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CÁNCER DE OVARIO ¡Sal de dudas!

CÁNCER DE OVARIO ¡Sal de dudas!


Según los expertos, el factor pronóstico más importante del cáncer de ovario es el estadio. Sin embargo, la similitud de sus síntomas con las molestias de la regla hace que gran parte de ellos (hasta un 80%) se diagnostique cuando se encuentra ya en un estado avanzado.

El parecido que guardan las molestias que ocasiona un tumor de ovarios en su fase inicial con las molestias de la regla, hace que con frecuencia pase desapercibido a la mujer. Sin embargo, el factor pronóstico más importante de este cáncer es el estadio, de manera que cuanto más precoz es el estadio (nos indica la extensión de la enfermedad), mayores son las posibilidades de curación. En este sentido, los estadios iniciales del cáncer de ovario comprenden los estadios I, II, que presentan mejor pronóstico y mayor supervivencia que los estadios avanzados III y IV. Según Paz Ferrero, presidenta de la  Asociación de Afectados por Cáncer de Ovario (ASACO), para un diagnóstico precoz y adecuado, “es fundamental que las mujeres identifiquen cuáles son los síntomas de alarma que pueden hacer sospechar de la existencia de un cáncer de ovario. De esta manera, las mujeres podrán acudir al oncólogo/especialista a tiempo de intervenir el tumor y que éste no progrese”, explica.

Dar apoyo a las personas afectadas por un cáncer de ovario y a sus allegados, así como hacer más accesible la información existente sobre esta patología e incrementar la conciencia social sobre sus síntomas, son algunos de los objetivos con los que nació en su momento la Asociación de Afectados por Cáncer de Ovario (ASACO) y cuyos objetivos, según las palabras de su presidenta son “apoyar a los afectados de cáncer de ovario, informarles de las nuevas investigaciones y avances médicos relacionados con la enfermedad, así como difundir la importancia de conocer los síntomas que han de poner alerta a las mujeres para facilitar un diagnóstico precoz de la enfermedad”.

Lo normal y lo anormal

“Los principales síntomas relacionados con la enfermedad pueden asociarse en multitud de ocasiones con molestias digestivas, molestias a consecuencia del periodo, etcétera, de modo  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentosque tendemos a no hacer caso de estos hasta que ya son muy evidentes”, explica Ferrero. Sin embargo, hay una serie de síntomas específicos que nos pueden alertar de la presencia de un tumor en los ovarios, como un aumento del perímetro abdominal, sensación de peso en el abdomen, sensación de plenitud tras comer escasas cantidades de comida, pérdida del apetito, necesidad de orinar con más frecuencia de lo habitual o dolor en la región pélvica.
Otros síntomas menos frecuentes son: estreñimiento o diarrea, dolor de espalda inexplicable que empeora con el tiempo, cansancio excesivo, pérdida o aumento del peso sin causa conocida, náuseas y vómitos y sangrado vaginal y alteraciones del ciclo menstrual.

Estos síntomas son muy inespecíficos, pero si se presenta más de uno y persisten más de dos semanas, hay que acudir al ginecólogo. Desde ASACO recuerdan que, aunque estos síntomas pueden indicar otras patologías como Síndrome de Ovario Poliquístico, quiste ovárico, endometriosis, etc., y no conviene alarmarse, estas patologías requieren un seguimiento ginecológico adecuado.

Tu ginecólogo te ayuda
Solo el 20% de las pacientes se diagnostica en estadios iniciales de la enfermedad. Esto se debe principalmente a que no hay signos ni síntomas específicos al comienzo de la misma, lo que hace que las pacientes acudan a la consulta cuando el cáncer de ovario ya se ha diseminado y es más difícil de curar. Las pruebas que determinan si existe un tumor son:

1. Examen pélvico: permite examinar la forma y el tamaño de los ovarios y del útero. Resulta muy difícil o casi imposible detectar en sus etapas iniciales los tumores de ovario mediante un examen pélvico.
2. Marcadores tumorales: mediante una analítica se puede medir el nivel en sangre del CA-125, que es un marcador que puede encontrarse elevado en la mujeres que padecen un cáncer de ovario.
3. Ecografía transvaginal: es una técnica que permite detectar masas mediante ultrasonidos.

