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El incremento de los niveles de NO2 en el aire interior se relaciona con aumento de tos nocturna, sibilancias y uso de broncodilatadores

El ser humano pasa alrededor del 80% de su tiempo en espacios cerrados. Los colegios, la oficina, el taller, los centros comerciales y por supuesto la vivienda suelen ser los lugares donde pasamos más horas de nuestra vida. Sin embargo, cuando hablamos de contaminación del aire siempre pensamos en el tráfico y el humo de las fábricas o las centrales eléctricas, pocas veces nos planteamos cuál es la calidad del aire que respiramos en nuestro entorno más cotidiano. Un articulado titulado “Contaminación del aire interior y su impacto en la patología respiratoria” publicado en Archivos de Bronconeumología, la revista científica de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, SEPAR, explica como los contaminantes del aire interior son también un factor de riesgo para la salud respiratoria. Las infecciones de tracto respiratorio en niños, la EPOC y los tumores en la vía respiratoria en adultos son las principales patologías causantes de muerte atribuibles a la mala calidad del aire interior.

Ante la variedad de causas y factores de riesgo, los neumólogos creen que necesario estandarizar sistemas de medida y de monitorización de la exposición que ayuden a prevenir los efectos que sobre la salud puede tener la mala calidad del aire interior. “Los contaminantes presentes en el aire interior se han relacionado con múltiples enfermedades respiratorias, en algunas con elevado nivel de evidencia -como en el caso del asma, la EPOC, las infecciones respiratorias, la rinitis o el Cáncer Pulmón y en otras con menor evidencia, pero con datos que lo sugieren con cierta solidez -como la tuberculosis pulmonar o la neumonitis por hipersensibilidad” explica el Dr. Ramón Fernández Álvarez, coordinador del Área de Medio Ambiente de SEPAR.

Los potenciales contaminantes del aire interior y por tanto los procesos patológicos derivados de ellos son diferentes según el nivel de renta o la localización geográfica. Si en los países menos desarrollados la contaminación tiene principalmente su origen en el uso de biomasa para cocinar o calentar la casa y la falta de ventilación, en los países desarrollados, como España, la contaminación viene dada por la arquitectura de los edificios, los materiales de construcción, los sistemas de ventilación y aire acondicionado y la propia contaminación exterior.

El objetivo de la ventilación es aportar aire en un nivel suficiente para diluir los posibles contaminantes, pero la ventilación puede no ser útil cuando su volumen es inadecuado, existe un alto nivel de recirculación o una distribución ineficiente que deja zonas sin ventilar, elevando así el nivel de contaminantes. Por otro lado, los sistemas de aire acondicionado con mal mantenimiento se asocian a un aumento de síntomas respiratorios, oculares o cutáneos de los ocupantes. El ejemplo más claro de los efectos nocivos de un mal mantenimiento de los sistemas de ventilación o aire acondicionado son los brotes de Legionella que intermitentemente se producen en España.

Desde el exterior también se produce la entrada de contaminantes como monóxido de carbono (CO), hidrocarburos y óxido de nitrógeno generados en centrales energéticas y procesos industriales. Otros contaminantes se filtran a través de los cimientos del edificio (vapores de gasolina, emanaciones de cloacas y radón). El incremento de los niveles de NO2 en el aire interior se ha relacionado con mayor frecuencia de tos nocturna, sibilancias y utilización de medicación broncodilatadora, tanto en niños como en adultos.

Los materiales de construcción, el mobiliario y el uso de productos químicos influyen en la calidad del aire. Así, aparatos de calefacción, cocinas, estufas, refrigeradores o hornos a gas pueden liberar distintos contaminantes. El principal es el CO o monóxido de carbono, un gas incoloro e inodoro que se produce cuando la combustión no es buena. A bajas concentraciones puede producir síntomas respiratorios en individuos sanos y agudizaciones en pacientes con enfermedades cardiopulmonares crónicas, ya que disminuye el aporte de oxigeno a los tejidos. Es frecuente en invierno intoxicaciones por CO debido a estufas que no funcionan bien.

Las fibras de vidrio que se usan como aislante térmico en los sistemas de aire acondicionado se degradan fácilmente y se descomponen en partículas que se pueden incorporar a los conductos de aire y alcanzar el tejido pulmonar por inhalación. También el asbesto utilizado en materiales de aislamiento puede emitir fibras. Aunque es un material de uso no recomendado por la OMS no debe olvidarse que está presente en muchas construcciones antiguas y que puede ser fuente de contaminación durante trabajos de mantenimiento o rehabilitación. El asbesto está claramente reconocido como agente carcinógeno.

La fuga de gases tóxicos a través del suelo bajo las casas o de los servicios de aguas puede producir contaminación del aire interior. La principal fuente es la emisión del gas radioactivo radón. El radón es un gas incoloro, inodoro e insípido, con un peso 7 veces superior al del aire, que se emite por desintegración del uranio en las rocas y en la tierra. El radón se filtra a través del suelo, se difunde en el aire y se concentra en espacios cerrados y poco ventilados. La inhalación continuada a concentraciones altas eleva el riesgo de padecer cáncer de pulmón.
Los niveles que pueda alcanzar el radón dependen de las características geológicas del terreno, de los materiales de construcción y de la ventilación del edificio. En un estudio reciente se ha observado que por cada 100Bq/m3 de incremento de radón, la mortalidad por EPOC aumentaba un 13%. El radón fue el primer agente ambiental identificado como causa de cáncer.

El mobiliario de habitaciones y los productos utilizados en la limpieza y en actividades artísticas y artesanales son fuente de emisión de compuestos orgánicos volátiles (COV) que incluyen formaldehído, benceno o tolueno. El formaldehído ha sido clasificado como un carcinógeno humano, y es común su presencia en madera contrachapada, paneles y aglomerados usados en la industria del mueble. El envejecimiento favorece el aumento de su concentración en el aire, también aparece durante los primeros meses de envejecimiento de algunos barnices. El benceno es un producto carcinogénico que tiene como fuentes principales pinturas, resinas, aceites, plásticos y detergentes.

Los COV penetran fácilmente en la vía aérea por su capacidad para presentarse en forma de vapores o gases. Estudios recientes confirman un incremento de la prevalencia de asma en niños del 3% por cada 10µg/m3 de aumento en los niveles de formaldehido. En un estudio caso-control con niños se demuestra que la exposición a otros COV como el acetaldehído o el tolueno incrementa significativamente la prevalencia de asma.

Endotoxinas, bacterianas, hongos y ácaros del polvo son los principales contaminantes biológicos. Los niveles de estos contaminantes son muy variables y se modifican en función de
las condiciones climatológicas y la limpieza. La acumulación de material orgánico sirve como nutriente a hongos y bacterias, por lo que la madera, el papel, la pintura y las alfombras pueden albergar microorganismos.

La mayor parte de antígenos en el aire interior proceden de los ácaros del polvo y de hongos, presentes en ropa de cama, alfombras y muebles. Se ha demostrado que la exposición al ácaro del polvo es un factor fundamental en la sensibilización y el desarrollo de patología atópica. La exposición a hongos puede provocar alergias, infección y efectos irritantes. También se ha relacionado con la prevalencia de asma, con peor control de la enfermedad o con más exacerbaciones La humedad y el calor favorecen su crecimiento y pueden encontrarse en duchas o sótanos con altos niveles de humedad, y también en el agua de los humidificadores o en sus filtros.



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