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El epitelio de perros y gatos es una de las causas de alergia más frecuente entre la población española


 perros y gatosAunque la presencia de animales de compañía en nuestras casas no es nueva, es en estas dos últimas décadas cuando se ha generalizado su presencia en las viviendas urbanas. Ello ha conllevado paralelamente la presentación de enfermedades alérgicas, principalmente respiratorias como el asma y/o rinitis y conjuntivitis, debidas a la sensibilización por productos con carácter alergénico procedentes de estos animales. Se calcula que en España el 41% de los españoles posee algún tipo de animal, siendo perros y gatos las mascotas más frecuentes, según afirma la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).
 
La causa real de la alergia a los animales son las proteínas que se desprenden al ambiente a través de las escamas de la piel, la saliva o la orina de estos animales, y se depositan en las superficies con las que contactan. Cuando la sustancia transportadora se seca, las proteínas causantes quedan flotando en el ambiente.
 
La alergia a los animales puede tardar en desarrollarse varios años, y pueden producirse síntomas hasta 6 meses o más después de dejar de tener contacto con el animal. Las alfombras y los muebles pueden retener cantidades relevantes de alérgeno hasta 6 meses después de contacto con el animal, por lo que estos alergenos pueden permanecer en el ambiente varios meses después de que el animal haya salido de la casa.
 
Nuevas mascotas, nuevas alergias
Las alergias a animales más frecuentes son a los gatos y perros, pero también se produce por el contacto con hámsteres, ratones, cobayas, pájaros, caballos y aves de corral. La moda de las mascotas exóticas está teniendo consecuencias inesperadas. En este sentido, el contacto con especies a las que no estamos habituados puede provocar la aparición de nuevas alergias. En España, los médicos están diagnosticando alergias provocadas por serpientes, iguanas ardillas y hurones. “La mayoría de la gente asocia las alergias con animales de pelo y no con reptiles. Sin embargo, ya se han publicado estudios que demuestran, por ejemplo, alergia y asma causados por una iguana”, explica el doctor Tomás Chivato, presidente de la SEAIC.


No siempre son los responsables

Desde el punto de vista del tratamiento de las enfermedades alérgicas producidas por alergenos de origen animal, la mejor solución es evitar totalmente el contacto y la convivencia con el animal en cuestión. Sin embargo, esta solución a menudo no es la más acertada al no ser la mascota el origen de la patología alérgica que presenta un paciente y por consiguiente, además de no lograr la curación del enfermo se crean problemas de tipo sentimental que desemboquen en situaciones conflictivas y dolorosas. “El 60% de los pacientes alérgicos a sus mascotas no se desprenden de ellas, ni siquiera después de que nosotros mismos se lo hayamos recomendado para evitar los síntomas”, comenta el presidente de la Sociedad. Por ello es sumamente importante en estos casos disponer de un diagnostico etiológico de la enfermedad alérgica que presenta cada paciente, es decir, debe establecerse con toda seguridad la relación causa-efecto entre la entrada en contacto con los productos animales y la aparición de los síntomas clínicos y sólo en caso de resultados positivos, es cuando deberán emprenderse las oportunas medidas preventivas o terapéuticas.
 
En los casos en los que no puedan utilizarse medidas que eviten la exposición y contacto con el alergeno el consejo terapéutico del alergólogo es fundamental ya que es quien podrá valorar la utilidad de medidas parciales de desalergenización, tales como:

  • Evitar que el animal penetre en la habitación del paciente.
  • Eliminar los objetos donde pueden acumularse epitelios (alfombras, sofás, etc.).
  • Limpiar con aspiradores provistos de filtros.
  • Lavar al animal semanalmente.
  • Hacer el consiguiente tratamiento médico, principalmente la inmunoterapia antígeno-específica cuya eficacia está demostrada en un alto porcentaje de pacientes, junto con otros tratamientos sintomáticos que permitan una buena calidad de vida al paciente hasta que no hagan efecto las medidas de evitación o la disminución de la respuesta alérgica mediante la inmunoterapia.


 



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