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El paciente nigeriano ingresado en Alicante no tiene ébola

Los análisis médicos efectuados en el Instituto de Salud Carlos III de Madrid al hombre de origen nigeriano que el pasado sábado ingresó en el Hospital Sant Joan de Alicante con síntomas de poder tener ébola han revelado que no está infectado con el virus, según el análisis realizado por el Centro Nacional de Microbiología de Majadahonda. El paciente seguirá en aislamiento durante las próximas horas hasta que los médicos, ya sabiendo que no hay existencia de ébola, valoren cual es la enfermedad que padece, que sigue siendo desconocida, según recoge el diario El Confidencial.

En la tarde del sábado, 16 de agosto, en el Hospital General de Alicante, un paciente con posibles síntomas de ébola hizo saltar todas las alarmas. El individuo, un nigeriano que había estado recientemente en el país africano (según detallaba ayer Europa Press) fue trasladado inmediatamente al centro de referencia para estos casos, el Hospital Universitario de Sant Joan, uno de los dos establecidos en la Comunidad Valenciana para atender estas emergencias, junto con el valenciano de La Fe. El paciente presentaba más de 38,3 grados de fiebre, límite considerado como posible síntoma de la enfermedad.

La dirección del Sant Joan se apresuraba a publicar anoche mismo un comunicado en el que, tras confirmar la existencia de este posible caso del virus mortal del ébola, tranquilizaba a la población, a la que considera “protegida de un posible contagio” tras activarse los protocolos pertinentes. Tras su primera noche en el hospital, el individuo nigeriano presenta “un cuadro clínico estable” y se encuentra “fuera de la gravedad” según las fuentes consultadas.

El paciente fue ingresado en un área de aislamiento con presión negativa (para evitar que circule el aire hacia el exterior del recinto) del hospital alicantino y le fueron extraídas muestras para su análisis, que fueron conservadas y protegidas en un tubo precintado y sometido a una temperatura de conservación. Según han explicado a El Confidencial especialistas en enfermedades infecciosas que han manejado en otras ocasiones pruebas similares, las muestras obtenidas se guardan en cajas a modo de “muñecas rusas”, unas dentro de otras, de forma hermética, para que no sea posible que se derrame el líquido, y protegidas además con papel absorbente.

Un vehículo especial para transportar muestras de estas características las trasladaba anoche desde Alicante al Centro Nacional de Microbiología de MajadahondaUn vehículo especial para transportar muestras de estas características las trasladaba anoche desde Alicante al Centro Nacional de Microbiología de Majadahonda, en Madrid, para proceder a su análisis. No se sabrá si se trata de un caso de infección por ébola hasta dentro de 24 ó 48 horas (un test más rápido, pero menos fiable, permite indicar antes un posible resultado).

De esta forma, Sanidad concentra en un mismo instituto madrileño el estudio de las muestras extraídas al padre Miguel Pajares, fallecido el martes día 12 en el Hospital Carlos III tras ser repatriado desde Liberia, y las del posible caso del virus detectado en Alicante en el paciente nigeriano, cuya hermana se encuentra también ingresada, aunque sin síntomas, como medida preventiva.

“Material de riesgo biológico”

Hasta hace dos días, el Centro Nacional de Microbiología de Majadahonda tenía sólo sobre las mesas de sus laboratorios las muestras del sacerdote de la congregación San Juan de Dios. Le fueron tomadas durante su ingreso en la zona aislada que se habilitó en el Carlos III para su tratamiento y fueron trasladadas también en embalajes especiales al instituto para evitar que el virus pudiera propagarse, según ha podido saber este periódico de fuentes del hospital.

En un embalaje similar al de Alicante, el del padre Pajares iba etiquetado con una pegatina que rezaba “material de riesgo biológico”. La muestra, que tuvo que estar refrigerada a cuatro grados hasta el momento de su transporte, fue llevada hasta Majadahonda en uno de los vehículos que se suelen emplear de forma convencional para transportar este tipo de materiales, ya que el embalaje utilizado para aislar el ébola es considerado un protector perfecto que no requiere medidas de seguridad complementarias.

El objetivo de llevar la muestra al Centro Nacional de Microbiología de Majadahonda fue analizar el virus para dar un diagnóstico positivo. Este procedimiento es el que lleva a cabo este laboratorio con otras muchas enfermedades infecciosas como la hepatitis o la malaria. Las muestras de sangre, sin embargo, fueron analizadas y eliminadas en el propio Hospital Carlos III durante la estancia de Miguel Pajares en el centro.

Protocolo estricto en el Hospital Carlos III

Según subrayan las fuentes consultadas por El Confidencial, los trabajadores del Carlos III cumplieron a rajatabla un protocolo “extremadamente complicado” hasta en los últimos detalles. Incluso con las heces del sacerdote se debía respetar un procedimiento estricto: fueron guardadas en unas cajas de color negro para ser incineradas con el objetivo de evitar que pudieran causar un contagio posterior a través del agua.

El centro utilizó además un ascensor y un pasillo exclusivo para pacientes muy contagiosos, infraestructura que no existe en otros hospitales del país. En la nueva ubicación de enfermedades infecciosas y tropicales en el edificio del Hospital de la Paz “no se podrán llevar adelante este tipo de protocolos” tras el desmantelamiento de los servicios de enfermedades infecciosas del Hospital Carlos III, según denuncian estas fuentes.

El desmantelamiento del Carlos III como hospital especializado -se ha convertido en un centro de estancia para enfermos de corta y larga duración- “puede convertirse en un riesgo sanitario”. La eliminación de las habitaciones de presión negativa -no dejan salir el aire de la habitación- podría hacer que los pacientes con enfermedades contagiosas propaguen su patología a través del aire.

Además, al no existir un protocolo de urgencia específico para enfermos infecciosos en La Paz, una persona que padezca una enfermedad contagiosa “es una auténtica bomba de relojería en una sala de espera convencional. Los enfermeros y auxiliares, al no haber estado habituados a tratar este tipo de enfermedades, tampoco saben qué procedimientos seguir, por lo que ponen en peligro la salud del paciente y de los propios sanitarios”, sostienen las mismas fuentes.





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