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DISFAGIA La farmacia, una escuela

DISFAGIA La farmacia, una escuela


Babeo, pérdida de peso y carraspeo o ardor de estómago son algunos de los signos de disfagia, trastorno que puede derivar en una desnutrición, una deshidratación o incluso una infección respiratoria.

Según los expertos de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), denominamos disfagia a la incapacidad o dificultad para tragar los alimentos de forma eficaz (de una sola vez) y segura (sin atragantarse). Es muy frecuente en los ancianos, en pacientes con enfermedades neurológicas (Parkinson, Alzheimer) y puede presentarse en algunos enfermos de cáncer (como efecto secundario de la quimio y la radioterapia, por dificultad para el paso del alimento por la presencia de tumores en el esófago, etc.).

Babeo, pérdida de peso, necesidad de carraspear para aclara la garganta, dispersión de los alimentos en la boca o ardor de estómago son las dificultades principales a las que tienen que enfrentarse los pacientes con disfagia a la hora de comer, lo que hace que el momento de la comida sea para ellos una agonía. “Se trata de un factor de riesgo que puede derivar en una desnutrición y una deshidratación de las personas que la padecen, así como en infecciones respiratorias”, ha señalado Francisco Torres, del Servicio de Farmacia del Hospital Santa María, de Lérida, quien ha dirigido una guía educativa para los farmacéuticos, realizada por las farmacéuticas Marta Sorroche, de su mismo hospital, Sonia Puig, del Hospital Universitario Arnau de Vilanova, y María Ferris, del Hospital de Barbastro, todos en Lérida. La frecuencia  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentosde casos de disfagia con la que los farmacéuticos se enfrentan en su vida diaria en la farmacia, ha llevado a Torres y a su equipo a elaborar una guía educativa que, además de una herramienta de cribado para detectar los sujetos con disfagia,”es una oportunidad para desarrollar el uso de medidas dietéticas naturales para el espesado de los líquidos, garantizando una mejora en la calidad de vida del paciente con disfagia”, señala Torres.

Qué es la disfagia, según los expertos
… una patología importante…

La disfagia resulta de especial relevancia en los pacientes llamados frágiles, que son aquellos cuyo medio físico o psíquico está comprometido por una enfermedad avanzada y de larga duración. Esta alteración dificulta o impide el paso de los alimentos desde la boca hacia el estómago.
… una patología cuyo manejo ha de fomentarse…
La asistencia domiciliaria es cada día más frecuente, dado que estos pacientes frágiles son pacientes que sufren enfermedades de larga duración que necesariamente deben cuidarse en su domicilio. Es importante que los cuidadores tengan un conocimiento claro de la problemática de estos pacientes y de la importancia que supone una correcta alimentación con los nutrientes adecuados.
… una patología asociada al envejecimiento…
La alta incidencia de enfermedades neurológicas asociadas al envejecimiento que causan disfagia por trastornos neuromusculares y/o cognitivos como el Parkinson o el Alzheimer, junto con otras no neurológicas como el cáncer, dan idea de la importancia de esta patología en la atención del anciano. Esto se debe a que el envejecimiento normal conlleva cambios en la fisiología de la deglución que, si bien no causan disfagia por sí mismos, ponen al individuo en situación de riesgo de aspiración cuando éste se ve debilitado por situaciones de enfermedad.
… una patología con complicaciones potenciales…
La disfagia provoca complicaciones severas como las neumonías por aspiración, una patología muy grave que ocurre en pacientes malnutridos y que tiene una mortalidad que puede llegar al 50 por ciento. Además, las consecuencias de la malnutrición en un paciente frágil son importantes porque les van a suponer un empeoramiento general de su calidad de vida,. Así, una persona bien nutrida es una persona que envejece más lentamente, que tiene menor precariedad física y que no necesita por todo ello mayores apoyos sanitarios.

