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Antibióticos: la guerra biológica

Antibióticos: la guerra biológica

Antibióticos: la guerra biológica

Nos encontramos frente a una guerra biológica en la que las bacterias se han hecho resistentes a los antibióticos

Según los expertos, para acabar con el fenómeno de las resistencias bacterianas asociado a un consumo indebido de antibióticos, los ciudadanos deben cambiar la cultura de la abundancia, y los profesionales, el chip para entender que los antibióticos no son inocuos y se están agotando.

Los antibióticos son un recurso sumamente valioso y por ello, todos los días 18 de noviembre se celebra el Día Europeo para el Uso Prudente de Antibióticos. Pero lo que en un principio supuso una revolución, hoy se tambalea por el uso inadecuado que estamos haciendo de estos medicamentos. Y es que, desde los años 90 hasta hoy, la situación internacional ha dado un giro de 180 grados, debido a las resistencias antimicrobianas desarrolladas por las bacterias, en respuesta al consumo “extraordinario e injustificable” de estos fármacos. Es lo que se podría llamar una “guerra biológica” en la que las bacterias se han hecho resistentes a los antibióticos de forma más rápida, adelantándose al desarrollo de nuevos antibióticos por el ser humano. “Hemos abusado de los antibióticos y minusvalorado a las bacterias, que han desarrollado mecanismos de resistencia muy eficaces”, explicaba el doctor José Miguel Cisneros, director de la Unidad de Gestión Clínica de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla y también presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), durante su participación a principios de año en la jornada Pasado, presente y futuro de los antibióticos, un proyecto de Reig Jofre y la Fundación Isabel Gemio.

Una vuelta a la época pre-antibiótica

La frecuencia de resistencias microbianas no deja de crecer, lo que constituye un serio problema de salud pública, según el doctor Cisneros. A este contexto se suma, además, el significativo aumento de la edad de la población, por lo que la incidencia de enfermedades es mayor. Hasta tal punto esto es así que se prevé que en el año 2050 las muertes por bacterias resistentes a estos medicamentos “salvadores” superarán a las producidas por el cáncer y se convertirán en la primera causa de muerte por enfermedad en el mundo. “Una realidad que ni siquiera podíamos imaginar en los años 90, donde se auguraba el final de las infecciones por bacterias por la capacidad formidable de desarrollo de nuevos antibióticos”, señala el doctor Cisneros. “Las resistencias a los antibióticos crecen sin cesar y se extienden con la globalización. Las estimaciones prevén millones de muertes y una vuelta a la época pre-antibiótica”, añade. Lo positivo, indica el doctor Cisneros, es que el impacto ecológico de los antibióticos es reversible. “Si baja la presión antibiótica, bajan también las resistencias bacterianas, pero para ello los ciudadanos deben cambiar la cultura de la abundancia, y los profesionales, el chip para entender que los antibióticos no son inocuos y se están agotando. “No tiene justificación que en España el consumo de amoxicilina clavulánico, el antibiótico con mayor impacto ecológico, sea 100 veces mayor que en Alemania”, afirma.

España está a la cabeza del mundo en consumo de antibióticos y a la cabeza de Europa en incidencia por bacterias multirresistentes.

Una situación reversible

La resistencia a los antibióticos se acelera con el uso indebido y abusivo de estos fármacos y con las deficiencias en la prevención y el control de las infecciones. Una de las medidas para combatir este fenómeno de las resistencias es no dispensar antibióticos en las oficinas de farmacia sin receta médica, una norma establecida dentro de una política internacional, que promueve acciones coordinadas para evitar la propagación de estas bacterias multirresistentes. Entre estas medidas están:

·         Respetar siempre la prescripción facultativa de forma que en ningún caso se puedan conseguir los antibióticos sin receta médica.
Evitar el incumplimiento de los tratamientos y la automedicación por parte de los pacientes. No utilizar los antibióticos que le hayan sobrado a otros.

·         Es importante incidir en la necesidad de financiación y formación de médicos prescriptores a través de programas de optimización de antibióticos, donde trabajan microbiólogos, infectólogos, intensivistas, preventivistas y médicos de Atención Primaria.  Es importante que la industria farmacéutica recupere la investigación de nuevos antibióticos, y que la UE financie la investigación mixta público-privada para desarrollar fármacos estratégicos como antibióticos activos frente a bacterias multirresistentes con proyectos como la Innovative Medicines Initiative (IMI).

·         También a nivel mundial han de mejorarse las condiciones higiénico-sanitarias para evitar la transmisión de microorganismos resistentes, tomando como modelo las cinco claves para la inocuidad de los alimentos de la OMS (mantener la limpieza; separar alimentos crudos y cocinados; cocinar completamente; mantener los alimentos a temperaturas seguras; y usar agua y materias primas inocuas), así como elegir alimentos para cuya producción no se hayan utilizado antibióticos con el fin de estimular el crecimiento ni de prevenir enfermedades en animales sanos. Además, hay que seguir trabajando para que España deje de estar a la cabeza del mundo en el consumo de antibióticos en animales que provoca que se introduzcan en la cadena alimentaria.

·         Asegurar la salud a través de la vacunación también es una inversión a la hora de prevenir enfermedades infecciosas y resistencias bacterianas. Así lo ha expuesto el doctor Cisneros en el I Foro de Salud Pública y Vacunas celebrado en Segovia por la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) y la Asociación Española de Vacunología (AEV), con la colaboración de Sanofi Pasteur.





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