De tres tipos

El cáncer es una enfermedad en la cual células anormales (células cancerosas) se dividen sin control invadiendo los tejidos de alrededor (infiltración) y diseminándose, a través del sistema sanguíneo y linfático, a otras partes del organismo, lo que da lugar al proceso conocido como metástasis. Tal y como lo definene en ASACO, el cáncer de ovario es un crecimiento descontrolado de las células del ovario, de modo que éstas se vuelven anormales.

Existen 3 tipos de cáncer de ovario:
1. Carcinoma epitelial: afecta a las células epiteliales, que recubren el ovario. Este tipo es el más común, llegando a representar entre el 70-90% de todos los tumores ováricos.
2. Tumores de células germinales: afectan a las células germinales, que se encuentran en el interior y forman los óvulos.
3. Tumores del estroma: afectan a las células estromales, que producen las hormonas femeninas.

5% del total de los tumores en la mujer
Este tipo de tumor tiene una incidencia en nuestro país de más de 3.000 casos al año. Una incidencia que podemos catalogar como alta, ya que sitúa el cáncer de ovario copando el 5% del total de los tumores en la mujer en nuestro país. La incidencia ha ido aumentando lentamente desde los años 60 y se puede considerar alta. Ocupa el sexto lugar entre los tumores malignos que afectan a la mujer por detrás del cáncer de mama, del cáncer de colon, del cáncer de pulmón, del cáncer de útero y de los linfomas.

Tal y como informan desde ASACO, el riesgo de sufrir un cáncer de ovario aumenta con la edad y principalmente después de la menopausia. Aunque algunas mujeres de 20 o 30 años de edad pueden padecer un cáncer de ovario, el riesgo en estas edades es bajo. De hecho, la gran mayoría de los casos se diagnostican por encima de los 45 años, siendo la edad media de diagnóstico de 61-63 años.

Según el doctor Minig, del Hospital Madrid de Sanchinarro, aunque se desconoce con exactitud qué origina el cáncer de ovario, sin embargo, sí se conoce que hay factores que aumentan el riesgo de padecerlo. Según este experto, las mujeres que  tienen mayor riesgo de padecer cáncer de ovario son aquellas que:
Tienen dos o más familiares paternos o maternos que hayan padecido cáncer de ovario (un 10-15% es de carácter hereditario).
No han tenido hijos. La lactancia materna parece tener un efecto protector frente al cáncer de ovario debido a que reduce la exposición de la mujer a altos niveles de estrógenos.
Nunca han tomado anticonceptivos.
Comenzaron a menstruar a una edad temprana (antes de los 12 años).
Las mujeres cuya menopausia comenzó más tarde que la media (después de los 50 años), ya que la mujer está expuesta a altos niveles de estrógenos durante más tiempo.
Además, según el doctor Minig, la obesidad, el tabaquismo y la falta de ejercicio se asocian también con un mayor riesgo de cáncer de ovario.
Los estudios sugieren que aquellas mujeres que se someten a terapia hormonal sustitutiva (THS) después de la menopausia conlleva un aumento del riesgo de padecer un cáncer de ovario.

Está demostrado que tanto la ligadura de trompas como la histerectomía reducen el riesgo de padecer cáncer de ovario. Igualmente, una dieta saludable no solamente ayuda a prevenir el cáncer de ovario, sino que es imprescindible para prevenir cualquier tipo de cáncer.

Muy cerca del cáncer de mama
Un amplio análisis publicado en el último número de la revista Nature ha revelado que algunos tumores de mama están genéticamente más cerca del cáncer de ovario que de otras variedades de cáncer de mama. El estudio ha permitido identificar algunas de las características comunes de ambas enfermedades, lo que a la larga podría repercutir en las opciones de tratamiento.

A juzgar por las mutaciones halladas en las muestras (y gracias a la financiación de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU, NIH), los autores agrupan los tumores de mama en cuatro categorías: los llamados luminales A y B (poco agresivos, con receptores de hormonas positivos), los HER2 positivos (que presentan esta proteína en su superficie) y los basales o triple negativos (porque carecen de receptores para estrógenos, progesterona y HER2 en su superficie).

