ESTÁS LEYENDO...

Dietas milagro. todas las razones para no hacerlas...

Dietas milagro. todas las razones para no hacerlas.

Atractivas, sencillas de seguir y, en cierta medida, efectivas a corto
plazo. Estas son las credenciales que hacen que cada año miles de personas se
?enganchen? a las denominadas dietas milagro. Sin embargo, sus resultados son
un mero espejismo que puede tener serias consecuencias para la salud.

Para que nos vamos a engañar: cuando vemos que
nos sobran algunos kilos de más, especialmente en verano, y toca ?lucir
palmito?, la aparente panacea que supone seguir un régimen más o menos
pintoresco que nos haga conseguir el peso que queremos en cuestión de días
resulta, cuanto menos, atractiva. Esta es la razón que explica el éxito que
tienen las llamadas dietas mágicas o milagro. Efectivamente, la mayoría de ellas
resultan efectivas en tiempo record: se pierde peso en poco tiempo. Sin
embargo, este adelgazamiento, además de ser ilusorio (en su mayoría es agua lo
que se pierde), no sólo no se mantiene en el tiempo sino que este tipo de
métodos de adelgazamiento sientan las bases para un sobrepeso posterior. Pero
lo que es realmente preocupante son las consecuencias que para la salud pueden
tener estas dietas y que van desde carencias nutricionales hasta problemas más
serios.

El secreto de su éxito

Tal y como se recoge en el documento Dietas
Mágicas
, elaborado por la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid, se
incluyen bajo este término todos aquellos regímenes de adelgazamiento que, sin
ninguna base científica, pretenden poseer cualidades indemostrables que no
están de acuerdo con los conocimientos actuales de la Ciencia de la Nutrición o
exageran propiedades y efectos que no son evidentes ni probados. Por tanto,
estas dietas carecen de unos fundamentos científicos o se basan en algunos que
sólo son ciertos en parte o no están debidamente contrastados y en su mayoría
son opuestas a muchos de los principios nutricionales recomendados por los
expertos. Sin embargo, hay que reconocerles un gran mérito: poseen un marketing
estupendo.

?Muchas de ellas prometen verdaderos milagros a
las personas que quieren perder peso: adelgazar comiendo, perder diez kilos en
diez días, prescindir de las calorías para siempre…. Algunos de estos métodos
están recogidos en libros escritos por personas ajenas al campo de la Nutrición:
hombres de negocios, artistas famosos, cantantes, etc., que en muchos casos
cuentan su experiencia personal en el seguimiento de alguna dieta aportando
explicaciones pseudocientíficas, basadas en principios bioquímicos a veces
incorrectos?, explica la doctora Marta Garaulet, profesora titular de
Fisiología y Bases Fisiológicas de la Nutrición en la Universidad de Murcia y
miembro del grupo de Investigación en Nutrición de la misma Universidad.

Para todos los gustos

Tal y como explica la doctora Garaulet, autora
del libro Pierde peso sin perder la cabeza ([email protected]),
?estas dietas se diferencian entre sí por su contenido calórico, por la
proporción de nutrientes y por los principios o teorías que defienden, y todas
ellas comparten una característica común: son dietas desequilibradas en las que
predomina un solo grupo de macronutrientes?.

Por tanto, se podría hacer la siguiente
clasificación de dietas milagro:

Cetogénicas o hiperproteicas:
Favorecen la ingesta de alimentos ricos en proteínas (huevos, pescado, carne,
quesos…) pero limitan excesivamente la ingesta de hidratos de carbono. Su
composición nutricional es muy desequilibrada, ya que llegan a presentar hasta
cinco veces más proteínas de las recomendadas: un 50-55 por ciento de las
calorías diarias se suministran en forma de este nutriente, cuando lo
recomendado es entre un 10 y un 15 por ciento. Su éxito se basa en que son
hipocalóricas y resultan muy sencillas de preparar. ?Es cierto que estas dietas
causan una disminución del apetito debido a la movilización excesiva de grasa y
a la formación de cuerpos cetónicos, que son compuestos anorexígenos?, comenta
Garaulet. Es precisamente esta cetosis que produce donde reside el principal
riesgo de estas dietas ya que estos compuestos se forman porque, ante la
ausencia de carbohidratos, el riñón debe hacer un sobreesfuerzo buscando su
energía en los depósitos grasos.

