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Casimiro gómez ortega (1741-1818).

Casimiro gómez ortega (1741-1818).

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CASIMIRO GÃ?MEZ ORTEGA (1741-1818)

Casimiro Gómez Ortega (1741-1818)

Casimiro Gómez Ortega, es casi un miembro de la familia. Durante años visité archivos y bibliotecas de España y de Europa siguiendo sus huellas. De resultas de esa investigación escribí Ciencia de Cámara. Casimiro Gómez Ortega (1741-1818). El científico cortesano.

Es difícil resumir un libro, una investigación intensa en un folio, el título lo hace por mí. Casimiro G. Ortega, es el prototipo de científico de Corte.

Sobrino de José Hortega, bajo la protección de su tío estudió con los jesuítas antes de su expulsión. Más tarde se formó como médico y botánico en Italia. La muerte de su pariente le hizo volver a Madrid, en donde se examinó de Farmacia ante el Protomedicato para poder hacerse cargo de la magnífica botica de la calle Montera. No se contentó con eso; a la muerte de los profesores del Real Jardín Botánico, opositó a catedrático, mediante unas pruebas que redactó él mismo y, evidentemente, aprobó el examen con lo que se convirtió en catedrático primero, a partir de 1780 miembro de la Audiencia de Farmacia del Real Tribunal del Protomedicato (algo así como ministro de Farmacia, para enterarnos) visitador de boticas y examinador, con lo cual aunaba todo el poder sobre la Farmacia española. Nada más ganar la cátedra viajó por Francia, Inglaterra y Holanda para visitar sus jardines botánicos. Le nombraron miembro de la Real Academia de Francia y de la Real Sociedad londinense lo que unido a su pertenencia a la Real Academia de Medicina de Madrid y a la Real Academia de Historia, le convierten en uno de los científicos españoles más galardonados. Aprovechando su cargo oficial, como su tío, pese a todas las prohibiciones legales tuvo dos boticas: la mencionada de la calle Montera y otra en el Real Sitio de Aranjuez. A Gómez Ortega lo que en realidad le gustaba era la literatura. Fue un mediano poeta que frecuentaba los círculos artísticos en donde se le conocía con el sobrenombre de Botelio, según unos por su gordura, según otros por su afición a la bota de vino. Gómez Ortega era desmesuradamente gordo, todo Madrid le conocía como “el gordo Ortega“. Él mismo, cuando pide un aumento de salario al Rey le dice que se ve obligado a usar coche para desplazarse, dado su extraordinario peso. No es grave en una persona corriente pero en un botánico? Un botánico tiene su laboratorio en el campo y, si no puede ni moverse? Heinrich Link, catedrático de Botánica en Alemania decía de él: “un hombre que adquiere en su país reputación de sabio, en una rama de la ciencia que en realidad ignora, es siempre un individuo peligroso”.

Ortega no era un sabio pero sí un cortesano. Pese a ello escribió numerosísimas obras. Continuó la Flora española del cirujano Joseph Quer; publicó la obra de Francisco Hernández sobre México e hizo todo lo necesario para organizar las expediciones botánicas a las colonias ultramarinas durante el siglo XVIII. De ellas escribió, ni más ni menos que el Barón de Humbold, que ningún gobierno europeo ha invertido tanto en conocer las plantas como el español. Esas expediciones, en su mayoría, fueron controladas por Gómez Ortega, ese boticario cortesano.

En España, ahora, desgraciadamente, estas cosas son rotundamente ignoradas. En retratos sucesivos nos iremos ocupando de esos boticarios que hicieron algo más por conocer la naturaleza y los medicamentos. Los expedicionarios españoles. Quedémonos ahora con una frase del gordo Ortega escrita en un oficio dirigido en 1777 al Secretario de Indias (el ministro de América, más o menos para entendernos): vivo en la firme persuasión de que si el Rey pacífico y sabio a influjo de su ministro, letrado e instruido, manda examinar las producciones naturales de la península, y de sus vastos dominios ultramarinos, a doce naturalistas, con otros tantos chymicos o mineralogistas esparcidos por sus estados, producirían por medio de sus peregrinaciones una utilidad incomparablemente mayor que cien mil hombres combatiendo por añadir al imperio español alguna provincia.

Como ven, el gordo Ortega, podría ser un cortesano peligroso, pero también un hombre sabio.



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