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Anorexia y bulimia: guerra declarada a la comida.

Anorexia y bulimia: guerra declarada a la comida.

El culto a la delgadez ha hecho de los trastornos en la conducta alimentaria la tercera causa de ingreso psiquiátrico. Según el Ministerio de Sanidad, un 8 % de la población española mantiene conductas de riesgo que podrían desembocar en un cuadro de anorexia o bulimia

La ley de la relatividad tiene a su mejor exponente en la belleza y sus cánones. Qué hubieran dicho de las modelos escuálidas de hoy en día los mortales que vivieron en la época de Rubens. La belleza siempre ha tenido sus referencias, y en pro de ella se han hecho barbaridades a lo largo de todos los tiempos. En el siglo XXI, la barbaridad contemporánea ha hecho de sus legiones de adolescentes bulímicas y anoréxicas, las víctimas que más caro lo están pagando. Actualmente, por responder a esos cánones de belleza femenina, cifrados en el clásico 60-90-60 a lo largo de una altura mínima de 1,80, miles de chicas engrosan la terrible cifra de bulímicas y anoréxicas en nuestro país.

La delgadez,
un valor en alza

La sociedad en la que vivimos asocia la belleza a la delgadez casi extrema, y el éxito con el hecho de tener un físico atractivo. Teniendo en cuenta esta realidad en alza, son muchas las personas que inician planes de adelgazamiento que pueden conducirles, más a menudo de lo que se piensa, al mismo borde de la locura. La obra Nutrición y Metabolismo en Trastornos de la Conducta Alimentaria, dirigida por el médico nutricionista Alberto Miján de la Torre, con la colaboración de setenta especialistas de toda España, recoge algunas de las claves de la anorexia y la bulimia nerviosa, trastornos que han multiplicado considerablemente su incidencia en los últimos años, hasta convertirse en la tercera causa de los ingresos psiquiátricos justo detrás de los trastornos psicoorgánicos y las esquizofrenias.

No comer,
perjudicial para cuerpo y mente

En esta obra, el doctor Miján de la Torre y sus colaboradores hacen especial hincapié en la relación que existe entre la malnutrición y las alteraciones psicológicas que afloran entre quienes los padecen: síntomas depresivos, síntomas obsesivo-compulsivos, hiperactividad, conducta antisocial, trastornos de la conducta alimentaria y síndromes cerebrales orgánicos. El tratamiento de las alteraciones psicopatológicas pasaría por corregir, en primer lugar, la malnutrición o los estados carenciales.

La sociedad moderna como matriz

El doctor Ignacio Jáuregui Lobera, jefe del Servicio de Psiquiatría y experto en trastornos de la conducta alimentaria del Hospital Virgil de Quiñones de Sevilla, es uno de los más acérrimos defensores de la teoría de que los hábitos sociales contemporáneos tienen mucho que decir de cara al notable aumento en el número de casos de los últimos años. En este sentido, Jáuregui destaca la incorporación de la mujer al trabajo y el consiguiente abandono de ciertas atenciones sobre los niños, así como la pérdida de hábitos tradicionales en la mesa como el comer en familia, algo que propicia que los más pequeños de la casa adquieran, en solitario y sin la vigilancia de los mayores, determinados hábitos perjudiciales que pueden desembocar en algo más grave.

Para el doctor Jáuregui, la mejor muestra de que éstas son enfermedades propias de los países desarrollados es que no tienen prácticamente incidencia alguna en aquellas zonas y culturas subdesarrolladas, en las que aún perviven hábitos y formas de vida tradicionales, y en las que la comida es valorada como un auténtico tesoro.

Los expertos abogan por un tratamiento multidisciplinar que reemplace definitivamente al tratamiento exclusivamente psiquiátrico que se ha aplicado hasta el momento

Anorexia:
El no a la comida

Los enfermos de anorexia tratan de conseguir su objetivo mediante la ingesta de una comida muy escasa en cantidad y poco variada en nutrientes, la práctica de ejercicio físico frecuente o el consumo de pastillas y tratamientos diversos para saciar el apetito de manera artificial. No obstante, estas actitudes no tienen por qué estar asociadas necesariamente a un cuadro de anorexia nerviosa. Así, muchas personas adquieren comportamientos similares durante un tiempo determinado (en las habituales dietas) sin llegar por ello a desarrollar la enfermedad. Sin embargo, el hecho de hacer dieta y privarse de comer para adelgazar, así como vomitar esporádicamente y hacer ejercicio continuado con el único propósito de perder kilos, pueden ser factores potenciales para su desarrollo. Actualmente, y según datos del Ministerio de Sanidad, el 8% de la población presenta como hábito alguna de estas conductas de riesgo, lo que convierte a estas personas en perfectos candidatos a desarrollar alguna de estas enfermedades.

