi infancia no tengo ningún amigo, sólo recuerdos, muchos de ellos buenos ya que conocí a mis primeros amigos y se dio ese cariño recíproco, pero también guardo, en algún rincón de mi corazón, dolor. Quizás porque ellas también eran niñas cuando yo caí en una enfermedad que no comprendían y me abandonaron, se hartaron de mí, esas fueron sus palabras y no me acompañaron  ni me apoyaron en ese terrible infierno que empecé a sufrir. Esto me hizo sentir una gran culpabilidad, me echaba la culpa y siempre he pensado que fui yo quien las perdí, esas amistades de la infancia, con las que era uña y carne, se desvanecieron. Con este primer relato biográfico abre su ronda de testimonios el libro La Cárcel del Cuerpo (Editoria Grafemal), de Ignacio Jáuregui, psicólogo experto en trastornos de la conducta alimentaria, recientemente presentado en la sede del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Sevilla.Un sugerente título en el que Jáuregui hace una radiografía completa a los trastornos de la conducta alimentaria y nos habla del infierno en el que viven  miles de chicos y chicas en el mundo.

Sólo importa el cuerpo

Según Jáuregui, el pensamiento anoréxico está encarcelado, si quitamos comida y cuerpo parece que hubiera un cerebro despoblado de ideas. Fuera de ello, todo pasa a un segundo plano. Éste es el resultado de una sociedad que ha situado el cuerpo como medida de todas las cosas, y que tiene al consumismo como un valor fundamental que desorienta a los jóvenes y acrecienta sus problemas. Según Jáuregui, esto es un agravante para los enfermos, pues en la búsqueda afanosa de identidad podemos encontrar caminos directos a la patología. Además, desde el punto de vista cultural, el modo de vida occidental parece ser el caldo de cultivo ideal para el desarrollo de estas patologías.

Factores que propician estos trastornos

Aunque según este experto, la influencia genética es necesaria en la aparición de trastornos de la conducta alimentaria (se estima que podría explicar el 60-70 % de la vulnerabilidad para padecer anorexia), no se trata de un factor indispensable. Sin embargo, la personalidad se perfila como el elemento principal en el desencadenamiento de estas patologías: en la anorexia el rasgo estrella es el perfeccionismo, la tendencia obsesiva, la inseguridad, la mala adaptación y una baja autoestima, elementos todos que aparecen casi matemáticamente en todos los cuadros de anorexia. En la bulimia es más frecuente el caos personal, la vergüenza, la desmotivación, la falta de confianza, el autodesprecio, la impulsividad, la falta de orden. Los factores estresantes también pueden desencadenarlas, aunque son más frecuentes en la bulimia: estudios en el extranjero, exámenes, matrimonio, separación, embarazos, problemas académicos o laborales, experiencias traumáticas, abusos sexuales en la infancia o maltrato, violencia escolar.

Madres-barbie y dieta

¡alerta roja!

Aunque todos estos factores estén muy relacionados en la aparición de anorexia y bulimia, según Jáuregui, el desencadenante fundamental es la DIETA, muy influenciada además por el modelo familiar (apariencia, dieta, ejercicio), y el modelo social (hacer dieta es una moda). En el modelo familiar, el papel de la madre es decisivo: según Jáuregui, a su consulta vienen madres que deberían ser tratadas como pacientes, y cuya actitud influye decisivamente en sus hijas. Son las que él llama madres-barbie: dedicadas en cuerpo y alma a cuidar su figura, y que han llegado a convertir su cuerpo en un campo de batalla, dividido en zonas a atacar: celulitis, abdominales. Estas madres están muy influenciadas por una idea consumista de la salud, es decir, son presas de la imagen que asocia salud a delgadez, y que constituye una de las mayores corrupciones de la relación terapéutica.

Cómo se manifiestan

  1. Tanto en la anorexia como en la bulimia hay una insatisfacción derivada del cuerpo.
  2. Miedo fóbico e irracional al aumento de peso, que aumenta a medida que se pierde peso. El hecho de que con la pérdida de peso no desaparezcan la distorsión y el miedo viene a perpetuar la restricción alimentaria. En la bulimia son frecuentes las maniobras purgativas siempre conducentes a perder peso (fruto del llamado trastorno por atracón).
  3. Distorsión de la imagen corporal que hace que se vea el cuerpo deformado. Según cita Jáuregui, hablamos de una alteración que no es visual, sino fruto de la representación mental del cuerpo (como si se tratara de un catalejo).
  4. Restricción y selección de alimentos: primero de carbohidratos, luego de grasas y luego proteica, aunque a menudo surgen rarezas.
  5. Obsesividad: según Jáuregui, las pacientes tratan de no sentarse a la mesa, se retrasan comiendo, evitan comer con los demás, hacen su propia comida, esconden los alimentos, retienen la comida en la boca, colocan alimentos detrás del pan o bajo la servilleta, cortan la comida en trozos muy pequeños, cambian el orden de los platos, comen de pie, no quieren mezclar jamás determinados alimentos, comen en platos pequeños.
  6. Actitudes hostiles, quejas (demasiadas calorías), pactos consigo mismas (si me tomo este plato ya no cenaré, con el primero tengo suficiente), evitación de reuniones y celebraciones, pretextos para levantarse de la mesa.
  7. Actividad excesiva, tanto deportiva como en los quehaceres diarios con connotaciones obsesivas.