Entre estas dietas destacan la dieta de la
Clínica Mayo (en cuya elaboración no han tenido ninguna participación los
profesionales de este prestigioso centro) y la dieta del pollo y melocotón, la
Dieta de Hollywood (la bisabuela de las dietas milagro, ya que fue puesta de
moda por las actrices de la Meca del cine allá por los alegres años 20 y que
prescinde fundamentalmente de todos los hidratos de carbono a expensas de
proteínas animales y vegetales con escasa cantidad de grasa) y la dieta Lutz,
que permite consumir grasas y carnes sin limitaciones.

Ricas en hidratos de carbono: El
80 por ciento de las calorías proceden de cereales, legumbres, hortalizas y
frutas, con un aporte energético muy bajo. Las proteínas y las grasas quedan
reducidas a la mínima expresión. Estas dietas suelen ser ricas en fibra, lo que
les confiere un importante efecto saciante. Sin embargo, la ausencia de otros
nutrientes puede producir algunos déficits importantes, como el de ácidos
grasos esenciales, vitaminas liposolubles y proteínas. Además, el alto
contenido en fibra no siempre es bien tolerado y puede producir trastornos
intestinales como diarreas, flatulencias y cólicos.

Las más conocidas son la dieta de arroz
integral y la dieta a base de patatas y la dieta del Dr. Haas, basada en un
déficit constante de glucosa que es compensado por el organismo movilizando las
reservas de grasa acumuladas, en especial las del vientre y las caderas.
Permite comer algo de carne, pescado o aves, pero evitando cualquier otra forma
de grasa.

Dietas muy hipocalóricas:
Aportan solo entre 400 y 1.000 calorías diarias. Se basan en el consumo casi
exclusivo de vegetales acompañadas de cantidades muy escasas de determinadas
proteínas (huevos, carne, pescado) y con la ausencia prácticamente absoluta de
hidratos de carbono (pan, arroz, cereales), legumbres y azúcares. Suelen ser
dietas muy monótonas y su principal peligro es que es muy difícil cubrir las
necesidades orgánicas de todos los nutrientes consumiendo menos calorías de las
necesarias. Además, son las que más efecto rebote producen ya que, al disminuir
el aporte de energía, el organismo también reduce su gasto metabólico basal (es
decir, se queman menos calorías). Asimismo, estas dietas producen un aumento de
masa grasa y la pérdida de masa muscular. También se ha demostrado que las
dietas con contenido muy bajo en calorías pueden ocasionar una hipoglucemia,
intolerancia a la glucosa e incluso complicaciones más serias como arritmias
cardiacas. Tal y como se advierte en el estudio elaborado por la Consejería de
Sanidad de la Comunidad de Madrid, ?otro problema del consumo de las dietas
hipocalóricas es que su utilización de modo crónico es un factor de riesgo para
la aparición de trastornos alimentarios tan frecuentes en nuestras sociedades
desarrolladas como la anorexia y la bulimia nerviosa?.

Entre este tipo de regímenes destacan la Dieta
de Victoria Principal, compuesta fundamentalmente de ensaladas; la dieta
Gourmet (especialmente diseñada para ?paladares exquisitos?, ya que se basa en
la ingesta de mariscos, ensaladas exóticas, carpaccios…) y muchas monodietas,
que promueven la ingesta exclusiva de un alimento que aporta pocas calorías
(uvas, piña, etc).