Durante la investigación descubrieron que los tumores basales estaban genéticamente más cerca del cáncer de ovario que de los otros tres subtipos de cáncer de mama. En la práctica, este tipo de tumores triple negativos (o basales) se caracterizan por un alto grado de agresividad y porque son más frecuentes en mujeres jóvenes o de origen africano; representan el 10% de todos los tumores de mama. En general, precisamente porque carecen de receptores hormonales en la superficie de sus células malignas, no responden al tratamiento hormonal y suelen atacarse con un regimen de quimioterapia basado en las antraciclinas que no siempre es eficaz. Que sean genéticamente similares al cáncer de ovario abre la puerta a la posibilidad de que puedan ser tratados de la misma manera. Aunque, de momento, eso es “sólo una posibilidad intrigante que habrá que explorar”, admite Matthew Ellis, de la Universidad de Washington (EEUU), que encabeza el estudio, en una nota de prensa difundida por su universidad.

Tratamiento
Entre los tratamientos principales frente al cáncer de ovario destacan: la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia y la hormonoterapia. El tratamiento dependerá, en cada caso, del tipo de cáncer, del estadio en el que se encuentre la enfermedad y del estado general de la paciente.
1. Cirugía: tiene un doble objetivo, diagnóstico y terapéutico. Puede ser de dos tipos: conservadora y citorreductora. El primer caso está indicado cuando la mujer es joven, el estadio es muy precoz y desea tener hijos, en cuyo caso puede valorarse el extirpar solamente el ovario que presenta el tumor. La cirugía citorreductora se realiza en los estadios avanzados de la enfermedad. Su finalidad es extirpar la mayor cantidad posible de tumor. Esta reducción del  año permite una mayor eficacia de la quimioterapia posterior y se traduce en una mayor supervivencia de las pacientes.
2. Quimioterapia: el fármaco quimioterápico de elección en el tratamiento del cáncer de ovario es el platino en cualquiera de sus formulaciones, habitualmente combinado con otros fármacos también activos como los taxanos, antraciclinas. Además, los fármacos antineoplásicos se pueden administrar solos o en combinación, y existen diferentes vías de administración: intravenosa, oral e intraperitoneal.
3. Radioterapia: consiste en la utilización de las radiaciones ionizantes (rayos X de alta energía) con el objetivo de destruir las células cancerosas. Se considera un tratamiento local y el procedimiento es similar al de una radiografía. Las radiaciones emitidas se dirigen directamente al tumor y sólo resultan afectadas las células de la zona irradiada.
4. Hormonoterapia o terapia hormonal: es el tratamiento del cáncer con hormonas y actúa modificando la producción de estrógenos o impidiendo la acción de los mismos sobre sus órganos diana. Se utiliza frecuentemente para tratar los tumores estromales de ovario.
5. Tratamientos biológicos: constituyen un grupo de medicamentos con un mecanismo de acción común que actúan bloqueando de forma específica aspectos concretos de la biología celular o tumoral. Se caracterizan por atacar a las células cancerosas causando el menor daño posible a las células normales y, por lo tanto, produciendo menos efectos secundarios que la quimioterapia.
6. Angiogénesis: los tumores, al igual que los demás tejidos del organismo, necesitan alimentarse para poder crecer. Al principio, el tumor es pequeño y recibe los nutrientes de los vasos sanguíneos que existen a su alrededor. Sin embargo, como los tumores crecen descontroladamente, llega un momento en que los nutrientes que reciben a través de estos vasos son insuficientes y para continuar creciendo se ven obligados a  inducir la formación de nuevos vasos sanguíneos. Este proceso de formación de nuevos vasos sanguíneos se denomina angiogénesis. Los fármacos antiangiogénicos o inhibidores de la angiogénesis se han desarrollado con el objetivo de bloquear la producción de nuevos vasos sanguíneos y, de esta forma, evitar que el tumor siga creciendo.

Más información en www.asociacionasaco.es



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