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Cáncer de próstata. sube la guardia a los 50.

Cáncer de próstata. sube la guardia a los 50.

La falta de cultura médica en los hombres es uno de
los motivos que explican el que este tipo de cáncer se haya extendido tanto en
los últimos años

El cáncer prostático es el
tumor más frecuente en los países occidentales y la segunda causa de muerte por
cáncer entre la población masculina, después del de pulmón. Las causas, según
el doctor Humberto Villavicencio, director del Servicio de Urología de la
Fundación Puigvert, radican, además de en la falta de
cultura médica masculina cada vez más superada, en la similitud que guardan sus
síntomas con los de otras enfermedades. De ahí que su diagnóstico se suela
producir cuando el tumor ya está desarrollado. Por ello, la detección temprana (es
decir, cuando el tumor está aún localizable en la glándula prostática), es
fundamental para lograr su curación, circunstancia que se da en el 75% de los
casos.

Rondando la cincuentena

Un estudio reciente realizado
en la Comunidad de Madrid ha constatado hasta 100 casos por cada 100.000
varones. Por regla general, los hombres que desarrollan un cáncer prostático
tienen más de 65 años. De hecho, tan sólo el uno por ciento de los
diagnosticados tiene menos de la cincuentena. Tal y como explica el doctor
Humberto Villavicencio, la prevalencia de esta
enfermedad es muy alta en la población masculina. Tanto es así, que cerca de la
mitad de los hombres mayores de 70 años, fallecidos por otras causas y
sometidos a autopsia, lo presentan. Por ello, se considera que a los 90 años lo
habrían desarrollado entre un 40% y un 80% de los individuos.

Similitud con otras enfermedades

La próstata es una glándula
sexual masculina, del tamaño aproximado de una nuez, que se encarga de la
producción del líquido seminal. Se encuentra ubicada encima del recto y por
debajo de la vejiga, y rodea a la uretra en el punto en el que ésta se conecta
con la vejiga. Es por esto que, cuando la próstata crece, aparecen dificultades
al orinar o al mantener relaciones sexuales. Sin embargo, el crecimiento de la
próstata puede deberse a otras causas benignas como son la prostatitis (inflamación de esta glándula), muy frecuente en el
varón joven, y la Hiperplasia Benigna de
Próstata (HBP),
que no es otra cosa que el crecimiento progresivo y benigno
de esta glándula, y que suele producirse a partir de los 40 años. Por ello, la
visita al médico es siempre el mejor seguro de vida y de salud.

Cultura preventiva

Además de la similitud que
presenta respecto a otras enfermedades, el diagnóstico del cáncer de próstata se
dificulta aún más porque los síntomas pueden tardar años en manifestarse. Por
este motivo la mejor arma para luchar contra su desarrollo es localizarlo en
sus primeras fases. Por supuesto, para evitar cualquier tipo de enfermedad ?y
ésta no es ninguna excepción- lo mejor es tratar de llevar una vida
completamente saludable, pero cuando ésta no es suficiente, hay que pasar a la
acción por otros medios.

El doctor Villavicencio es
muy tajante en este sentido: ?la mejor prevención es un diagnóstico a tiempo?.
La mayor preocupación de los urólogos es la falta de cultura médica que tienen
los hombres, algo que deberían corregir siguiendo el ejemplo de las mujeres,
quienes acuden periódicamente a la consulta del ginecólogo para realizarse
revisiones. No obstante, el presidente de la Asociación Española de Urología
(AEU), Óscar Leiva, asegura que esta actitud reacia del varón español se está
superando, y cada vez es mayor el número de hombres jóvenes interesados en
conocer el estado de su próstata. El Consejo Nacional de Salud Prostática de la
AEU, pretende concienciar a la población de los beneficios derivados de una
revisión urológica a partir de los 50 años, e insiste en que cuanto más
informada esté la población, mayor será el número de tumores de próstata que se
diagnostiquen en fases curables. Según las estadísticas, el diagnóstico precoz
permite la curación total en un 75% de los casos.

Los datos de la inconsciencia

Una encuesta
realizada por la Asociación Española Contra el Cáncer y en la que participaron 1.000
varones, pone de manifiesto la falta de concienciación de la población
masculina ante la enfermedad. De hecho, casi el 70% de los entrevistados
afirmaban haber sufrido alguno de los síntomas asociados al cáncer de próstata
en el último año y, sin embargo, sólo un tercio de ellos había acudido al
urólogo.