Dietas pintorescas: ?Hay una
serie de dietas que cuentan con muchos adeptos momentáneos, ya que siembran
ilusiones y recogen decepciones. Algunas son extremadamente monótonas y otras,
sin embargo, son tan variopintas que impactan de forma transitoria y pretenden
sorprender a incautos con promesas y logros que nunca confirman?. Con esta
contundencia hace alusión a estas dietas el Dr. Basilio Moreno, presidente de
la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad en su libro Verdades y
Mentiras sobre la Obesidad
(Ed. Planeta). En este bloque se podrían
encuadrar un buen número de los regímenes que aparecen en las páginas de muchas
revistas no especializadas. Es el caso de, por ejemplo, la dieta del vinagre de
manzana o de sidra (basada en las supuestas virtudes adelgazantes de este
producto, del que se dice que aporta potasio y evita la retención excesiva de
líquidos); la dieta de la luna (la ingesta de uno u otro tipo de nutrientes
está determinada por la fase lunar que haya en cada momento); y otras cuya base
rozan casi el esperpento, como la llamada dieta de los colores (defiende la
idea, basada en la numerología metafísica, de que cada día vibramos con un
color determinado, por lo que debemos emplear exclusivamente esa tonalidad para
alimentarnos) o la dieta de la cerveza, que defiende la ingesta casi exclusiva
de esta bebida durante 48 horas.

Por qué son tan nocivas

-En primer lugar, el
adelgazamiento que proporcionan estas dietas es meramente ilusorio, ya que se
debe fundamentalmente a una pérdida de agua. En algunos casos también se pueden
perder proteínas y músculo, pero nunca llega a eliminarse aquello de lo que las
personas que las hacen desean realmente desprenderse: la grasa.

-Además, y tal y como quedó reflejado en un
informe elaborado por la Asociación Navarra de Dietistas Diplomados (ADDENA),
estas dietas pueden provocar carencias nutricionales y alteraciones metabólicas
más o menos importantes.

-Los mareos, los cuadros de hipotensión, la
fatiga y la astenia, el malestar general, las alteraciones gastrointestinales,
el insomnio, la ansiedad e incluso los trastornos menstruales son algunos
efectos derivados de seguir dietas excesivamente hipocalóricas.

-Aquellas que favorecen el
consumo de grasas producen un aumento de los niveles de colesterol ?malo? y
hacen que se concentren depósitos de grasa en el hígado. Asimismo, el exceso de
lípidos está relacionado con las dolencias cardiovasculares.

-Los efectos derivados de seguir dietas bajas en
hidratos de carbono van desde el estreñimiento (debido a la ausencia de la
fibra presente en cereales y otros alimentos) a distintos problemas digestivos.

-Por el contrario, en las dietas ricas en
carbohidratos y pobres en proteínas se puede exceder la proporción de ácido
úrico, lo que tiene consecuencias a nivel renal.

-Un reciente estudio elaborado por la
Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias advierte que el auge de las
dietas milagro provoca un aumento de los casos de anemia, debido a que tienden
a suprimir grupos de alimentos básicos como las carnes rojas y el pescado, que
son ricos en hierro.

-Y, sobre todo, son totalmente opuestas a lo
que los expertos coinciden en recomendar como la forma más segura de quitarse
los kilos de más y, además, mantenerse en el peso: cambiar los hábitos
alimenticios y seguir una dieta sana, equilibrada y sin restricciones.

Efecto yo-yo: el enemigo número 1

Tal y como explica la
doctora Marta Garaulet, el ?llamado efecto yo-yo se repite hasta en el 80 por
ciento de los casos de personas que han realizado dietas de adelgazamiento, en
su mayoría cuando éstas son desequilibradas, hiperproteicas, disociadas, etc.
?Se llama efecto yo-yo porque el peso baja y sube rapidísimamente, sin
conseguir mantenerse estable. Esta situación es tan común que muchos médicos e
investigadores se han llegado a plantear si realmente las dietas son útiles o
si, por el contrario, todo aquel que se somete a una dieta para perder peso
está abocado a recuperar el peso perdido de manera irremediable?.

