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Crisis emocionales.

Crisis emocionales.

CONSEJOS PSICO



CRISIS EMOCIONALES:
SÁCALES PARTIDO

Contemplar las crisis vitales como una oportunidad para mejorar interiormente o para cambiar de vida es, según el psiquiatra José Luis González de Rivera, la actitud más inteligente para ponerlas a tu favor. Eso sí, no es fácil.

Si hemos de vivir con las crisis, más vale que las aceptemos como un elemento más de nuestra existencia y aprendamos a estar a gusto con ellas. Aunque uno puede tomárselas como vienen y arreglárselas lo mejor posible, también podemos buscar técnicas o procedimientos que nos ayuden a anaticipar, a adaptarnos y sacar provecho de las crisis. Ésta es la idea en torno a la que gira la nueva obra del Dr. José Luis González de Rivera, Jefe del Servicio de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, “Las crisis emocionales” (Ed. Espasa).

Cómo identifificarlas

Según González de Rivera, las crisis emocionales consisten en un cambio inesperado y brusco  en la línea de la vida o biografía personal que se caracteriza porque:

– Rompen la sensación de continuidad psíquica.

– Exigen una intervención, decisión o transformación.

– Activan la reactividad emocional.

– Tienen consecuencias beneficiosas o perjudiciales.

Las crisis más típicas

Crisis de identidad en la adolescencia. Se da porque, justo en el momento en que es más importante tener una idea clara sobre sí mismo, aparece una enorme dependencia de las actitudes y opiniones ajenas, con frecuencia de personas que están en la misma situación del joven o que han sido reconocidas como ídolos por su grupo.

Crisis amorosas. Necesitar a otra persona para que la vida tenga sentido no es exactamente amor, sino apropiación de otro para completar una identidad insatisfecha. A esto hay que unir el hecho de que los restos no resueltos de crisis anteriores vuelven con toda su virulencia, por eso son muchos los jóvenes adultos que piensan que amar es cosa del otro, no una tarea personal, y que agonizan por la necesidad de ser queridos, sin darse cuenta de que de lo que se trata es de aprender a querer.

Crisis de los cuarenta. El esfuerzo invertido en la construcción de una familia y/o en la proyección social a través del trabajo es tan intenso que poca gente se para a pensar cómo le están saliendo las cosas. La vista se vuelve hacia atrás y uno reconsidera su satisfacción vital, lo que puede desencadenar una crisis debida a la tendencia a rectificar errores, a darse una “segunda oportunidad”.

Crisis de la vejez. Consiste en la perturbadora sensación de que uno está de sobra, que puede ir acompañada por el lamento de las oportunidades perdidas y por la angustia del poco tiempo que queda.


Superarla en siete fases

1-Centrarse. Decidir que el núcleo central de la solución está en nosotros mismos es el primer paso. Esto significa aceptar nuestra vida como propia, reconocernos responsables y agentes activos de lo que nos ocurre.

2-Mantener la calma. Algo que, según el experto, requiere práctica. Necesitamos una técnica para llevar al cerebro a las condiciones precisas que producen un estado de calma, como la meditación. Una vez que sabemos mantener la calma, notaremos que nuestras ideas se aclaran y que podemos percibir mejor la naturaleza de nuestro problema”. 

3-Fuera culpa. Se trata de mantener las cosas en su justa medida, sin negarlas ni empeorarlas con reacciones autodestructivas (si estamos sufriendo, suframos, pero lo mínimo posible” dice el experto). Para conseguirlo, hay que desentenderse de la culpa; detectar los parásitos mentales (pensamientos automáticos que se disparan en situaciones de crisis y que nos afectan sin darnos cuenta); no pagarla con gente inocente y detener el autoestrés.

4-Comprender la situación. Hay que situarse a una cierta distancia, para ver las cosas desde fuera y entender el papel que uno juega en dinámicas más amplias de las propiamente personales.

5-Identificar la condición. Es importante poner un nombre a la situación que se está viviendo (acoso, depresión, incertidumbre…) ya que permite acabar con el desconcierto, tomar las medidas apropiadas y dejar de considerarse una víctima impotente de las circunstancias.

6-Actuar, no reaccionar. Hay que optar por la proacción (ser causa de un determinado acontecimiento) en vez de reaccionar (obrar conforme a las causas que han actuado sobre nosotros). En mi experiencia, la práctica regular de las técnicas de meditación y la actitud positiva ante la vida favorece la buena suerte, mientras que la tensión crónica y las actitudes negativas aumentan la mala, señala el psiquiatra.

7-Convertirse en agente de estabilidad y cambio social. Hay situaciones estables en las que es necesario introducir un cambio, porque si se dejan evolucionar libremente llevan a la esterilidad, a la frustración o al agotamiento. Se trata de estabilizar lo que es bueno y cambiar lo que es malo, afirma el experto.

Cuándo dar un giro radical a la vida

Según González de Rivera, a veces las crisis las tenemos que crear nosotros: “Más vale ruptura a tiempo que adaptación perjudicial”. Para él, hay dos tipos de situaciones típicas de esta necesidad:

La sobrecarga psicosocial. Es un tipo de estrés crónico cuyos efectos sólo son evidentes a largo plazo, motivado por una exigencia exagerada, desproporcionada y continua y que puede ser contrarrestada durante largo tiempo por nuestros mecanismos de adaptación y defensa. Es el caso de los trabajadores sometidos a tensiones persistentes (tienden a padecer trastornos psicosomáticos relacionados con el estrés); las víctimas de burn out o síndrome de desgaste profesional, y el mobbing.

La vida equivocada. Se trata de una vida que parece tan normal y tan apropiada  que nos la tomamos por la vida auténtica, pero no lo es, explica el experto, para quien los errores típicos que pueden desembocar en esta situación son acumular bienes y tomarse la vida como una carrera, como una competición o como una prueba. El equivocado va dejándose recomer poco a poco por un sentimiento de aburrimiento, vacío y hastío, con desinterés progresivo por todas las cosas y logros que se han ido consiguiendo, sobre todo si se ha hecho con dedicación y esfuerzo.

Viajar para “romper”

Los viajes pueden ser estupendo gestores de crisis. La vida habitual  da continuidad y seguridad, pero puede llevarnos a la pereza mental. Viajar  supone una ruptura controlada con lo cotidiano, dice el experto, quien recomienda adoptar una serie de estrategias para que esta experiencia sea lo más productiva posible: tomar contacto con la vida de la gente del lugar; evitar en lo posible las rutas más turísticas, seguir las costumbres del sitio visitado… Todo ello actúa como liberador de la mente, aumenta la creatividad y permite ver la realidad al volver “con otros ojos”.



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