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El príncipe de los médicos.

El príncipe de los médicos.

En la interesante novela El
Medico del autor Noah Gordon se describe el afán de un hombre del siglo XI por
aprender el arte de curar a sus semejantes. Este interés le llevara desde su
Inglaterra natal hasta Persia, donde conocerá al legendario medico Ibn Sina,
que esta experimentando con las primeras armas de lo que posteriormente será la
medicina moderna. Aunque esta novela es un a obra de ficción algunos de sus
personajes son figuras históricas, entre ellas esta el medico Ibn Sina,
conocido también como Avicena, considerado como el representante clásico de la
medicina árabe, y su obra de medicina El Canon, la quintaesencia de la ciencia
medica greco-oriental.

Avicena nació el año 980 en Afsana, villa al norte de Persia
en el Turquestán,
Su padre bien acomodado, pertenecía a la administración pública. Desde niño manifestó
sus extraordinarias dotes intelectuales, que empleó en el estudio del Corán, Derecho
Lógica, Geometría, Ciencias religiosas, Astronomía, Filosofía y Medicina. Antes
de los 20 años ya era un consumado experto en medicina pudiendo curar así al sultán
de Bujara, el cual, agradecido le abrió las puertas de su biblioteca para que
pudiera continuar sus estudios. Huérfano y heredero de la fortuna de su familia
a los 22 años, inició una vida política agitada y en muchos casos peligrosa.
Fue favorito y visir del emir Mayd al-Dawla, a cuya muerte cayó en prisión.
Escapado de ésta se acogió al emir de Ispahán Ala al-Dawla, que le nombró su
ministro. Padeció durante casi toda su vida de una grave disentería crónica;
esta enfermedad le trajo la muerte cuando viajaba con su emir de Ispahán a
Hamadan, en el año 1037. Su biografía la escribió un íntimo amigo, al-Yuzayani,
según el cual, Avicena compuso su inmensa obra generalmente en las peores (mala separación) condiciones: en prisión, durante las
expediciones y por la noche cuando las tareas le dejaban lugar y sosiego. Lo
que escribía, se discutía después con sus discípulos. Su pensamiento constituye
una de las piezas claves de la historia de la Filosofía, no sólo respecto al
mundo musulmán, sino también en el Occidental, concretamente en la formación y
desarrollo de la Escolástica cristiana.

Como hemos comentado, Avicena
es el más famoso médico de Oriente y Occidente, que sentó cátedra en las
universidades europeas hasta bien entrado el siglo XVI. En su obra dedica máximas
muy dignas de tener en cuenta: diferencia entre alimento y medicamento, el
alimento es lo que nutre, lo que hace crecer y mantener el cuerpo, mientras que
el medicamento es el que vence el mal que se produce en éste. Nos explica que
la mejor alimentación es la que se convierte en sangre pura, por ejemplo el pan
de sémola o la carne de pollo; el pescado de rocas, de alimento muy
consistente, es bueno para los que trabajan en tareas fatigosas; se tendrá
cuidado con las sustancias de sabor muy fuerte, como son la mostaza y el ajo,
porque engendran bilis amarilla; el pan de trigo produce bilis negra y la leche
pituita.

Para conservar la salud, las
recomendaciones que da son: vivir en un país de clima moderado donde el aire
sea sano; dormir en las habitaciones del piso superior y por el día habitar las
inferiores; no llevar vestidos de lana ni de algodón, sino de lino, y
perfumarse con aromas fríos como es el aceite de rosas; protegerse los ojos
contra el polvo y no respirar humos ni vapores malsanos, evitar los rayos de
sol muy fuertes del mediodía, no leer mucho tiempo escrituras muy pequeñas y de
caligrafía difícil de entender.

Por lo que se refiere a la
bebida, el agua con hielo no debe tomarse salvo en los casos de obesos y sanguíneos;
no convine beber en la mesa ni después de la comida, ni a la salida del baño
caliente, ni después del ejercicio violento y de tener relaciones sexuales,
pues puede ser peligroso; y no hay que abusar del vino ni emborracharse; si
esto ocurre, que sea sólo una vez por mes, porque el vino en pequeña cantidad
es útil pero en grandes es peligroso; en el verano es mejor tomar vino blanco
por ser más ligero y sutil; en el invierno, se hará lo contrario que se ha
establecido para el verano y se completará la nutrición con un régimen de sueño
apropiado.

Acabamos nuestro pequeño
encuentro con Avicena considerando el apartado que en su obra dedica al
viajero. El que viaja en invierno, evite el mar; si va a hacerlo por tierra,
llevar agua en recipientes, alimentos húmedos y laxantes. Si en el viaje se le
multiplicaran los piojos, hará un cordón de lana impregnado de mercurio y se lo
colocará al cuello. Si recorre un país frío le conviene tomar baños de agua
caliente, cubrir su vista con un velo negro por si el frío nubla su vista,
darse fricciones de aceite y llevar una alimentación rica.



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