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El sudor. quítale cerco.

El sudor. quítale cerco.

En
alguna ocasión hemos pasado un mal rato por su culpa, pero su presencia es
inevitable, sobre todo en esta época del año. Se trata del sudor, un mecanismo
natural de nuestro cuerpo por el que se regula la temperatura corporal y se
eliminan sustancias nocivas para la salud.

Un líquido
necesario pero molesto

La
función esencial del sudor es la de regular la temperatura corporal, ya que
cuando se evapora de nuestra piel reduce el calor y nos refrigera, por lo que
su importancia es esencial para el perfecto funcionamiento del organismo, sobre
todo en verano, cuando las altas temperaturas nos afectan de manera especial.
Junto a esta función, el sudor desarrolla otra no menos importante, ya que
actúa como una magnífica depuradora de nuestro cuerpo, expulsando a través de
la piel todas aquellas sustancias nocivas y de desecho que sobran en nuestro
interior.

Visto
así, parece no haber motivos para considerar al sudor como un enemigo natural
del hombre. Pero lo cierto es que, aunque todos sudamos, la presencia física de
este líquido no ha estado nunca bien considerada socialmente, sino todo lo
contrario. La más pequeña muestra de sudor en nuestra piel o en nuestras
prendas rompe con los principios fundamentales de la estética. Algo similar ocurre
cuando el sudor emite olores desagradables. En este caso, esta señal natural
del cuerpo humano puede llegar a desacreditar a una persona y a ser motivo para
que sea mal contemplada por el resto de la sociedad. Por ello, son muchas las
personas que desarrollan verdadero pánico a sudar en público y que tratan de
hallar soluciones duraderas y efectivas para evitar cualquier signo de su
presencia.

Manantiales de sudoración

Las
glándulas sudoríparas, situadas en el tejido subcutáneo, son las encargadas de
producir este líquido compuesto fundamentalmente por agua, en la que se
encuentran disueltos lactatos, cloruro sódico y amoníaco. Estas glándulas
pueden ser de dos tipos; ecrinas y apocrinas.

                -Glándulas ecrinas:
Producen el sudor habitual de nuestro organismo. Existen entre 1 y 4 millones
repartidas por todo el cuerpo, aunque su distribución es diferente en cada
individuo. No obstante, lejos de lo que podamos pensar, no son las axilas las
zonas donde existen un mayor número de estas glándulas, sino el dorso de las
manos y las yemas de los dedos, donde podemos tener hasta 700 por centímetro
cuadrado.

                -Glándulas apocrinas: Son
las responsables de que sudemos excesivamente en circunstancias especiales como
el estrés o la ansiedad. Se sitúan en las axilas, las glándulas mamarias y el
perineo, y producen un líquido lechoso que genera el olor corporal de cada
persona. Así, aunque creamos lo contrario, el sudor no huele por sí solo, sino
que el mal olor es producido por el contacto de sus componentes con las bacterias
que recubren nuestra piel.

Sudar más no es casual

Nuestro
organismo está constantemente drenando una cierta cantidad de sudor a la
superficie cutánea, donde se mezcla con otras sustancias al tiempo que se va
evaporando. En condiciones normales de reposo, sin realizar ningún tipo de
esfuerzo físico, eliminamos diariamente entre ½ y 1 litro de sudor, aunque
puede aumentar hasta 1?5 litros por hora cuando la temperatura corporal es
elevada o hacemos algún tipo de ejercicio físico, o hasta los 4 ó 5 litros por
hora en el caso de los deportistas de elite. De ahí la importancia de mantener
una buena hidratación.

La
cantidad y composición del sudor pueden variar, ya que estos parámetros
dependen del sistema nervioso vegetativo, encargado de controlar las
funciones de los órganos internos, y el sistema nervioso central,
responsable de las emociones que pueden favorecer la sudoración.

