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Beneficios de la pérdida moderada de peso.

Beneficios de la pérdida moderada de peso.

En general, están más que demostradas las ventajas que se pueden conseguir con una pérdida moderada de peso (entre un 5 y un 10%): ventajas en la prevención de enfermedades asociadas a la obesidad y ventajas en la calidad de vida del individuo.

Los grados muy marcados de obesidad acortan la esperanza de vida de los pacientes y los aumentos moderados de peso producen repercusiones negativas para la salud. Y no hablemos de los problemas psicológicos (problemas de relación, rechazo, pérdida de autoestima, discriminación laboral, etc) que generan en el individuo obeso. Si consideramos todo esto en costes económicos, nos encontramos con que la obesidad, las enfermedades asociadas y los derivados de su adaptación social, alcanzan alrededor del 7% del gasto sanitario español (más de 2 mil millones de euros).

El tratamiento de la obesidad es muy difícil. A esto hemos de añadirle que los resultados a largo plazo son escasos, con una recuperación de peso perdido en la mayoría de los casos. Pero ello no debe ser motivo para no combatir ésta que, para algunos, es la gran epidemia de los países más desarrollados.

Quién debe pensar en perder peso

No vale decir que todo el mundo estaríamos mejor con unos “kilitos” de menos. Cada persona es distinta, tanto a la hora de considerar la conveniencia o no de bajar de peso, como en la manera de hacerlo. Debe realizarse un completo “trabajo de campo”: explorar “el terreno”, los hábitos, el entorno y, sobre todo, la historia clínica del paciente.

El criterio más aceptado para valorar el grado de obesidad de un individuo es el IMC (índice de masa corporal: peso en kg/talla en m2). Las medidas a tomar según el valor de IMC son:

  • IMC menor a 25 kg/m2: En estos casos no está, en términos generales, justificada la intervención terapéutica con el intento de disminuir peso.
  • Sobrepeso grado I (entre 25 y 26,9 kg/m2): Desde el punto de vista médico, la intervención terapéutica no está justificada. Control de la alimentación, ejercicio físico y realización de controles clínicos periódicos es suficiente.
  • Preobesidad o sobrepeso grado II (entre 27 y 29,9 kg/m2). Al igual que el grado I, hay un 20% de la población española en este grupo. Primera norma: visita y valoración médica obligada. Si el peso es estable, la distribución de la grasa es homogénea y no existen factores de riesgo asociados, la intervención médica es opcional. Si alguna de estas condiciones no se cumple, el paciente debe ser tratado con el objetivo de perder un 5-10% de su peso corporal y, muy importante, mantener estable este nuevo peso.

Los siguientes grupos llevan ímplicita la obligatoriedad de visita y tratamiento médico, así como la utilización de todos los medios posibles: dieta, actividad física, modificación de los hábitos de conducta y tratamiento farmacológico)

  • Obesidad Grado I (IMC 30-34,9 kg/m2): es aconsejable la disminución estable del 10% del peso en unos 6 meses.
  • Obesidad Grado II (IMC 35-39,9 kg/m2): La pérdida del 10% es el objetivo mínimo a conseguir.
  • Obesidad grado III y IV (más de 40 kg/m2): En estos casos la pérdida estable del 10% , siempre difícil de conseguir, representaría una mejora apreciable, pero insuficiente.

Fijar un plan y marcar objetivos

Como ya hemos apuntado, el tratamiento integral de la obesidad precisa una mejora de los hábitos alimentarios, un incremento de la actividad física, un cambio en el estilo de vida y el tratamiento farmacológico cuando esté sea preciso. Hemos visto que, A partir del grado II, hay que poner en marcha el arsenal completo de recursos antiobesidad. Pero, para todos los casos es necesario prefijar un plan de ataque a esos kilos de más. Los primeros “mandamientos” son los señalados en primer lugar: cambios en la pauta dietética, ejercicio y conducta; el siguiente es huir de los tremendismos y las falsas esperanzas que tanto eco alcanzan en algunos medios de difusión.

Fijar un plan y definir unos objetivos marcan la diferencia entre una guerra al sobrepeso seria o la realización de meras escaramuzas sin resultados positivos. La ayuda del especialista médico debe ayudar tanto a la fijación de esos objetivos como al logro de los mismos. El objetivo fundamental es la pérdida de peso, pero mantener el peso perdido, disminuir las complicaciones, mejorar los hábitos de vida y, como consecuencia de todo ello, mejorar la calidad de vida, son de suma importancia.

Cabe concluir que, como señala el documento de “Consenso SEEDO 2000 para la evolución del sobrepeso y la obesidad y el establecimiento de intervención terapéutica” las pérdidas de peso de cerca de un 10% son muy beneficiosas para la salud y es lo que se debe pactar con el paciente, sin intentar llegar a un peso ideal que es prácticamente imposible alcanzar.

La indicación de tratamiento farmacológico no debe ser algo aislado sino funcionar junto a los procedimientos básicos (los “mandamientos” que llamábamos un poco antes). Deben aplicarse en pacientes con IMC mayor de 30, o bien mayor de 27 si se asocia a factores de riesgo como diabetes melitus, hipertensión arterial, dislipemia o síndrome de apnea de sueño, estando contraindicado para mujeres embarazadas o lactantes, o en pacientes con enfermedad cardiaca inestable o hipertensión arterial de difícil control.

Así pués, es muy conveniente la pérdida moderada de peso, pero tanto o más lo es hacerlo de una forma organizada y segura: nada de remedios milagrosos, por favor; consulta siempre a un experto. Es por tu bien.

CIO Centro Información Obesidad 900.101.646

www.sobre-peso.com



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