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Diabetes. sus complicaciones vasculares.

Diabetes. sus complicaciones vasculares.

¿Qué es la diabetes?

La diabetes es una enfermedad que afecta a la forma en la que el organismo convierte el alimento en energía y, en concreto, se relaciona con el modo en que se produce y se utiliza la insulina. Se calcula que 2.800.000 personas en España padecen de Diabetes, lo que significa que el 7% de la población es diabética.

El organismo elabora, con los alimentos ingeridos, la glucosa necesaria como fuente de energía. La insulina ayuda al azúcar a abandonar la sangre y penetrar en las células del organismo, donde se utilizará a modo de combustible. Cuando este proceso se desarrolla como debe, el nivel de glucosa en sangre desciende y el organismo dispone de energía para una vida completa y activa. Cuando se digieren los alimentos, la glucosa que contienen entra en el torrente sanguíneo y, para que se genere energía, primero deberá entrar en las células. Sin embargo, la insulina es la “llave” que permite a la glucosa entrar en las células. Cuando se tiene diabetes, el cuerpo no puede elaborar la energía a partir de los alimentos y la glucosa permanece en la sangre en lugar de entrar en las células del organismo.

Todas las personas con diabetes tienen en común un exceso de azúcar (glucosa) en la sangre. Si el nivel de azúcar cae demasiado, entonces se produce una hipoglucemia. Si por el contrario, los niveles de azúcar son altos, se produce una hiperglucemia.

¿Cuáles son los síntomas de esta enfermedad?

Los síntomas posibles de la diabetes son el aumento de la sed y la emisión frecuente de orina; el aumento del hambre; cansancio; infecciones frecuentes; heridas o úlceras que cicatrizan lentamente; visión borrosa; problemas de la función sexual; piel seca y con picores, y adormecimiento u hormigueos en manos y pies.

¿Todos los diabéticos son iguales?

Existen varios tipos de diabetes, siendo las más comunes la Tipo 1 y la Tipo 2.

La Diabetes Tipo 1 o Diabetes mellitus insulin-dependiente (DMID) es la forma clínica de aparición más temprana y que precisa ser tratada con insulina siempre, debido al déficit de síntesis de la hormona a nivel del páncreas. Esta forma clínica de diabetes predomina en niños y jóvenes y su aparición habitualmente sucede antes de los 20 años de edad.

En el caso de la Diabetes Tipo 2 (la más frecuente y que afecta al 90% de los diabéticos), el organismo puede elaborar insulina, pero no puede ser utilizada de forma adecuada; las personas que la padecen habitualmente no precisan insulina inicialmente. No obstante, hasta el 58% de las personas con Diabetes Tipo 2 necesitarán insulina a medida que su enfermedad avance.

Existen factores, tanto genéticos, como ambientales, que predisponen a una persona sana a padecer diabetes, como tener más de 40 años de edad; la obesidad y la vida sedentaria; una historia familiar de diabetes y una historia de diabetes gestacional, y haber tenido un diagnóstico previo de intolerancia a la glucosa.

Para que se produzca una Diabetes Tipo 2 tienen que coexistir, por un lado, la resistencia a la acción de la insulina y, por otro, una disminución de la secreción de insulina por parte del páncreas. También contribuye a este problema el incremento en la producción de glucosa a nivel del hígado.

¿Cuáles son las complicaciones vasculares de la diabetes?

Las complicaciones macrovasculares pueden aparecer en el caso de una hiperglucemia crónica o mal controlada. La diabetes a veces daña los grandes vasos sanguíneos que rodean el corazón y los que llevan la sangre a la cabeza y a las extremidades.

Este daño está relacionado con el estrechamiento de los vasos sanguíneos y con el depósito de una alta cantidad de grasas y colesterol sobre las paredes de las arterias (ateroesclerosis) que en algunas ocasiones conducirán al infarto de miocardio, trombosis cerebral y problemas circulatorios en las piernas, según que vasos se vean afectados. Existen evidencias de que el 75% de las muertes relacionadas con la diabetes son debidas a este tipo de complicaciones.

Las complicaciones microvasculares son aquellas relacionadas con los vasos sanguíneos de más pequeño calibre. Dentro de este grupo, se incluyen las lesiones oculares, retinopatía, enfermedad degenerativa de la retina que puede llegar a causar ceguera. Otras complicaciones microvasculares pueden desencadenar neuropatía, nefropatía o enfermedad del riñón.