Afortunadamente, esto no es así y si bien es
cierto que la fisiología de nuestro organismo siempre va a tratar de recuperar
el peso inicial (aquel que reconoce como suyo porque ha sido el que se ha
mantenido durante más tiempo), se puede luchar contra esta tendencia realizando
un régimen de adelgazamiento adecuado. La experta ofrece las pautas para perder
peso y evitar la aparición de este efecto que se traduce por la ganancia rápida
de los kilos perdidos… e incluso alguno más:

-Cuanto más rápida haya sido la pérdida de
peso, más desequilibrada haya sido la dieta o si esta es de bajo contenido
calórico (especialmente si carece de carbohidratos), más evidente es el efecto
yo-yo, así que hay que evitar a toda costa este tipo de actitudes.

-Huye de las dietas
hipergrasas, hiperproteicas y disociadas, ya que en ellas la pérdida de peso se
acompaña de un aumento descontrolado del apetito.

-En los casos de la dieta cetogénica, el rebote
es rapidísimo ya que, como la mayoría del peso perdido es debida al agua, ésta
se recupera fácilmente y antes de lo que se imagina.

-También es importante que no solo la pérdida
de peso haya sido paulatina y a través de una dieta equilibrada sino que hay
que ser capaz, mediante un cambio de hábitos, de mantener el nuevo peso al
menos durante seis meses para que el cuerpo lo reconozca como ?suyo?.

Retrato robot de la dieta ideal

-Lo mejor es ponerse en manos de un
especialista, ya que las dietas más efectivas son aquellas personalizadas y que
no sólo se ajustan al metabolismo, características físicas y estilo de vida,
sino que también tienen en cuenta el componente psicológico, ya que no pocas
veces el exceso de peso está relacionado con actitudes compulsivas que encubren
estados de ansiedad, estrés e incluso depresión.

-Respecto al total de Ingesta de calorías,
éstas deben ser aportadas en el siguiente porcentaje: un 50-55 por ciento de
hidratos de carbono; un 30-35 por ciento de grasas y un 10-15 por ciento de
proteínas.

-Lo ideal es realizar cuatro o cinco comidas al
día, para mantener estables los niveles de glucosa y evitar ataques de hambre
que den al traste con el equilibrio calórico diario. Las calorías diarias deben
estar repartidas más o menos siguiendo estas proporciones: un 25 por ciento en
el desayuno; un 30-40 por ciento en la comida del mediodía; un 10-15 por ciento
en la merienda y un 20-30 por ciento en la cena.

-Toda dieta debe ajustarse lo máximo posible a
las premisas de la Dieta Mediterránea: ingesta abundante de frutas, verduras,
abundancia de legumbres y de pescado y empleo de grasas como el aceite de
oliva.

-Sea cual sea el tipo de dieta, hay una serie
de alimentos que deberían estar presentes en todas ellas ya que, además de
aportar nutrientes importantes, permiten seguir una alimentación equilibrada
manteniendo a raya el sobrepeso: frutas y vegetales (ayudan a aumentar el
volumen de la dieta y aceleran la aparición de la sensación de saciedad);
productos integrales (preferentemente el pan y los cereales integrales hechos
con levadura natural); grasas naturales (fundamentalmente de origen vegetal);
cereales integrales y legumbres; proteínas (sobre todo las de bajo contenido en
grasa: leche, queso tierno, clara de huevo, pescado blanco…); y, por
supuesto, agua.

-Hay que huir de aquellas dietas que no especifican
con claridad el número raciones, la cantidad y la frecuencia de consumo de los
distintos alimentos que incluye; propone platos de elaboración complicada o que
pertenecen a cocinas más o menos exóticas, sin indicar la receta; prohíben la
ingesta de un determinado grupo de alimentos; y promete importantes pérdidas de
peso en poco tiempo.

-La fase de mantenimiento a menudo es la gran
olvidada y sin embargo es clave para no recuperar el peso perdido ya que es
durante este periodo cuando se afianzan los nuevos hábitos adquiridos y el
organismo se acostumbra a su nuevo peso, sin la ?tentación? de volver al que se
tenía al inicio del régimen.



COMPARTIR Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestBuffer this page