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Asma bronquial. atención a los avisos.

Asma bronquial. atención a los avisos.

Aunque se trata de una dolencia crónica, el uso
adecuado de los fármacos e inhaladores y la adopción de determinados hábitos facilitan
que se pueda llevar una vida prácticamente normal

En España, un 5% de adultos
y un 10% de niños padecen asma, una patología que, debido a su estrecha
relación con la alergia, empeora con la llegada de la primavera. Esta patología
crónica se caracteriza por episodios transitorios (y, por tanto, reversibles)
de estrechamiento de las vías aéreas, es decir, del complicado sistema de
conductos ramificados que van desde la nariz y la boca hasta los alvéolos. Este estrechamiento obstruye el paso normal del aire produciéndose
entonces una dificultad respiratoria (fatiga o sensación de ahogo), generalmente
acompañada de tos y ruidos en el pecho (sibilancias).
Cada uno de estos episodios constituye lo que se conoce como crisis asmática.
Es precisamente su reversibilidad lo que diferencia al asma de otras
enfermedades de las vías respiratorias: en el tiempo que transcurre entre una
crisis y otra, el asmático suele encontrarse completamente bien sin padecer
ningún tipo de molestia respiratoria.

Independientemente de los
factores que la desencadenen, el asma se caracteriza por cuatro alteraciones
fundamentales: una obstrucción broquial reversible,
una hiperreactividad bronquial, una inflamación
persistente de las vías aéreas y un remodelado de las mismas.

El que avisa no es traidor

Se dice que “el asma
avisa”, y es verdad: lo más frecuente es que se experimente una lenta
progresión  de la sintomatología que
anticipa la proximidad de una crisis. Estos síntomas son:

  1. Disnea: una sensación de ahogo y de falta de aire.
  2. Sibilancias
    o pitidos: más que un síntoma, es un signo muy
    característico del asma.
  3. Tos: puede ser el único síntoma, y suele producirse
    después de hacer ejercicio, un ataque de risa o bien de forma espontánea.
  4. Opresión
    torácica:
    es la sensación de
    tirantez o de presión en el tórax.

Todos ellos se presentan de
forma muy variable: pueden ser más o menos intensos y tener distinta duración o
aparecer cada poco o mucho tiempo (sólo por la noche o después de un
ejercicio). Tampoco aparecen todos a la vez; se puede tener únicamente alguno
de ellos. Lo que sí está comprobado es que muchas de las manifestaciones del
asma empeoran por la noche o de madrugada, ya que a estas horas, los bronquios
se estrechan un poco y en las personas que tienen asma lo hacen algo más.

Asma y alergia:

un
binomio molesto

El asma bronquial y la
alergia suelen ir de la mano, sobre todo con la llegada de la primavera. Y es
que la alergia es la causa de la mayoría de los casos de asma y se considera
uno de los factores más importantes en el desencadenamiento de las crisis. De
hecho, más de tres cuartas partes de las personas asmáticas padecen algún tipo
de sensibilización alérgica. “Esto es especialmente frecuente en el caso
de los niños y jóvenes. Se estima que aproximadamente el 80 por ciento de los
casos de asma infantil y juvenil tienen una etiología alérgica”, explica
el doctor Javier Subiza, coordinador del
Comité de Aerobiología de la Sociedad Española de
Alergología e Inmunología Clínica.

Los desencadenantes de este
cuadro son los alergenos, las sustancias que provocan reacciones de tipo
alérgico asociadas a las crisis de asma. Los alergenos inhalatorios
más comunes se encuentran en el polvo doméstico (especialmente los ácaros), en
los granos del polen de los árboles, hierbas y plantas; en los mohos u hongos
de la humedad; en los animales domésticos y en el ambiente laboral. Se sabe que
nuestro organismo produce defensas (anticuerpos) contra virus y bacterias, pero
está demostrado que las personas alérgicas producen una cantidad excesiva de un
tipo particular de anticuerpo dirigido contra el alergeno: la inmunoglobulina  E (IgE), el cual,
cuando se encuentra con el alergeno, se une a él, desencadenando una reacción
alérgica. Si este encuentro se produce en la mucosa bronquial se propicia la
crisis asmática.

Medidas anti-alergia

Frente a la acción de los
alergenos, lo único que se puede hacer es aplicar medidas de “desalergenización”, encaminadas a eliminar del
ambiente aquellas sustancias que desencadenan las crisis. Así, para combatir
los ácaros del polvo se recomienda la limpieza frecuente de la casa, prescindir
de alfombras, moquetas y cortinas y evitar el exceso de objetos decorativos. El
colchón (escondite predilecto de los ácaros) debe ser de goma espuma y la ropa
de la cama de tejidos sintéticos.