¿Y en los niños qué?

Para evitar el desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria en niños, es fundamental la formación en alimentación de los padres: el niño no debe cargar de emotividad los alimentos, ni generar aversiones. Sus conductas son diferentes a las de los adultos, y la comida no es una excepción. En cuanto a la sintomatología alimentaria en los niños pasa a un segundo plano, siendo más evidente la comorbilidad (ansiedad social, depresión, depresión social). Según Jáuregui, la anorexia de inicio temprano tiene mejor pronóstico que la de inicio tardío, el tratamiento debe adecuarse a criterios de ingreso y hay que adaptar a la edad del niño las intervenciones que se realicen. En cuanto a los psicofármacos, deben limitarse y evitar los fármacos cuya eficacia no haya sido demostrada en estudios controlados con niños.

Cómo se diagnostica la enfermedad

Tal y como recoge el libro de Jáuregui, en primer lugar se hace una entrevista al paciente y una entrevista familiar. En ella se piden datos de filiación, antecedentes de enfermedades en la familia (fundamentalmente psicopatologías, obesidad o sobrepeso), y antecedentes personales del paciente. Tras ellos, hay que hacer una historia de la enfermedad: circunstancias o hechos al inicio de la enfermedad, hábitos alimenticios, presencia de atracones y conductas compensatorias (laxantes, vómitos, abuso de agua, sustancias adelgazantes, diuréticos), ejercicio e hiperactividad, consumo de sustancias, promiscuidad sexual, comportamientos autolesivos, gestos suicidas, cleptomanía, ludopatía, etc. A continuación se hace una exploración física para ver si hay alteraciones cutáneas (piel seca, presencia de lanugo, hirsutismo), frialdad, edemas, debilidad general, cefaleas, alteraciones en los dientes, hipertrofia de glándulas salivares, estreñimiento, amenorrea u otras alteraciones menstruales. La exploración de la frecuencia cardíaca y de la tensión arterial es fundamental. Para valorar el estado de desnutrición, es fundamental calcular el Indice de Masa Corporal (IMC), que es el resultado de dividir el peso por la talla en metros elevada al cuadrado, siendo entre 20 y 25 es una situación normal. En niños se utilizan tablas de evolución ponderal y estatural en función de la edad. A continuación se hace un hemograma y una bioquímica sanguínea (atención al perfil anémico con estudio de hemoglobina, ácido fólico, vitamina B12, hierro sérico y ferritina), sin olvidar el estudio de hormonas tiroideas y electrolitos (en ocasiones también hay que estudiar las hormonas sexuales).

Las pruebas más solicitadas son: electrocardiograma, radiología (especialmente de tórax), ecocardiograma, ecografía abdominal y endoscopia digestiva.

En cuanto a la exploración psicopatológica, hay que ver si existe adaptación social en general, estudiar las relaciones familiares, la adaptación laboral o escolar y las posibles problemáticas de pareja. Por último, también son frecuentes los cuestionarios para extraer datos de percepción sobre distintos temas: percepción de la imagen corporal, hábitos alimentarios y pensamientos relacionados.

Cómo ayudarles

La educación, la familia, el trabajo, los recursos para la autosuficiencia, el fomento de la  autoestima, hacer deporte, el fomento del grupo de amigos como elemento protector y la buena relación con los padres, son fundamentales a la hora de conseguir la curación. Asimismo conviene fomentar desde niños la capacidad crítica frente a la publicidad y reforzar la personalidad evitando hacerla influenciable.

Según este experto, la ausencia de normas hace que el tratamiento se torne en algo terrible, ya que la costumbre de hacer lo que uno quiere y la ausencia de disciplina en casa constituyen un freno a la curación. Pero al mismo tiempo, hablar del problema e insistir en los mismos puntos una y otra vez puede llevar a un reforzamiento de conductas y comportamientos patológicos, que pueden jugar un papel de mantenimiento de la enfermedad. Resulta más útil informar sobre los problemas que en la salud pueden ocasionar los desajustes alimentarios (saltarse las comidas, dejar de lado alimentos necesarios) o la ingesta de alcohol, que las eternas discusiones en la mesa. Por lo tanto, no hay que hablar de la enfermedad ni de la comida y sí hay que sentarse bien, usar bien los cubiertos, poner los platos en orden, potenciar el positivismo, no distraerse, evitar hablar de cosas estresantes, evitar los silencios y monólogos, acompasar la ingesta de pan y bebida con el resto de alimentos, no esconder ni tirar comida, limpiar y trocear los alimentos sin desmenuzarlos, evitar escurrir los alimentos y limpiar los cubiertos con la servilleta. Por último, hay que procurar un ambiente tranquilo, sin ruidos, sin situaciones estresantes y  sin interrupciones.