Cómo se detecta

  1. Mediante el
    tacto rectal
    (examen digital de la próstata a través del ano), el
    médico introduce un dedo en el recto del paciente para localizar la
    existencia de algún tipo de hinchazón o protuberancia, que puede ser un
    indicio claro. A pesar de su incomodidad, se trata de una prueba rápida e
    indolora.
  2. Los análisis
    de orina
    también pueden detectar la aparición del cáncer, ya que a
    través de ella se puede determinar si ésta tiene sangre o conocer la
    existencia de algún otro problema, como infecciones, agrandamiento de la
    próstata e indicadores del cáncer. Mediante el análisis de la sangre, se
    puede definir la presencia una sustancia producida por la próstata,
    llamada antígeno prostático específico (PSA), y que es un indicador de la
    existencia de esta enfermedad.
  3. En la ecografía
    transrectal
    se emplean ondas sonoras que permiten la formación de una
    imagen de la próstata en una pantalla de vídeo. En ella se pueden apreciar
    los posibles tumores que afectan a esta glándula y las posibilidades de
    diagnosticar la enfermedad son de un 97%. Como contrapunto, hay que añadir
    que puede dar lugar a equivocaciones, ya que la imagen del cáncer
    prostático es muy similar a la de otro tipo de inflamaciones benignas. En
    todo caso, se trata de una prueba sencilla y que no conlleva ningún dolor.
  4. Por último,
    el método más seguro es la biopsia,
    que consiste en la extracción, mediante una aguja, de una muestra de
    tejido de la próstata. Una vez realizado este proceso, el tejido celular
    se analiza para confirmar o descartar la existencia del cáncer.
     

Factores de riesgo

Hasta el momento, las causas
que pueden provocar un cáncer prostático son todavía objeto de estudio. Pero, a
pesar de las lagunas que surgen en torno al conocimiento de esta enfermedad, se
han delimitado una serie de factores de riesgo que al parecer inciden
directamente en la aparición de esta dolencia.

  • Razones
    genéticas:
    aunque los estudios
    no concluyen directamente que sea una enfermedad hereditaria, los hombres
    cuyos padres o hermanos hayan sufrido cáncer de próstata tienen mayor
    probabilidad de desarrollarlo.
  • El seguimiento habitual de una dieta rica en grasas parece ser
    otro de los desencadenantes. De hecho, en los países cuyos hábitos
    alimenticios llevan a consumir productos con mayor índice de grasas el
    número de afectados por este cáncer es mucho mayor. Así, la prevalencia de
    la enfermedad en Estados Unidos o los países escandinavos es mucho más
    alta que en los países del entorno mediterráneo. A su vez, éstos tienen un
    porcentaje de enfermos de cáncer prostático más elevado que los varones
    japoneses, cuya dieta es pobre en grasas.
  • Cuestiones
    étnicas:
    según los estudios
    realizados, la tasa más baja de enfermos se encuentra entre los chinos y
    los japoneses, mientras que los afroamericanos presentan la más alta. Un
    dato a tener en cuenta es que la tercera generación de orientales
    emigrados a Estados Unidos ya presenta el mismo porcentaje de desarrollo
    del cáncer clínico que los naturales de este país.

Un tratamiento para cada paciente

Confirmado el cáncer, se
ponen en marcha los estudios correspondientes para determinar el tipo de
tratamiento que va a recibir. Según el doctor Villavicencio, éste ha de ser
individualizado, y debe atender a una serie de factores como la fase en la que
se encuentra la enfermedad, los antecedentes médicos del paciente, la edad, la
esperanza de vida y, por supuesto, el estado general de salud del hombre.

  1. Uno de los tratamientos más
    habituales es la cirugía (prostatectomía radical), que varía desde la
    extirpación del tumor hasta la próstata o los ganglios linfáticos. La prostatectomía radical consiste en la extracción
    de la próstata y vesículas seminales y posterior análisis para determinar
    con exactitud en qué etapa de crecimiento se encuentra el tumor. Puede ser de tipo perineal, realizada mediante
    una incisión en la zona situada entre el escroto y el ano, por vía
    abdominal o por vía laparoscópica. Hay casos,
    sobre todo cuando el cáncer ya está avanzado, en los que es necesario
    extirpar también los testículos, ya que son los encargados de producir la
    testosterona, una hormona que estimula el crecimiento de este cáncer.
  2. Otro tratamiento al que se recurre habitualmente
    es la radioterapia, que se
    puede administrar por vía externa (convencional), o implantando semillas
    radioactivas dentro de la próstata (braquiterapia),
    con el objetivo de administrar una alta dosis de radiación en una zona
    perfectamente delimitada. De esta forma, se liberan estas radiaciones
    tumoricidas de forma precisa en la próstata, al tiempo que se protegen
    otros órganos cercanos ?como el recto y la vejiga.
  3. También existen otros métodos todavía en fase de
    experimentación clínica, como la crioterapia
    -gracias a la cual las células cancerosas se destruyen mediante el
    frío-  y la HIFU (ultrasonidos)
  4. Cuando el tumor está diseminado (metástasis), hay
    otras alternativas, como las terapias
    hormonales o biológicas.