¡Alerta!
Si una persona tose al comer o beber, le cambia la voz al tragar, presenta dificultad para respirar tras las comidas o tiene infecciones de repetición, los expertos de la SEEN advierten de un posible paso del alimento hacia la vía respiratoria. Si el paciente tiene que hacer varios intentos para tragar un alimento, le quedan restos en la boca, nota dificultad en el paso o dolor o molestias al tragar, ello indica que sufre disfagia. En ambos casos hay que ponerlo en conocimiento del médico de manera inmediata.

Formando desde la farmacia
El tratamiento tiene como objetivo lograr una alimentación lo más cercana posible a los patrones normales, previniendo la desnutrición, la deshidratación y las complicaciones respiratorias. Una de las estrategias terapéuticas útiles en la disfagia consiste en modificar la textura de los alimentos, a través de soluciones dietéticas tradicionales o mediante preparados de venta en farmacias. Según Torres, los espesantes artificiales hay que utilizarlos adecuadamente y con recomendaciones dietéticas adaptadas, conociendo la consistencia que cada uno tolera y personalizando la dieta.

Para aumentar la consistencia de los alimentos, además de los espesantes artificiales, los farmacéuticos pueden recomendar otras soluciones naturales, como sustituir los líquidos por sólidos, “más fáciles de tragar”. Así, “para lograr la textura néctar-miel de un zumo de fruta se pueden añadir 60 gr de melocotón en almíbar o un plátano, y duplicar la cantidad de gramos si se quiere una consistencia de pudding”, señala Torres.

En el caso de la leche, “se pueden añadir tres cucharadas de postre de papilla de cereales, para obtener una textura néctar-miel, y cinco cucharadas, para lograr una textura pudding”.
En todos los casos, el proceso se realizará a temperatura ambiente, aunque los productos se vayan a calentar o congelar después, y nunca se deben usar gelatinas industriales “que pierden su consistencia cuando se mezclan con la saliva convirtiéndose en líquido y empeorando la deglución”, apunta Torres.

También se puede usar harina para espesar salsa y estofados, yogur, vegetales ricos en almidón rallados, purés de patata para las sopas o yema de huevo, bechamel o mantequilla para espesar otro tipo de alimentos.
Para finalizar, los autores de la guía han incluido un apartado con consejos posturales para que los pacientes estén cómodos mientras comen y no tengan problemas y un listado de alimentos de riesgo que deberán prohibirse cuando sea necesario.

Recomendaciones nutricionales
*Por la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN)

Dificultad para tragar líquidos:
1. Evitar los líquidos finos (agua, caldos, infusiones…). Es preferible emplear líquidos espesos (yogur líquido…) y espesar los líquidos claros. Cada paciente tolera unos líquidos con una densidad concreta. El médico aconsejará de manera individual la consistencia más recomendable en cada caso.
2. Evitar los alimentos que sueltan agua al morderlos, como por ejemplo los gajos de naranja y mandarina, ya que el jugo que liberan puede ir hacia la vía respiratoria.
3. Mantener una buena higiene bucal y mantener la boca y la lengua bien hidratadas. Para ello los expertos recomiendan utilizar gasas humedecidas con agua o un colutorio.
4. En los casos de mucha salivación o mucosidad hay que evitar los alimentos muy dulces o ácidos.
5. El especialista puede recetar un espesante artificial sin sabor para aumentar la consistencia de cualquier líquido.

Dificultad para tragar sólidos:
6. Emplear los alimentos habituales y cocinarlos de modo tradicional (estofados, rehogados..

