El aparato infernal

Es una tarde calurosa que no invita a trabajar, aunque funcione a pleno rendimiento el eficaz aire acondicionado. Apenas entra gente.

El aparato infernal, presente en casi todas las farmacias, ocupa un lugar destacado en el entorno de la botica y espera, sin prisas,  su próxima captura. Parece tranquilo y distraído, pero siempre está al acecho; no descansa, no titubea, no tiembla ante las posibles sorpresas de un  futuro incierto.

Entra Tirso y va directamente hacia sus garras, con una mirada en la que se intuye un punto de duda, incluso de temor. Las exigencias del médico no dan casi respiro. Se pone en manos del aparato, mira al frente y, tras unos segundos, recupera satisfecho la respiración. Hoy ha superado la prueba sin problemas.

Ahora llega el joven musculoso que se deja las horas en el gimnasio. Parpadea como siempre y rebusca en su bolsillo una moneda que tampoco encontrará esta vez. Una de las farmacéuticas se adelanta y le da la pieza necesaria para que funcione el artefacto. Al acercarse, las miradas de ambos se han entrecruzado con cierta intensidad. Habrá que estar a la expectativa. El apuesto deportista  también supera la prueba sin novedad. No importa, la máquina sabe esperar ese momento que siempre termina por llegar.

Una quinceañera alta y casi transparente se entretiene mirando infusiones y filtros solares hasta que localiza el aparato y se rinde a la tentación. En esta oportunidad, no cabe duda y habrá que seguir aguardando.

Son más de las siete cuando entra Pilar: una clásica.

El aparato sonríe en el interior de su entramado eléctrico. Aquí la victoria está asegurada y la fácil presa quedará rendida una vez más a su poder.

Pilar sube el escalón murmurando algo indescifrable entre los dientes, deposita la moneda con decisión y observa la pantalla.

– Te he dicho mil veces que esta báscula está mal, que pesa de más.

El aparato infernal ha vuelto a ganar otra batalla y Pilar no se lo merece del todo. Cualquier día desconectamos el enchufe del detestable peso por sus evidentes ínfulas de superioridad y su capacidad para enfadar a tantas personas.

¿O ahora son personos?

Que lío; decididamente, tengo que irme de vacaciones.

 



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