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El medicamento a pie de obra.

El medicamento a pie de obra.

Cuando se produce un cambio
en los precios de las medicinas que prescribe el médico, (casi siempre para
bajarlos, aunque el usuario apenas lo note en su  propio bolsillo), se origina un cierto espacio
de tiempo en que no es fácil asegurar el abastecimiento de los fármacos hasta
el último rincón de una geografía nacional especialmente dificultosa.

Los expertos en la materia
advierten de la desaparición de ciertos fármacos durante un pequeño periodo de
tiempo, mientras que la cadena de distribución vive en la cuerda floja porque
sabe que cualquier rotura de stockajes no tendrá una solución inmediata.

Éste es precisamente el
barranco de obstáculos que hemos atravesado durante el mes de febrero y que se
prolonga un poco a los primeros días de marzo. Lo que nunca suele pasar, ha
sucedido, y los boticarios han hecho volver a las farmacias a los ciudadanos un
par de veces porque no tenían todos los medicamentos que precisaban. Menos mal
que casi siempre los enfermos crónicos no agotan las existencias y tienen unas
pequeñas reservas para medicarse durante cuatro o cinco días.

Esto es algo que no deja de
ser anecdótico, aunque molesto desde luego, porque lo que nos pasa
habitualmente, lo  normal,  es que encontremos cualquier fármaco en el
último rincón y en la más pequeña farmacia, o que a lo sumo nos lo puedan hacer
llegar en pocas horas.

Es cierto que estamos en el
siglo XXI y en la era de las comunicaciones, pero también lo es que cuando se
nos olvida un medicamento en casa o vivimos en un pequeño núcleo, en ocasiones
aislado por la climatología o el estado de las carreteras, lo primero que llega
son los productos que nos facilita el farmacéutico mediante un servicio de
distribución que no conocemos bien, pero que siempre nos permite tener a
nuestra disposición lo que necesitamos para curar o paliar nuestras
enfermedades.

Ahora que todo el mundo habla
de El Quijote, un buen poeta
farmacéutico asegura que Sancho Panza fue el primer transportista de
medicamentos y su Rucio el mejor antecedente de las furgonetas actuales que
todos conocemos por sus logos y anagramas sanitarios, y que hacen llegar los
medicamentos con puntualidad allí donde un farmacéutico los reclama.  Sancho, como buen escudero, portaba remedios
y bálsamos mágicos para restañar las heridas y fracturas de su peculiar
caballero andante. No sabía hacer  las
mezclas, aunque trataba de aprender, pero siempre disponía de un poco de todo
lo que su amo le pedía.

Hoy, salvo excepciones no
imputables al servicio de distribución, en las farmacias podemos encontrar sin
dificultad cualquier ungüento y es bueno que, de vez en cuando, sepamos
apreciarlo como se merece.



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