En cuanto a los animales
domésticos, los residuos procedentes de estos (pelos, escamas, plumas, heces)
son una fuente importante de alergenos, de ahí que si se diagnostica el asma,
el animal deba ser alejado completamente del entorno del paciente.

El polen de las plantas es
un contaminante ambiental muy difícil de eliminar, así que lo único que se
puede hacer es reducir en lo posible la exposicón
al  mismo 
durante la época de polinización (evitar pasear por el campo, mantener
cerradas puertas y ventanas, pasar las vacaciones en una zona costera…).

Los hongos también son
contaminantes difíciles de erradicar. Son muy abundantes en las épocas húmedas
y relativamente cálidas. En el domicilio se pueden combatir eliminando las
humedades por filtraciones en baños, tuberías y desagües.

Situaciones peligrosas?

Otros desencadenantes del
asma lo constituyen aquellas sustancias y situaciones que pueden estar
presentes en el medio ambiente y que son las responsables del estrechamiento de
los bronquios en las personas con asma. Además de los alergenos, los
principales son:

  • Infecciones
    víricas
    :
    las infecciones
    respiratorias, especialmente las causadas por virus (catarros, gripes),
    son desencadenantes de crisis asmáticas muy importantes. La prevención de
    las mismas (vacunarse contra la gripe) y su tratamiento precoz es algo muy
    importante para el asmático.

  • Ejercicio
    físico:

    la mayoría de los
    asmáticos desarrollan síntomas cuando practican ejercicio físico intenso,
    siendo éste en muchos casos el factor desencadenante único o principal.
    Pero, contrariamente a lo que se cree, el asmático sí puede realizar
    actividades deportivas siempre que el ejercicio sea regular, progresivo y
    adecuado a su edad. En algunos casos se recomienda recurrir al inhalador
    antes de realizar un esfuerzo físico extenuante.

  • El
    ácido acetilsalicílico y otros antiinflamatorios


    : en una cantidad significativa de asmáticos, la
    ingesta de ácido acetilsalicílico o medicamentos antiinflamatorios
    pueden desencadenar crisis potencialmente graves. La solución es tan
    sencilla como sustituir estos fármacos por otros como el paracetamol.

  • Polución
    ambiental:

    según datos de la
    Iniciativa Mundial para el Asma (GINA), la urbanización y la contaminación
    son dos factores directamente relacionados con el aumento de los casos de
    asma a nivel mundial. Y es que una gran cantidad de sustancias químicas
    presentes en el ambiente pueden desencadenar o agravar el ataque de asma.
    Los culpables: las industrias, los vehículos de motor, los gases
    producidos en la combustión incompleta que se produce en las cocinas y
    calefacciones defectuosas, los productos de limpieza, etc. Según Subiza, un
    factor que también se está valorando con respecto al incremento sobre todo
    de las alergias a los pólenes es la contaminación
    por los motores Diesel.
    “El uso de coches que llevan estos
    motores cada vez es más alto, y se ha podido comprobar que estas  partículas incrementan hasta 27 veces la
    capacidad de un polen de producir alergia. Además, estas particulas actúan tanto a nivel del propio polen,
    haciéndolo más alergénico, como a nivel de la
    mucosa respiratoria de los ciudadanos, provocando que esté inflamada y
    tenga una mayor capacidad para sensibilizarse a estos alegenos
    polínicos.

  • Tabaco

    : numerosos estudios han vinculado el humo del
    tabaco con las crisis asmáticas. Uno de ellos, llevado a cabo por un
    equipo del Instituto Finlandés de Salud Ocupacional, ha confirmado que el
    tabaco no sólo agrava el asma sino que puede ser causa directa de la
    enfermedad. De hecho, los fumadores tienen un 33 por ciento más
    posibilidades de padecer esta patologías y en las
    mujeres esta situación es más grave: en ellas, el riesgo de desarrollar
    asma aumenta entre un 138 y un 143 por ciento. Es más: ni los fumadores
    pasivos ni los niños que conviven con fumadores se libran de esta
    predisposición al asma. La solución, como en tantas otras circunstancias,
    pasa por abandonar el hábito tabáquico.

  • Productos
    de limpieza


    : la
    exposición a sustancias que se inhalan durante el trabajo o la realización
    de las tareas dométicas también se relaciona con
    la aparición del asma. Tal y como demostró una investigacion
    realizada en la Unidad de Investigación Respiratoria del Instituto
    Municipal de Investigación Médica (IMIM), de Barcelona, la exposición a
    ciertas sustancias de los productos de limpieza, el polvo y aquellos
    elementos que pueden ocasionar alergias dentro del hogar son factores que
    incrementa las posibilidades de padecer asma y bronquitis. Cuando cesa la
    exposición al agente productor, el asma remite.

