Anuncios.

Esto
de la publicidad es más complicado de lo que parece. Confieso que hay anuncios
que me cuesta descifrar y, en ocasiones, no sé lo que tratan de vender. Sin ir
más lejos, las últimas campañas de la popular coca-cola ?por cierto, un
refresco inventado por un farmacéutico norteamericano, allá por el siglo XIX-
no termino de traducirlas adecuadamente. Sigo siendo asiduo consumidor porque
me gusta, pero no termina de convencerme ese hombre  que se deja atropellar, mientras entona una melodía lamentable.

En
las boticas también podemos encontrar verdaderas joyas creativas que ponen a
nuestra disposición distintos medicamentos que, en alguna circunstancia,
necesita la población sana. Suelen llevarse la palma todo el año los productos
destinados al aparato digestivo y luego, con carácter estacional, los
bucofaríngeos y antigripales, los polivitamínicos o los sedantes suaves.

Muchas
veces nos preguntan en el mostrador ¿Qué tal es eso que anunciáis en el
escaparate? Muchas veces, casi las mismas, tenemos que salir al exterior para
conocer lo que promocionamos.

Uno
es de naturaleza prudente y eso es algo que no se lleva en materia
publicitaria. En estos últimos meses, algunas farmacias y también la
televisión, anuncian un buen fármaco para combatir los gases con una muy poco
discreta pelota roja de plástico que hace el papel del  meteorismo que se quiere combatir. El asunto
es ingenioso e incluso llamativo, pero los niños de mi barrio entran en la
farmacia sin precaución alguna y dispuestos a sortear todo un laberinto de
carteles, folletos y estanterías para acceder a la cristalera y hacerse con la
preciada tentación.

El
otro día, sin ir más lejos, Arturo y su primo Alex ?ambos en torno a los dos
años de edad- se batieron con bravura por hacerse con el dominio de la citada
pelota que corrió serio peligro de estallar ante la presión de los dos
combatientes

Con
independencia de los riesgos que puedan correr las criaturas, los potitos o los
geles de baño que tenemos en exposición, me pregunto que aromas nos habrían
inundado si, finalmente, la pelota hubiera explotado. Recuerden lo que
representa.


que esto resulta algo más que ligeramente escatológico, pero son los riesgos de
poner simbólicas bombas fétidas como reclamo para quienes padecen flatulencia.



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