ESTÁS LEYENDO...

Con dos huevos.

Con dos huevos.

  • Vengo empapadita.
  • Pues no hace tanto calor.
  • Es que estoy haciendo régimen para adelgazar y me han recomendado una faja de plástico que cuando me la quito soy como las cataratas del Niágara.
  • Pero ese sistema no sirve para nada.
  • Pues yo en una semana he perdido 2 kilos.
  • Usted lo que ha perdido es agua y de no haber bebido lo normal es que habría perdido más peso aún.
  • A mí me ha dicho la dietista que beba mucho agua. Pero no crea usted que todo queda en lo de la faja, sino que llevo un plan muy estricto: me he hecho vegetariana radical.
  • Pues eso no es bueno, porque todo lo radical, en principio, es malo.
  • Yo, por ejemplo, tengo prohibidos los huevos? ¡Con lo que a mí me gustan!
  • Pues los huevos son una fuente magnífica de aminoácidos esenciales y de ciertas vitaminas.
  • Pero, ¿y el colesterol?
  • Mire. Está demostrado científicamente que el contenido de colesterol de un huevo, que es de 200 mg, no aumenta de una forma relevante la hipercolesterolemia.
  • Pues hijo, ¡eso se dice! Porque los huevos y las patatas me encantan. ¡Pero no quiera usted ver lo que me dice la dietista sobre las patatas!
  • Una patata de 100g hervida viene a tener las mismas calorías que un yogur.
  • ¡No me diga usted eso que estoy de yogur hasta el moño!
  • Pues si toma usted yogur, no es una vegetariana radical, porque este alimento proviene de la leche, que es un producto animal.
  • ¡Ay leñe, que no había caído yo en eso!, ¿entonces, por qué me lo mandan?
  • Porque las llamadas dietas vegetarianas son en realidad ovo-lácteo-vegetarianas.
  • ¡Qué bien se explica usted, caray!,¡y si viera que la dietista está todo el día dale que te pego con lo vegetariano diciendo, además, que es la dieta más barata del mundo!
  • En parte lleva razón, pero considere usted que 30 g de jamón cocido es algo barato y tiene las mismas calorías que una manzana de 200 g.
  • ¿Y lo de la faja?, ¿qué me dice usted de la faja? Es que como soy auxiliar administrativa y estoy casi siempre sentada, dice que debo llevarla puesta para quemar calorías.
  • La faja, como le he dicho, sólo le hace sudar, que es una forma de perder agua, y por consiguiente peso, que se repone de inmediato al beber de nuevo.
  • Yo bebo poco y aunque me gusta tomarme una cervecita de vez en cuando la he eliminado radicalmente, porque tengo una fuerza de voluntad a prueba de bomba.
  • Pues aplique esa fuerza de voluntad a hacer ejercicio, porque es muy frecuente en los regímenes de adelgazamiento hablar tan sólo de lo que se come y no referirse al ejercicio físico que, mientras no se demuestre lo contrario, es el mejor procedimiento para quemar calorías.
  • Es que cuando salgo del trabajo lo que más me gusta es cenar, si a eso se le puede llamar cenar, y ver una película en la tele. ¡Yo soy muy hogareña!
  • Pues aplique su fuerza de voluntad a plantearse unos ejercicios físicos antes de sentarse a ver la televisión.
  • Me está usted abriendo los ojos y si no le importa me voy a poner en sus manos. Ahora, eso sí, ¡me da corte que usted me atienda gratis, porque la dietista me cobra!
  • Ése es otro tema. Los farmacéuticos estamos para aconsejar y nos sentimos satisfechos con que nuestros pacientes o clientes depositen su confianza en nosotros.
  • Fíjese mi confianza en usted, que esta misma noche me voy a hacer una tabla de gimnasia que tiene mi hija, y después, echándole valor, me voy a comer dos patatitas hervidas.
  • Si usted tiene esa fuerza de voluntad y se plantea lo del ejercicio, puede ser menos radical en el régimen de comidas y ampliar el abanico de su menú.
  • ¿O sea que, por ejemplo, puedo tomar pescado?
  • ¡Claro, mujer!, y algún tipo de marisco.
  • ¡Ay, Dios mío, con lo que me gusta! O sea que por lo que usted me dice, sin olvidarme de los vegetales, puedo tomar pescadito hervido, jamón york y hasta patatas hervidas. Con fuerza de voluntad y?
  • Con dos huevos.


  • COMPARTIR Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestBuffer this page