La teoría de la higiene

El asma es, en la
actualidad, una de las enfermedades crónicas más frecuentes en las sociedades
desarrolladas. “Está claro que es en los países industrializados donde su prevalencia cada vez es mayor y, además, va en aumento
-explica el doctor Subiza-.  Se barajan
diferentes causas posibles que expliquen esta progresión creciente. Por un lado,
está la teoría de la higiene, que
cada vez  va cobrando más adeptos”.

Tal y como explica el
experto, esta teoría defiende que un exceso de higiene durante la temprana
infancia, privando a nuestro sistema inmune del contacto con  virus y bacterias, hace que éste se vuelva
perezoso e inactivo. Como resultado de esto, las respuestas del sistema
consideradas “buenas” (TH1), que son las combaten los principales
alergenos, están prácticamente inactivadas, lo que propicia otro tipo de
respuestas inmunológicas, las “malas” o tipo (TH2), que son las que
producen los anticuerpos IgE, responsables en última
instancia de las alergias que desarrollamos. “Esto no ocurría en el
sistema inmune de los niños de hace 30 ó 40 años, y tampoco pasa en aquellos
que viven en países subdesarrollados los cuales, debido a las condiciones de
higiene, están continuamente desarrollando inmunoglobulinas para defenderse de
virus y bacterias, lo que se puede decir que los inmuniza respecto a las
alergias y el asma. Esto explicaría el hecho de que sea en los países
desarrollados, precisamente los que mayor higiene tienen, donde las alergias
están cobrando desde hace ya muchos años el carácter de enfermedades
epidémicas”.

Broncodilatadores y
corticoides: alivio y control

Según Subiza, el tratamiento del asma debe individualizarse en función
de la frecuencia y severidad de las crisis, la edad, los factores
desencadenantes e incluso el nivel sociocultural. Normalmente, la intensidad de
la terapia se va modificando según la evolución de la enfermedad. En el
tratamiento se emplean dos tipos de medicamentos: los aliviadores (actúan sobre
la sintomatología), y los controladores (aquellos que, tomados a diario,
consiguen controlar la enfermedad).

  1. Los fármacos aliviadores son fundamentalmente
    broncodilatadores, los cuales consiguen dilatar los bronquios cuando están
    estrechados, aliviando molestias como pitos, tos y fatiga. Aunque son muy
    eficaces y actúan rápidamente, su efecto dura poco tiempo y no actúan
    sobre la inflamación de bronquios (que es la enfermedad de base), de ahí
    que solo esté recomendado usarlos en las crisis y para aliviar las
    molestias que aparecen espontáneamente. Empleados adecuadamente, no tienen
    efectos indeseables. También se emplean broncodilatadores de acción
    prolongada en aquellas ocasiones en las que, pese a tomar corticoides los
    síntomas persisten, pero estos fármacos no se pueden emplear como
    medicamento único, sino asociados a los corticoides inhalados.

Para las crisis más graves, y de forma ocasional, se pueden utilizar
otro tipo de fármacos: teofilinas, corticoides
sistémicos, anticolinérgicos….

  1. En cuanto a
    los medicamentos controladores,
    fundamentalmente se emplean antiinflamatorios:
    corticoides inhalados, nedocromil y cromoglicato. Estos constituyen el verdadero tratamiento
    del asma ya que, tomados a diario, consiguen disminuir la inflamación de
    los bronquios, mejorando así la gravedad de la enfermedad y reduciendo el
    número de crisis. A diferencia de los aliviadores, su efecto se nota un
    tiempo después de haberlos tomado

Vacunas: la mejor opción

“En la actualidad, el único tratamiento curativo que conocemos para
tratar una enfermedad alérgica es la inmunoterapia, esto es, las llamadas
vacunas para la alergia”, señala el doctor Javier Subiza. El principio en
el que se basa esta terapia es la administración progresiva y prolongada
(generalmente por inyección subcutánea) de pequeñas cantidades de alergeno para
así modificar el comportamiento del sistema de defensa del organismo, lo que
induce la tolerancia progresiva. “Aunque desgraciadamente no hay
inmunoterapia para todos los tipos de alergenos, actualmente se dispone de
vacunas muy bien estandarizada para los alérgicos a determinados pólenes y
también para los que tienen alergia a los epitelios de los animales (gatos,
caballos). Si se administra en las concentraciones adecuadas permite reducir en
un 70-80 por ciento no sólo el número de días que el alérgico padece los
síntomas sino también las necesidades de medicación para controlar la
enfermedad”, comenta el experto.

En el caso del asma infantil,
la inmunoterapia resulta especialmente útil, sobre todo en el tratamiento de
aquellos que padecen rinitis alérgicas intensas por pólenes, ya que es la mejor
forma de prevenir que ésta se complique con un asma bronquial, algo que puede
ocurrir hasta en el 60 por ciento de los casos. Según Subiza, es muy importante
que la vacuna se ponga al principio, cuando la rinitis aún no se ha complicado
con el asma. “En general, la respuesta a la inmunoterapia es muy buena,
incluso en aquellos casos en los que el asma ha hecho su aparición. El tiempo
durante el que hay que administrar este tratamiento es prolongado, de tres a
cinco años, pasados los cuales se suspende, persistiendo la mejoría de forma
indefinida durante los años siguientes”, señala Javier Subiza.

El estilo de vida, fundamental

Los cambios en las formas de vida de los pacientes asmáticos tienen unos
efectos muy beneficiosos en la evolución de la enfermedad: adoptar hábitos
sanos (descanso adecuado, ejercicio moderado, dieta equilibrada), abandonar
actitudes perjudiciales (tabaco, alcohol), practicar técnicas adecuadas de
respiración o someterse a curas en balnearios son acciones que redundan en una
mejor calidad de vida.

Según el doctor Subiza, el mayor peligro al que se enfrenta un asmático
es la infravaloración de su enfermedad. “Se trata de una patología que
sólo en Estados Unidos se cobra anualmente la vida de unas 2.000 personas. Se
trata de una patología en la que el autotratamiento
es frecuente: se alivian los síntomas mediante el uso de inhaladores sin
solicitar asistencia médica especializada, y esto, a la larga, puede llegar a
ser peligroso. En este sentido, y especialmente en pacientes jóvenes, se
aprecia un abuso de la broncodilatación, y muchos de
ellos utilizan inhaladores a diario, con lo que llega un momento en el que la
crisis de asma es tan grande que puede tener consecuencias fatales. En el caso
de haya que recurrir a los inhaladores broncodilatadores más de dos veces por
semana hay que ponerse en manos de un especialista y, desde luego, no recurrir
al uso de terapias ni medicinas alternativas, ya que éstas no proporcionan
ninguna mejoría”, advierte Javier Subiza.

Inhaladores: manual de uso

La forma más eficaz de administrar los fármacos (tanto broncodilatadores
como corticoides) para el tratamiento del asma es a través de los inhaladores,
una opción que permite una acción más rápida, utiliza una menor cantidad de
medicamento y está prácticamente desprovista de efectos secundarios. Hace un
tiempo, una revisión sobre los distintos tipos de fármacos para el tratamiento
del asma recogida por la prestigiosa publicación British
Medical Journal
demostró que la terapia con
inhalaciones que contienen cortisona resulta más segura y eficaz que otros
tipos de tratamientos. Su única “pega” es que, para que sea eficaz,
la técnica de inhalación tiene que ser la correcta, algo que no siempre se
consigue, tal y como demostró un reciente estudio realizado en nuestro país en
el que se comprobó que un elevado porcentaje de asmáticos españoles (más del 50
por ciento) realizan de forma incorrecta la técnica de inhalación, de modo que
el tratamiento es menos eficaz. El estudio también demostró que

Los errores más frecuentes son la aspiración previa a la inhalación, la
apnea postinspiración y la espiración lenta tras la
inhalación, de ahí la importancia de entrenar correctamente a los pacientes en
el tratamiento.El tipo de inhalador más conocido es
el cartucho presurizado, un dispositivo que al ser presionado propaga la
medicina para que sea inhalada. Puede ir acompañado de una cámara o espaciador
para facilitar su uso, en cuyo caso, el polvo pasa primero por la cámara y
luego va a la boca; de esta forma, se facilita la inhalación y se consigue una
mayor penetración en las vías respiratorias bajas. Existen también espaciadores
con mascarillas de diferentes tamaños, lo que facilita el tratamiento en
ancianos y niños menores de cuatro años.

Cómo utilizar los inhaladores
en cinco pasos

  1. Agitar
    vigorosamente el inhalador y, después, acoplarlo al espaciador.
  2. Levantar
    ligeramente la cabeza y expulsar suavemente el aire.
  3. Presionar el
    cartucho para liberar una dosis y, a continuación, iniciar una inspiración
    lenta y profunda durante 5 segundos.
  4. Después,
    contener la respiración durante unos 10 segundos, para permitir que el
    medicamento se deposite en los bronquios.
  5. Por último, espirar
    suavemente.

Otro tipo son los inhaladores de polvo seco, en los que
el tratamiento se sitúa en un recipiente con forma de polvera y es inhalado sin
necesidad de ser proyectado. Recientemente ha sido comercializado un nuevo
sistema de inhalación que incorpora un sistema de control (visual, acústico y
por el sabor) para que el paciente compruebe si se ha inhalado correctamente.



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