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La atrofia cerebral, clave en el diagnóstico de la esclerosis múltiple

La atrofia cerebral, clave en el diagnóstico de la esclerosis múltiple

En el marco de la LXVI Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología (SEN), profesionales sanitarios relacionados con el manejo del paciente con Esclerosis Múltiple (EM) se han dado cita en el simposio “Fingolimod: año tras año cumpliendo expectativas”, organizado por Novartis, durante el cual han podido debatir e intercambiar conocimientos sobre el abordaje de la EM y analizar los últimos avances científicos en el enfoque terapéutico de la patología.

La EM es una enfermedad inflamatoria crónica neurodegerativa del Sistema Neurológico Central (SNC). Actualmente se desconocen las causas que la producen aunque se sabe a ciencia cierta que hay diversos mecanismos autoinmunes involucrados. