El baño perfecto.


Muchos lo odian: los que prefieren la ducha; otros lo tienen por uno de sus mayores placeres. Algo que de por sí es relajante y beneficioso para la salud, puede tener los efectos contrarios, dependiendo de las condiciones en que se toma: la temperatura, la duración, el tipo de jabón que se utiliza? Estos factores pueden ser una navaja de doble filo. Aquí te damos las claves para un baño perfecto y saludable: lo recomendable es bañarse con el agua a 37º C o menos y nunca más allá de 15 minutos. Bañarse con el agua muy caliente y durante un rato demasiado prolongado retira el manto hidrolipídico, la capa natural de protección de la piel hecha de agua y grasa. Todo ello acelera el proceso de envejecimiento de la piel, ya que al resecar la piel, ésta se estira y se agrieta. Además, el agua demasiado caliente tampoco es buena para las varices, al distender las venas y dificultar el recorrido sanguíneo de vuelta al corazón, ni para la celulitis. Nunca debes utilizar jabones abrasivos. Los mejores son los neutros, hidratantes y, a ser posible, hechos a base de glicerina. Tampoco conviene abusar de él, ni tan siquiera en zonas que más lo requieran, como los pies, las axilas y las áreas genitales. Respecto a la esponja, lo ideal es usar una vegetal, indicada sobre todo para quienes tienen la piel grasa y en las zonas en las que se acumulan células muertas. En cambio deben usarse con precaución en pieles secas y finas, ya que pueden resultar algo agresivas. Para evitar la aparición de hongos y bacterias en la esponja, un truco muy eficaz es hervirla y ponerla a secar escurriéndose al sol.



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