El dioscórides de laguna.

Si se hubiese de hacer una lista de los libros científicos más reeditados en nuestro país a lo largo de los tiempos, en un lugar preeminente encontraríamos la traducción que de La Materia Medicinal de Pedacio Dioscórides Anazarbeo, hace Andrés Laguna.

Laguna fue un médico renacentista contemporáneo de Carlos I y Felipe II. Nacido en Segovia, su aspecto era delgado, la nariz ganchuda y los ojos inquisitivos. De procedencia familiar judeo conversa, la desconfianza racial y religiosa le persiguió a lo largo de su vida, máxime cuando se mostró como uno de los primeros europeistas y erasmista, partidario de las reformas eclesiales sin dejar el seno de la Iglesia. Su libro vio la luz en 1555 y tuvo reimpresiones hasta finales del siglo XVIII. Se consideró de tenencia obligatoria en las boticas. En el siglo XX, un farmacéutico militar republicano, Pío Font Quer, escribió un magnífico texto, Plantas medicinales. El Dioscórides renovado, en donde se recoge la terapéutica popular. Es la referencia fundamental de muchos herbolarios o curanderos en la actualidad. Además, la edición que Andrés Laguna dedicó a Felipe II, coloreada a mano, se considera uno de los tres libros más bellos de España. Los originales del libro, sea cual sea la fecha de edición, pese a su teórica abundancia y al mal estado en que se encuentran por el mucho uso en las boticas, alcanzan precios astronómicos en las subastas de libros antiguos.

Andrés Laguna utilizó unos manuscritos griegos para redactar su texto. Es natural. El primer autor del mismo, Dioscórides, era un herbolario romano, escritor en griego, que siguió a los ejércitos de Nerón, en el siglo I, recolectando plantas. Sus manuscritos o sus copias fueron utilizados, más tarde, por los cristianos bizantinos en la Edad Media y por los árabes de Al Andalus. Durante el Renacimiento se tradujo a todas las lenguas romances. Con ello se ha convertido en un texto que se mantiene en uso, con adaptaciones y diferencias en su valoración, desde el siglo I hasta la actualidad.

Laguna era un hombre muy culto, que escribía muy bien y con gran sentido del humor. A consecuencia de esa característica, el libro se ha considerado no sólo científico, sino también literario.

Veamos lo que nos dice de las cantáridas, unas moscas verdes que nacen en Andalucía y Milán, con poder vesicante y empleadas como afrodisíacos desde la más remota antigüedad (se dice que Calígula las utilizaba para tal menester).

Se trata de una anécdota de regusto bocacciano cuya sintaxis actualizo:

En cierta botica de Metz, residiendo yo en aquella ciudad, fue ordenada una medicina que llevaba cantáridas, para cierto novio impotente: juntamente otra de cañafístula,

{es un purgante} para refrescar el hígado, y los riñones del Guardián de la Orden de San Francisco febricitante: y aconteció que trastocando los brevages por equivocación, el novio (el cual bevió la del fraile) llenó aquella noche de lodo o aún peor, a la cama y a la novia; y el fraile, por otra parte, que tomó la del novio, anduviese por todo el convento (como podéis bien pensar) hecho un endemoniado, que no bastaban pozos, ni algibes, ni estanques, para enfriarle.

Para ver la diferencia entre lo que nosotros pensamos sobre el valor estético de las rosas y los usos terapéuticos recomendados en el siglo XVI, leamos:

Por donde el al ilustrísimo y reverendísimo Cardenal Mendoza (debajo de cuya sombra y amparo se realizan estos trabajos) no lo suelo jamás purgar sino con dicho jarabe de rosas, con el uso del cual se halla siempre sano, fresco y gallardo; y muy libre de infinitas opilaciones, que ordinariamente le molestaban antes de que lo usase.

Los ejemplos, curiosos o divertidos serían infinitos. Les recomiendo la adquisición del texto. La Materia Medicinal de Pedacio Dioscórides Anazarbeo, en la traducción de Andrés Laguna, (Salamanca, 1566) con dibujos hermosísimos de Mattioli, el adaptador italiano, en edición facsímil con trabajos introductores de don Pedro Laín, Juan Riera, Aurora de Miguel, Juan Esteba de Sagrera, Juan Luis Tamargo y yo mismo, fue editado por la Fundación de Ciencias de la Salud y lo tiene a la venta la editorial Doce Calles. El libro de Pío Font Quer, hasta hace poco, se encontraba en todas las librerías, especializadas o no.

Con la lectura de esta obra, entramos en contacto con la ciencia y la literatura del siglo XVI y con el empleo de las plantas en terapéutica. Hierbas consideradas ahora medicinales, pero también flores, hortalizas, algunos animales, ciertas plantas americanas… En definitiva, la ciencia tomada como cultura, la cultura como ciencia y ambas al servicio de la salud humana a lo largo de los siglos.

En la actualidad, un gran poeta leonés, Antonio Gamoneda, ha quedado seducido por la belleza de las imágenes y la expresividad de las palabras del Dioscórides y ha reescrito el libro de los venenos, que se considera apócrifo. De ese texto, publicado en la editorial Siruela, en 1977, son las siguientes palabras:

La salamandra, en su figura, se parece a la lagartija, salvo que tiene el vientre más ancho, la cabeza muy aplastada y el cuero todo manchado de estrellas. Su complexión es tan fría que, echada sobre el fuego, si es pequeño, lo mata, ni más ni menos que la nieve o el yelo, de donde vinieron a persuadirse los hombres de que la salamandra se conservaba en las llamas y se mantenía de ellas, lo cual es falso, pues consta por la experiencia que si la constriñen a estar mucho tiempo sobre las brasas, al fin se muere y quema.

En fin?, la obra continúa.



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