Minimizar los efectos secundarios

Ninguno de los tratamientos
empleados en la actualidad está exento de efectos negativos tras su
administración. Si embargo, depende del especialista determinar, en la medida
de lo posible, cuáles pueden ser estos efectos en virtud de la terapia a
seguir. A pesar de ello, el médico siempre tratará de elegir el método que mayor
probabilidades de éxito puede tener, y también el que menos efectos negativos
va a provocar en la vida del paciente.

En el caso de la cirugía, el
varón puede sufrir incontinencia urinaria y disfunción eréctil, que puede ser
temporal o permanente. Por su parte, la radioterapia puede llevar consigo,
además de la impotencia, síntomas como el cansancio la caída del cabello,
diarreas o enrojecimiento de la piel en la zona tratada.

Cuando un paciente se somete
a una terapia hormonal ha de enfrentarse, en ocasiones, a la pérdida temporal
del apetito sexual o la disfunción eréctil. Mientras tanto, un tratamiento
basado en la radioterapia conlleva efectos como la fiebre, dolores musculares,
debilidad corporal, vómitos, diarreas y falta de apetito.

De cara al futuro

En la actualidad, nos
encontramos con un buen número de tratamientos que, ante un diagnóstico a
tiempo, ofrecen grandes posibilidades de que el paciente se cure de su
dolencia. Aún así, el doctor Villavicencio reclama la necesidad de crear
métodos ?sobre los cuales se realizan numerosos estudios- que cuantifiquen el
porcentaje de tumor que existe en la glándula. De esta manera, los tratamientos
podrán ser mucho menos invasivos, con lo que el varón podrá conservar la
próstata y no tendrá que enfrentarse a las dificultades para orina, teniendo la
oportunidad de disfrutar de una vida sexual sana.

APOYOS

PARA ESTAR ALERTA

A pesar de que el
cáncer muestra una escasa sintomatología, es conveniente prestar atención a una
serie de síntomas que constituyen el mejor aviso del organismo. Por ello, no
hay que dejar de acudir al médico cuando el hombre tiene los siguientes
problemas:

  1. Dificultades para comenzar o terminar de orinar
  2. Goteo al final de la micción.
  3. Sensación de dolor o ardor al orinar.
  4. Fuerza reducida del chorro de orina.
  5. Orinar poca cantidad y muy a menudo,
    especialmente durante la noche.
  6. Aparición de sangre en la orina.
  7. Dolor en la parte baja de la espalda, en la
    pelvis o en la zona superior de los muslos.
  8. Incapacidad para miccionar.
  9. Dolor al eyacular.

ETAPAS DEL CÁNCER PROSTÁTICO

A medida que el
cáncer se desarrolla, se le clasifica en diversos estadios que, a la postre,
determinan en gran medida el tipo de tratamiento que ha de recibir el paciente.
Las etapas de esta enfermedad son las siguientes.

  • Etapa
    I.
    En este momento, el cáncer no
    causa ninguna molestia en el hombre que lo padece y los síntomas son
    inexistentes. El tumor está localizado únicamente en la próstata y su
    diagnóstico se realiza de forma casual.
  • Etapa
    II.
    Durante esta fase de desarrollo,
    las células cancerosas están todavía localizadas en esta glándula, pero
    aquí ya se puede detectar mediante biopsia o a través del tacto rectal.
  • Etapa
    III.
    Las células malignas se han
    extendido al resto de tejidos que rodean la próstata.
  • Etapa
    IV.
    Aparece metástasis en los
    ganglios linfáticos o en otros órganos alejados de la glándula, como
    pueden ser los huesos, el hígado o los pulmones.
  • Recidiva. Después de que un paciente se ha sometido al
    tratamiento, el cáncer vuelve a aparecer, y lo puede hacer bien en la
    próstata de nuevo, o en cualquier otra parte del organismo.


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