Tratamientos: dónde y cómo

Los trastornos de la conducta alimentaria requieren un tratamiento interdisciplinario y estos equipos no los hay en cualquier consulta o centro sanitario. En cualquier caso, el tratamiento puede llevarse de forma ambulatoria (consulta) más o menos intensiva (en cuadros iniciales con leve o moderada sintomatología), en régimen de hospitalización parcial o unidad de día, en situación de ingreso domiciliario (ocasionalmente), y finalmente, mediante hospitalización. Si existe muy baja motivación hacia el cumplimiento terapéutico no debe hacerse un tratamiento ambulatorio. Tampoco en situaciones de muy bajo peso, en caso de que hayan fracasado tratamientos ambulatorios previos o si existen conflictos familiares, falta de apoyo familiar o situaciones físicas o mentales que justifiquen un ingreso (pérdidas de peso graves, complicaciones físicas o psíquicas, graves crisis familiares y mala respuesta al tratamiento ambulatorio/unidad de día). En el caso de la bulimia, se debe hospitalizar si el trastorno es de tal gravedad que el tratamiento ambulatorio resultara insuficiente (generalmente por la asociación a trastornos de la personalidad), si se asocia alguna dependencia a fármacos, alcohol u otros tóxicos, o si hay dificultad extrema para romper el círculo atracón /vómitos y tras fracasos repetidos del tratamiento ambulatorio.

Según Jáuregui, en los últimos años se ha completado el tratamiento ambulatorio con la asistencia temporal a un comedor terapéutico en el hospital. La idea es que los pacientes aprendan a comer para lo cual se lleva a cabo una de las comidas principales del día con la presencia de un terapeuta y más tarde con la asistencia de la familia para que vea cómo se ha de desarrollar el trabajo en casa.

Terapia Familiar y Grupos de Autoayuda

Una ayuda inestimable

Las intervenciones familiares de tipo psicoeducativo tienen como objetivo reducir el impacto del estrés generado por el cuidado de los pacientes y facilitar un mejor funcionamiento social. Mejorar el funcionamiento familiar y reducir la sobrecarga son los dos objetivos de estas terapias, mejoran el conocimiento de la enfermedad y su tratamiento. En cuanto a los grupos de autoayuda, éstos permiten una puesta en común de problemas similares y sirven de complemento a la atención profesional.

Hombre-mujer

Las diferencias

  • Las mujeres tienen más riesgo (90-95 de cada 100 enfermos son mujeres), y los adolescentes y adultos jóvenes son los más afectados (entre los 14-25 años).
  • Los varones les preocupa más la parte superior del cuerpo, y más la forma que el peso.
  • Principal motivo en la mujer: deseo de adelgazamiento junto con los intentos de de mejorar la autoestima (desinterés por su sexualidad).
  • Principal motivo en el hombre: el logro de mejores resultados deportivos, la evitación de burlas sobre gordura y obesidad, prevención de enfermedades y la mejora de la imagen en relación con conductas homosexuales y metrosexuales.
  • En el trastorno por atracón, el 50% son varones.
  • En los prepuberales, también cambia la proporción, casi un tercio son varones.
  • Con menos de 10 y más de 40 años los casos son muy raros.
  • El inicio de bulimia es más tardío (entre 18 y 21 años)
  • Aunque tradicionalmente eran las clases más favorecidas las más afectadas, ahora se está extendiendo a todas las capas de población
  • Los trastornos atípicos o no especificados son más frecuentes que la anorexia y la bulimia.
  • Población de riesgo: 15-20% entre mujeres adolescentes y 3-4% en varones adolescentes.
  • También las adolescentes académicamente más brillantes, en función de determinadas características de la personalidad.

Los fármacos más utilizados, según Jáuregui, son los psicofármacos (fundamentalmente ansiolíticos y antidepresivos). Son medicamentos sintomáticos, es decir, no actúan directamente sobre la causa de los trastornos (aunque pueden modificar anomalías en los hábitos alimentarios), de ahí la necesidad de usarlos mientras la enfermedad esté activa. Algunos fármacos, como las benzodiazepinas, sí pueden causar dependencia en circunstancias poco frecuentes y en tratamientos prolongados. En todo caso, el cumplimiento terapéutico y el uso siempre bajo control del especialista son las claves del buen uso de estos medicamentos.



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