Bulimia: el vómito como solución

Por el contrario de lo que ocurre en la anorexia nerviosa, la bulimia se caracteriza por un deseo impulsivo de comer, independientemente de la sensación de hambre o apetito. Las personas que padecen esta enfermedad sienten una fuerte necesidad de ingerir grandes cantidades de comida que, posteriormente, acaban vomitando ante el miedo a engordar. Precisamente, el miedo es el principal vínculo que tienen las dos enfermedades (anorexia y bulimia), aunque se manifiesta de manera muy distinta en ambos casos. En la bulimia no hay deseo de adelgazar, pero existe el miedo a engordar, por lo que estas personas ven  en el vómito su mejor aliado, ya que esta práctica no les priva de comer todo cuanto quieran y, en cambio, no necesitan hacer ejercicio ni dietas para mantener el físico que desean, puesto que su cuerpo no llega a absorber las grasas que ingieren.

Las dos caras de una misma enfermedad

Los expertos en trastornos de la conducta alimentaria distinguen dos perfiles claramente diferenciados entre quienes padecen alguna de estas enfermedades. Estas son sus principales características:

  • Perfil 1: personas perfeccionistas, rígidas, obsesivas, meticulosas, introvertidas, competitivas, eficaces en sus estudios o en el trabajo y que, aparentemente, parecen no tener problemas. Suelen verse gordas en cada momento y quieren adelgazar. Este tipo de personas tienen predisposición a padecer la denominada anorexia nerviosa restrictiva, caracterizada porque quienes la sufren suelen buscar la delgadez mediante una estricta dieta y un ejercicio físico continuo y extremado. En este caso, la enfermedad puede venir favorecida por factores genéticos y biológicos, así como por antecedentes en la familia de algún trastorno de la conducta alimentaria, por lo que, tal y como confirman recientes investigaciones, existen personas predispuestas genéticamente a desarrollar esta enfermedad.

 

  • Perfil 2
    : esta personalidad es absolutamente opuesta a la del caso anterior. Se trata de personas impulsivas, desequilibradas en su vida, desordenadas y problemáticas en general. Estas personas no buscan obsesivamente la delgadez, aunque sí temen engordar. En este tipo de personas suele ser más frecuente la bulimia.

El orgullo de no comer y la vergüenza de vomitar

Según el doctor Jáuregui, si hay algo que caracteriza a las personas que padecen anorexia nerviosa es el orgullo con el que viven su enfermedad. Se consideran superiores porque son capaces de ejercer el control de su cuerpo y se sienten fuertes frente a esas personas que no pueden controlarse ante la comida. Este hecho lleva a las anoréxicas a creer que no están enfermas y, en consecuencia, a no ir al médico para iniciar su tratamiento. La familia juega aquí un papel fundamental para descubrir este grave trastorno y obligar a la persona enferma a acudir cuanto antes a un especialista.

Por el contrario, las personas que padecen bulimia suelen avergonzarse de lo que hacen, de tener que esconderse para vomitar todo cuanto han comido. Su impulso llega ser tan fuerte que incluso delante de sus amigos o familiares desatan sus fuertes ansias de comer y devorar todo cuanto puedan, para después vomitarlo a escondidas. Al contrario que las anoréxicas, estas personas son conscientes de su  enfermedad y suelen iniciar el tratamiento por voluntad propia.

Cómo reconocer la enfermedad

Existen una serie de conductas y hábitos muy comunes entre las personas que padecen algún trastorno de la conducta alimentaria. Reconocerlos e identificarlos es un paso importante para poder tratar a tiempo estas enfermedades. El siguiente listado recoge algunos de los hábitos más comunes que presentan las personas afectadas, aunque no por presentar alguno de ellos debemos considerar que nos encontramos ante un claro caso de anorexia o bulimia nerviosa. No obstante, debemos ponernos en alerta cuando reconozcamos en una persona varios de ellos.

1.       Síntomas físicos

  • Pérdida de peso que puede superar el 25%.
  • Ojos hundidos, huesos salientes y aspecto envejecido.
  • Desaparición de la menstruación.
  • Bradicardia (ritmo cardíaco excesivamente lento).
  • Estreñimiento.
  • Estado de desnutrición extrema.
  • Piel descamada y sucia.
  • Hipotensión o tensión arterial baja.
  • Trastornos del sueño (insomnio y despertar precoz).

