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El dolor está insuficientemente controlado en el paciente mayor al final de la vida

“La realidad médica demuestra que muchas personas mayores al final de la vida presentan, en la mayor parte de los casos, un margen de mejora de su calidad de vida. Es más, en muchas ocasiones, todavía son capaces de asumir muchas decisiones que le atañen, tomando un rol activo en su propio proceso vital”. Estas declaraciones las ha realizado la doctora Pilar Sorando, médica geriatra de la residencia sociosanitaria Igurco Unbe, con motivo de la celebración en Bilbao de la conferencia titulada “Cuidados al final de la vida de la persona mayor dependiente”.
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La herramienta principal a través de la cual los médicos geriatras pueden mejorar la calidad de vida de las personas mayores al final de la vida y de sus cuidadores y familiares es la valoración geriátrica integral. “Nuestra formación como especialistas en el paciente mayor nos permite mejorar la exactitud diagnóstica y la identificación de las necesidades y problemas. Conociendo la situación del paciente, podemos predecir su evolución y observar cambios en el transcurso del tiempo”.

Gracias a la valoración geriátrica integral, “realizamos una valoración clínica (problemas médicos tradicionales, detección de síndromes geriátricos), funcional (el grado de capacidad que tiene el mayor para realizar actividades básicas e instrumentales de la vida diaria), mental (su estado cognitivo y afectivo) y social (red de interacción y relación social, necesidades y fuentes de soporte social)”, explica la geriatra de Igurco.

Procesos crónicos que pueden mejorar

La actuación de la medicina geriátrica ha demostrado su capacidad para mejorar la calidad de vida del paciente mayor al final de la vida. “Actuamos sobre diversos aspectos que incluyen en sus patologías crónicas o agudas, ya que abordamos a la persona mayor desde una perspectiva global, paliando en lo posible los síntomas y actuando para que el mayor realice todas las actividades que están todavía a su alcance”.

Y es que desde la geriatría, aplican también el leitmotiv del envejecimiento activo, en la medida de sus posibilidades, a las personas mayores al final de la vida. “Por ejemplo, si tenemos un paciente con una enfermedad cardiaca en un estado avanzado, quizá su capacidad de movimiento se haya anulado, pero eso no quiere decir que no pueda aprovechar toda su capacidad cognitiva para distraerse, aprender o relacionarse con su entorno”.

Cuando las enfermedades se encuentran en un estadio avanzado, “el médico geriatra se ocupa de detectar los síndromes geriátricos, establecer unos objetivos factibles y un plan de cuidados adecuado. Además, tratamos de lograr que el paciente mayor al final de la vida siga siendo, en la medida de sus capacidades, protagonista y dueño de sus propias decisiones, participando de manera activa en el proceso”.

Remedio contra el dolor, cansancio, disnea, alteración de la conducta…

“El dolor está insuficientemente controlado en el paciente mayor al final de la vida. Unas veces porque su propio deterioro cognitivo reduce su capacidad para expresarlo y otras, porque existe una cierta tolerancia en la sociedad a considerar que el dolor es algo inherente a estas etapas vitales. Sin embargo, es posible y exigible controlar el dolor en estos pacientes”, apunta la experta.

Además del dolor, que también se manifiesta en muchas ocasiones como un síntoma de las enfermedades osteoarticulares, los geriatras afrontan problemas como “alteraciones de la marcha, inestabilidad y caídas, hospitalizaciones prolongadas que derivan en inmovilidad, malnutrición, demencias, síndromes confusionales o delirium, trastornos del sueño, polifarmacia, incontinencia, estreñimiento y problemas dentro de la familia”.

Son aspectos en los que “una adecuada intervención geriátrica, realizada por especialistas, puede añadir un beneficio notable a la calidad de vida del mayor y, en muchos casos, a la calidad de vida de sus cuidadores, que son también víctimas de muchas incertidumbres, tensiones y estrés”.



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