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Cuando los tratamientos se complican.

Cuando los tratamientos se complican.

El verano es un tiempo  en que la asistencia a nuestros mayores suele complicarse un poquito más. Las vacaciones nos alejan, sin quererlo, de esos abuelos que precisan  una intervención externa para asegurar el buen cumplimiento de sus tratamientos farmacológicos o, simplemente, confirmar que se encuentran bien atendidos.

Si las facultades físicas o mentales del mayor se encuentran reducidas, el caso adquiere una mayor dificultad y la sociedad trata de arbitrar medidas para garantizar el uso correcto de los medicamentos y que el anciano mantenga una digna calidad de vida.

En Comunidades Autónomas, Municipios, Áreas de Salud, etc. se desarrollan distintas campañas para hacer más fácil y comprensible la pauta de medicación que debe seguirse: la preparación de pastilleros semanales, el repaso concienzudo de los envases para evitar que el anciano olvide tomar sus medicinas o, por el contrario, repita la dosis de un fármaco al dudar si lo ha tomado o no, son mecanismos que se van implantando paulatinamente y de forma coordinada desde los Centros de Salud para disminuir al máximo los riesgos que pueden derivarse de este tipo de despistes.

En los pacientes polimedicados es fundamental  tener en cuenta las interacciones entre medicamentos y los efectos  derivados de  la ingesta conjunta de distintos fármacos para diferentes patologías. El seguimiento para cumplir los tratamientos es aun más exigente, pero el sistema sanitario pone a disposición del usuario y sus parientes mecanismos de asistencia entre los que se encuentra la actuación de su farmacéutico- que deben ser bien aprovechados, aunque la soledad sea uno de los males que afecta más a la tercera edad y  esa sólo se palie con la insustituible  compañía de los hijos o los nietos.



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