2.       Síntomas psicológicos:

  • Alteración en la percepción de la imagen corporal.
  • Hiperactividad.
  • Dieta excesivamente rigurosa.
  • Masticar una y otra vez antes de tragar.
  • Uso de laxantes y diuréticos.
  • Búsqueda del sentido de identidad.
  • Temor a perder el control no sólo en la comida sino también en otras situaciones.
  • Interpretación rígida de las relaciones humanas.
  • Capacidad deficiente para el pensamiento abstracto.
  • Ánimo triste.

 

Niños y hombres, las nuevas víctimas

Los jóvenes y las mujeres constituyen el sector de población más vulnerable a desarrollar anorexia nerviosa o bulimia: de cada 100 casos de anorexia y bulimia, 90 se dan en mujeres, y en lo que respecta a la edad, las franjas comprendidas entre los 12-13 años y los 24-25 son las que concentran más casos. Aunque ésta viene siendo la tendencia habitual en los últimos años, recientemente se ha venido  experimentando un cambio, de manera que los últimos estudios amplían cada vez más el círculo de población afectada por estas dos enfermedades, sin distinción de edad ni sexo. Así, los niños y la población masculina han sido los grupos de población que mayor crecimiento han experimentado en el número de casos en los últimos años.

La familia, el mejor tratamiento

El doctor Jáuregui Lobera hace especial hincapié en la necesidad de que la sanidad pública comience a adaptarse a las necesidades que exige el tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria, y que en la actualidad se contemplan como cualquier otra enfermedad dentro del área de salud mental. Este hecho dificulta aún más la ya de por sí lenta recuperación de las pacientes que, según el doctor Jáuregui, requieren de una atención más exhaustiva que contemple una hospitalización domiciliaria, una hospitalización parcial en centros de día, o bien un ingreso a tiempo completo en un centro preparado para ello según el grado de la enfermedad. Es fundamental, por otra parte, que el control de la paciente esté dirigido en todo momento por un equipo interdisciplinar compuesto por un psiquiatra, un psicólogo, un médico interno, un endocrino y personal de enfermería.

Sólo de esta forma se pueden garantizar ciertos resultados, aunque si hay algo verdaderamente fundamental es la colaboración de la familia, que jugará siempre un papel determinante durante el tratamiento, por lo que también deben obtener una formación especializada que les permita actuar correctamente en todo momento.

Prevenir es cosa de todos

Tal y como apunta Jáuregui, todos tenemos nuestra porción de responsabilidad en la lucha contra estas enfermedades. Así, la mejor de las armas es la prevención. El siguiente catálogo de pautas a seguir está diseñado por todos y para todos, con la importante finalidad de localizar a tiempo el problema, para así poder actuar cabal y rápidamente desde el propio entorno familiar:

  1. Hay que enseñar a los niños y jóvenes, tanto desde la familia y como desde los centros escolares, a llevar una vida saludable, inculcándole conocimientos y hábitos de alimentación sana y de actividad física adecuada.
  2. Hay que fomentar la autoestima y la aceptación de sí mismos tal y como son, sin ningún tipo de complejo. Hacer lo posible por detectar las épocas de crisis en sus vidas (situaciones de aislamiento, soledad, estrés escolar o profesional, etc.), en las que frecuentemente se inician estos trastornos, para proporcionarles apoyo y ayuda.
  3. Conviene vigilar especialmente a la denominada “población de alto riesgo”: bailarinas, gimnastas, atletas, deportistas, modelos profesionales… En estos grupos la dieta y el control del peso tienen gran importancia, y ello podría llevarles a situaciones patológicas.
  4. Es fundamental contrarrestar la presión de los medios de comunicación social (prensa, radio, televisión…) en torno a las dietas, al adelgazamiento y a los cuerpos perfectos, insistiendo entre la gente joven en que los valores fundamentales y los de las personas con que se relacionan radican en sus cualidades, valores y comportamientos, más que en su aspecto físico.
  5. Es muy conveniente realizar las comidas en familia, a ser posible nunca en solitario.
  6. Si una persona joven o adolescente precisa perder peso por razones de salud, debe hacerlo siempre bajo un estricto control médico.
  7. Si una persona joven o adolescente manifiesta su deseo de perder peso innecesariamente o comienza a reducir su alimentación, se le debe vigilar estrechamente, y ante la más mínima sospecha de pérdida excesiva de peso o reducción anómala de su alimentación, se le debe llevar al médico especialista de inmediato.
  8. Son signos de alarma, además de los citados anteriormente, rehuir comer en familia, comer en exceso a escondidas, ir al cuarto de baño inmediatamente tras las comidas y el uso de laxantes.


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