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El farmacéutico: una figura esencial en el autocuidado de la salud




 

Hablar de salud nos hace
pensar casi instantáneamente en la figura del médico y en los hospitales. Sin
embargo, olvidamos en muchas ocasiones el papel fundamental que desempeña la
oficina de farmacia y, concretamente, el farmacéutico a la hora de velar por
nuestra buena salud. Afortunadamente, no todas las enfermedades y dolencias que
padecemos requieren una visita a la consulta del médico y pueden ser fácilmente
resueltas gracias al consejo del farmacéutico.






Fundación COFMANEFP (*)






En una sociedad desarrollada como
la española cada vez es más frecuente que el ciudadano participe activamente en
el cuidado de su propia salud. Esto se debe en buena medida al aumento de la
información y la educación sanitaria que recibimos, pero también a un cambio de
mentalidad que nos hace ser menos pasivos y más activos en la búsqueda del
bienestar. Esto se traduce en un mayor interés por el autocuidado de la salud,
entendido como la resolución de los trastornos y dolencias leves a través del
consejo del farmacéutico y de la utilización de los medicamentos diseñados para
este fin, que no son otros que los autorizados para su venta sin receta al
estar destinados al tratamiento de sintomatologías leves. Tratar de aliviar
estos síntomas a través de medicamentos que requieren de una prescripción
médica, sólo puede llevarnos a una automedicación arriesgada y peligrosa que
sólo perjudicará nuestra salud.

Por este motivo, la figura del
farmacéutico adquiere una relevancia especial e imprescindible en el
autocuidado de la salud. Este profesional sanitario está capacitado para
distinguir los trastornos y enfermedades que son leves de aquellas patologías
que requieren la atención de un médico. Asimismo, nos aconsejará sobre los
medicamentos más adecuados para paliar nuestro problema y nos indicará cómo y
cuándo debemos tomarlos y durante cuánto tiempo. Es precisamente el consejo del
farmacéutico lo que diferencia al auténtico autocuidado de la salud de la
automedicación arriesgada y peligrosa que mencionábamos anteriormente.

Los medicamentos que el
farmacéutico aconsejará a las personas que se acerquen a una oficina de
farmacia presentando un síntoma leve llevan incluido en su cartonaje las siglas
EFP, lo que implica que han sido concebidos específicamente para el tratamiento
de síndromes menores como dolor menstrual, muscular, congestión nasal, tos,
estreñimiento, diarrea, mareos, insomnio, etc. y que no requieren un
diagnóstico médico preciso. Estos medicamentos, que se dispensan sin receta,
presentan las mismas garantías de seguridad, eficacia y calidad que los
fármacos que sí necesitan de una prescripción médica.

Sin embargo, estos fármacos, como
cualquier otro medicamento, tienen sus contraindicaciones y sus posibles
efectos secundarios, por lo que es imprescindible el asesoramiento del
farmacéutico en cuanto a su toma, dosis y duración del tratamiento, así como comunicarle
cualquier otro medicamento que estemos tomando para evitar interacciones que
puedan resultar perjudiciales.

(*) La Fundación COFMANEFP está integrada por el Colegio Oficial de
Farmacéuticos de Madrid y la Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp)



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