  • ¿Cómo influye el
    sistema nervioso vegetativo?
    (quita los dos puntos).Modifica la secreción
    del sudor en función de la temperatura corporal, que debe mantenerse
    siempre constante dentro de unos límites. Cuando el núcleo central de este
    sistema, el hipotálamo, detecta un aumento de la temperatura corporal, sus
    células envían un estímulo a través de los nervios a las glándulas sudoríparas,
    haciendo que éstas aumenten la producción de sudor. Este sudor se
    evaporará en nuestra piel consiguiendo que se enfríe la superficie de
    nuestro cuerpo y, por tanto, disminuyendo la temperatura del resto del
    organismo. Se trata, por tanto, de una reacción para evitar que la
    temperatura aumente.

El incremento en la producción de sudor contribuye a que desciendan en
su composición los niveles de sales minerales, especialmente de cloruro sódico,
ya que buena parte de este elemento es reabsorbido por el organismo para
compensar las pérdida que produce la mayor eliminación de líquidos..

·        
¿Cómo interviene el sistema nervioso central? (quita los dos
puntos).Modifica la secreción de sudor en función de determinados factores
psíquicos. Así, ante determinados estados mentales, como las emociones intensas
o el estrés, este sistema suele responder con una elevada producción de sudor
que se intensifica especialmente en las glándulas sudoríparas de las palmas de
las manos y las plantas de los pies.

Remedios
eficaces para que no se note

Las
soluciones para evitar las indeseables huellas del sudor han existido desde
hace siglos, en muchas culturas y civilizaciones. Uno de los ejemplos más
antiguos de los que se tiene constancia es el de la antigua Roma, donde los hombres
se aplicaban unas almohadillas aromáticas en las axilas para combatir el mal
olor.  Después han ido apareciendo
diversas soluciones y remedios hasta que, a finales del siglo XIX, surgen los
desodorantes tal y como los conocemos hoy, aunque su uso no se generalizará
hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Actualmente
podemos encontrar en el mercado dos tipos de desodorantes:

               

                –Con alcohol y perfumes:
encubren el olor controlando la acción de las bacterias presentes en la axila
mediante el alcohol. Su eficacia dura hasta que desaparece el perfume. Ya han
sido prácticamente sustituidos por los antitranspirantes, debido a que éstos
son menos nocivos.

               

                –Antitranspirantes:
emplean bases de aluminio para taponar la primera capa de los poros y evitar así
la emisión de líquido. En condiciones normales son eficaces durante 24 horas,
aunque si aumenta la sudoración, la humedad puede eliminar las partículas. No
resultan nocivos, ya que el sudor es eliminado por otras zonas del cuerpo. No
obstante, pueden ocasionar irritaciones en algunas pieles.

Hiperhidrosis,
la patología del sudor

El
sudor puede convertirse en una patología. Ese es el caso de la hiperhidrosis,
una alteración de las glándulas sudoríparas que produce una sudoración excesiva
y permanente en algunas zonas del cuerpo.

El
paciente que la sufre puede ver seriamente condicionada su vida social e
incluso laboral por este hecho. De ahí su búsqueda desesperada por hacerse con
remedios eficaces y duraderos para combatirla. este mal. Entre los remedios más
extendidos, se encuentran los siguientes:

Tratamiento
farmacológico tópico
, mediante fármacos ?antimuscarínicos? (atropina,
escopolamina, biperideno, tropicamida, homatropina, entre otros) que bloquean
la sudoración dando lugar a una piel seca y caliente.

Antitranspirantes,
que consiguen mitigar la presencia del sudor, pero sólo temporalmente.

Iontoforesis,
que consiste en tratar la zona afectada con descargas eléctricas que inhiben la
acción de las glándulas sudoríparas durante unos días. Este tratamiento es caro
y no está cubierto por la Seguridad Social.

Toxina
botulínica
, que se inyecta en las glándulas y paraliza su actividad durante
seis meses. Sólo se aplica en casos de cierta gravedad.

Cirugía.
Es una opción extrema consistente en la sección o extirpación de los ganglios
nerviosos que regulan la función de las glándulas sudoríparas. Es una
intervención arriesgada porque es necesario mover los pulmones de su sitio, por
lo que debe ser realizada por especialistas. Además, se han registrado algunos
efectos secundarios en los pacientes, como la excesiva sequedad en la piel de
la zona intervenida o el notable aumento de sudor en otras partes del cuerpo
como la espalda, el abdomen y las piernas.



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