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El bullying guarda muchas similitudes con la violencia doméstica

El bullying guarda muchas similitudes con la violencia doméstica

En opinión del , el acoso escolar, también conocido como “bullying”, “no es una broma, ni una irrealidad intangible. Los insultos, las humillaciones, la intimidación, las amenazas, la persecución, las miradas intimidatorias, las agresiones físicas, constantes y reiteradas en el tiempo persisten día a día en los centros escolares españoles.”

Este especialista advierte: “el acoso escolar es un tipo de violencia entre iguales que hace años se instaló en nuestras aulas y guarda muchas similitudes con otro tipo de violencia: la doméstica. Esta última forma de maltrato está atenazando a las mujeres y, por extensión a sus hijos, y también se sufre en silencio, mina la salud emocional hasta el punto de causar trastornos de salud mental y ‘puede marcar para toda la vida”.

El suicidio como forma de escape

Desafortunadamente, la desprotección de los menores acosados, junto con la impunidad en la que se mueven los agresores, así como la falta de freno a tiempo y la carencia de abordaje psicológico de las víctimas forman parte directa de la consecuencia fatal que muchas de las víctimas han llevado a la práctica: el suicidio.

“Y no sólo eso”, explica el especialista, quien añade que “el acoso escolar produce un daño a veces irreparable a la autoimagen personal y al posterior desarrollo de la autoestima, por lo que en años posteriores a la adolescencia se verá traducido en forma de inseguridad personal, ansiedad y temor al fracaso social. El acoso escolar aparece con una alta prevalencia en trastornos de salud mental como la depresión, el trastorno bipolar, los de la personalidad o los de la conducta alimentaria. Sin ninguna duda, el acoso escolar destruye los cimientos del desarrollo adolescente de la personalidad dando lugar a personalidades frágiles y vulnerables sobre las que aparecen los trastornos de salud mental y el fracaso social”, insiste el experto.

En los últimos años parece que la sociedad está haciendo un esfuerzo por plantarle cara a este grave problema, pero lo cierto es que las medidas adoptadas siguen siendo insuficientes, máxime si valoramos las cifras del número de víctimas (uno de cada diez alumnos)  y, peor aún, es que detrás de estas estadísticas aún permanecen los casos que no salen a la luz. Porque pasan meses y meses,  años, hasta que las víctimas ponen en alto su sufrimiento.

Más allá del cole: las redes sociales

Por si fuera poco, hablar de acoso escolar no es sólo hablar de violencia dentro de las aulas o en el patio del colegio o a la salida del ‘cole’. Los acosadores se apoyan desde hace tiempo en las redes sociales y en el móvil para extender ‘su territorio de humillación y maltrato hacia otros’, lo que conlleva que el acoso “persiga” a las víctimas hasta su propia casa, en su misma habitación. En definitiva: allí donde vaya.

Prueba de ello,  son los datos del último estudio Estudio sobre ciberbullying según los afectados, elaborado por la fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo) y la fundación Mutua Madrileña a partir de la base de datos de los teléfonos de ayuda a niños y adolescentes y a los adultos y la familia de ANAR que ha atendido 60.408 llamadas relacionadas con acoso escolar, de entre los que se han seguido 1.363 casos de bulling.

Atentos a estos signos

Desde este espacio en la red, el doctor José Luis Carrasco da pautas que ayuden al entorno de las víctimas a identificar los “signos” del acoso escolar con el objetivo de poder intervenir de forma precoz. Es importante consultar con un especialista aunque el menor asegure que está bien.

Absentismo leve o grave.
Descenso del rendimiento escolar.
-Problemas de concentración.
Apatía y cansancio
-Sentimientos de culpa.
Síntomas depresivos o de ansiedad: irritabilidad, insomnio, pesadillas, falta de apetito, problemas gastrointestinales, ahogos, mareos, dolor de cabeza, inquietud, nerviosismo, pesimismo, etc.
-Agresividad, problemas de autocontrol.
-Conductas de huida y evitación.
Miedo y síntomas de pánico.
-Ideas autolíticas.
Negación de los hechos.
-Respuestas emocionales extremas, como por ejemplo llanto incontrolado.

Las “señales” que pueden ayudar al entorno social a establecer si es posible una situación de violencia según el perfil del acosador:
-Frecuente agresividad verbal y/o física.
-Utiliza los insultos con frecuencia.
-Suele realizar acoso psicológico.
-Antecedentes de altercados y agresividad.
-Conductas violentas.
-Gestos violentos y discriminatorios.
Impulsividad.
Acoso psicológico.
-Se establecen como líderes de grupo.
-Pueden tener antecedentes familiares de violencia doméstica.
Falta de autoestima.
Fracaso escolar.
-Sentimientos de envidia y de inferioridad.
-Necesidad de notoriedad.

Hipervigilancia

“Los expertos queremos insistir en la “hipervigilancia” de los hijos para evitar que tanto uno de ellos sea víctima como acosador. Pedir ayuda y orientación especializada desde el primer momento en que se sospeche la existencia de este tipo de situaciones. En la Unidad de Personalidad y Comportamiento (Orientación familiar y prevención) hemos desarrollado una Escuela de padres que puede ser de gran ayuda a las familias que estén pasando por este trance”, apostilla el doctor Carrasco.





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