¿Qué es el Síndrome Metabólico o Síndrome “X?

El término “Síndrome X” hace referencia a una serie de estados clínicos asociados a la resistencia a la insulina y a los niveles elevados de insulina en sangre.

Así como el denominador común de los trastornos que componen el síndrome metabólico es la resistencia a la insulina, la consecuencia de todos ellos se traduce en el aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular entre las personas que lo padecen. Los síntomas que pueden estar relacionados son, además de tener Diabetes Tipo2, la intolerancia a la glucosa, obesidad de distribución central, hipertensión, dislipemia (alteración de los niveles de grasas y colesterol) aterosclerosis y otras, tales como alteraciones de coagulación, microalbuminuria, hiperuricemia, y ovario poliquístico.

La resistencia a la insulina y la Diabetes Tipo 2 se asocian con la presencia de niveles anormales de grasas (lípidos) en la sangre. Éste parece ser uno de los factores fundamentales del aumento del riesgo cardiovascular. Las personas con Diabetes Tipo 2 suelen tener elevación de triglicéridos y descenso de las cifras de “colesterol bueno” (HDL).

La ateroesclerosis

es otro estado propio del Sindrome X. Consiste en una acumulación de grasas y colesterol sobre las paredes de las arterias. Estos depósitos van creciendo y produciendo una obstrucción progresiva de éstas. Alrededor de estas lesiones pueden formarse coágulos de sangre que interrumpen el flujo sanguíneo y dan lugar a lo que se conoce como “trombosis”.

El Síndrome X trae también asociada la hipertensión. La relación entre la resistencia a la insulina y la presión arterial no está clara, pero se ha visto que las personas con hipertensión a menudo tienen baja tolerancia a la glucosa y niveles elevados de insulina en sangre. La hipertensión constituye un factor primario de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Además, en las personas con Diabetes Tipo 2, el desarrollo de hipertensión aumenta las posibilidades de daño al riñón.

La obesidad es quizás el factor de riesgo más importante para desarrollar una Diabetes Tipo 2. Aproximadamente el 80% de las personas con Diabetes Tipo 2 son obesas.

¿Qué tratamiento hay que seguir para combatir la diabetes?

Es recomendable que el diabético pierda peso con dietas hipocalóricas, en caso de que presente superpeso u obesidad, que disminuya en lo posible la ingesta de sal, en caso de padecer hipertensión, disminuir la ingesta de proteínas si existe daño renal y restringir la ingesta de alcohol y tabaco. Por último, el ejercicio mejora el control glucémico, la resistencia a la insulina y el perfil de lípidos.

El tratamiento farmacológico puede ser, por lo tanto, a base de antidiabéticos orales o de insulinas. El objetivo de la insulinoterapia en el paciente diabético es el de conseguir unos niveles de insulina similares a los del sujeto normal. La insulina, en la actualidad, se obtiene por ingeniería genética y tiene una secuencia de aminoácidos igual a la insulina humana natural.

En ocasiones, no es necesario que el paciente tenga que inyectarse insulina y tendrá que tomar antidiabéticos orales. Entre ellos existen unos fármacos que reducen la secreción hepática de la glucosa. Otros aumentan la secreción de insulina por el páncreas. También hay otros que dan lugar a un enlentecimiento en la absorción de la glucosa por el intestino y otro tratamiento oral consiste en la administración de inhibidores de las Alfa-Glucosidasas.

Además de éstos, existe otro tipo de fármacos que reducen la resistencia a la Insulina a nivel periférico, es decir, de músculo y grasa. Este es el caso de las Tiazolidinadionas, también llamadas glitazonas, un nuevo grupo de fármacos antidiabéticos orales que tratan específicamente la resistencia a la insulina. Los fármacos de este grupo recientemente comercializados son Pioglitazona y Rosiglitazona. La principal acción de las glitazonas consiste en reducir la resistencia periférica a la insulina, uno de los defectos fundamentales en la Diabetes Tipo 2. El mecanismo de acción secundario se basa en la reducción de la resistencia a la insulina en el hígado y, por tanto, en la reducción de la producción de glucosa por parte de éste. Estos fármacos actúan amplificando la acción de la insulina, lo cual da lugar a una mayor captación de la glucosa por parte de las células, de los tejidos grasos y músculos y, por tanto, a una reducción de la resistencia a la insulina.



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