.), pero triturándolos a continuación hasta alcanzar la textura necesaria.
7. Picar la carne antes de añadirla a los demás ingredientes, así se evita que queden hebras.
8. Añadir huevo hará que el puré quede menos seco y el paciente produzca demasiada saliva.
9. Se puede añadir leche tanto a los alimentos dulces como salados para mejorar su sabor y color (tortilla, crema de verduras).
10. Las legumbres quedan más finas y sientan mejor pasadas por el pasapuré.
11. Para que el puré aporte las proteínas necesarias debe llevar unos 150-200 gr de pescado o carne, 2 claras de huevo o 60 gr de legumbre.
12. Los alimentos con buen sabor y servidos calientes o fríos se tragan mejor. En el caso de que paciente no tenga muy buena sensibilidad en la lengua o en la boca, un familiar o acompañante debería probar antes la temperatura para evitar quemaduras.
13. Algunos alimentos conllevan más riesgo de atragantamiento: aquellos con textura fibrosa (espárragos, puerros, lechuga, piña), con piel u hollejo (uva, legumbres), con 2 consistencias (yogur con trozos de frutas, cereales con leche, sopa de fideos), los alimentos crujientes (pan tostado, corteza de pan, galletas, patatas chip) y los alimentos duros (caramelos, frutos secos). Hay que evitar el apio, las hojas duras de lechuga; las carnes con huesos, tendones, cartílagos y los pescados con espinas.
14. Comer lentamente y evitar distracciones.
15. Utilizar una cuchara pequeña (nunca jeringas ni pajitas). Ingerir pequeños volúmenes de comida.

Medidas posturales
– Hay que evitar alimentar a una persona cuando está acostada o con la cabeza inclinada hacia atrás. Antes de tragar, inclinar el cuerpo ligeramente hacia delante y coger aire.
– El paciente debe estar con el tronco erguido, preferiblemente sentado. Evitar estirarse inmediatamente después de comer.
– Si tiene uno de los lados de la cara paralizado, hay que inclinar la cabeza del paciente hacia ese lado a la hora de darle los alimentos.
– Hay que dar bocados pequeños, aproximando el cubierto con la comida desde abajo (desde la barbilla), nunca desde arriba (desde la frente).
– Si al paciente se le cae la comida porque no puede cerrar la boca, hay que ayudarle sujetando los labios con los dedos.

Muy habitual en pacientes con cáncer
Existe una relación directa entre la situación nutricional y las expectativas de supervivencia en los pacientes oncológicos. Según el doctor Jorge Contreras, miembro del Grupo de Tumores de Cabeza y Cuello (GEORCC) de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR) y vocal de esta sociedad, “hasta un 50% de pacientes con tumores avanzados presentan desnutrición por causas nutricionales”. Y más aún, un tercio de todas las defunciones por tumores malignos están justificadas por una mala situación nutricional, de ahí que sea tan importante saber actuar ante pacientes oncológicos que tengan disfagia. Está demostrado que la malnutrición disminuye la calidad de vida en estos pacientes, especialmente por la pérdida de masa muscular, astenia y por su influencia negativa sobre el aspecto psíquico, un hecho “que implica una mayor necesidad de asistencia sanitaria en general, siendo en muchas ocasiones el estado nutricional del paciente más importe para la calidad de vida y supervivencia que el propio estadio del tumor o tratamiento que se administra” asegura el doctor Contreras.

Según expuso este experto durante la III reunión internacional sobre el tratamiento de la nutrición y cáncer celebrado Madrid el año pasado, la finalidad de una intervención nutricional en el paciente oncológico es doble: por un lado el proporcionar un entorno nutricional adecuado y por otro, aportar los nutrientes específicos según la necesidad del paciente. Tal y como ha explicado Contreras, la malnutrición del paciente oncológico es debida, por una parte a factores relacionados directamente con el tumor por la liberación de sustancias anorexígenas (que disminuyen el apetito) o por el aumento de los requerimentos energéticos, y por otra a los distintos tratamientos administrados como la cirugía, radioterapia o quimioterapia, que provocan bien una disminución de la ingesta habitual o disfagia. La pérdida involuntaria de peso, anorexia-caquexia, es uno de los signos más frecuentes y complejos de abordar en los pacientes con cáncer, “una suma de diferentes factores que limitan la ingesta o de origen metabólico”. Además, los trastornos nutricionales se manifiestan con más frecuencia en los estadios avanzados “aunque no siempre es así ya que se pueden presentar en etapas muy iniciales de la enfermedad en el 15-35% de los casos, sin embargo es en las fases más avanzadas de la enfermedad cuando toman mayor intensidad entre el 60 y 80%”, agregó el vocal de la SEOR.



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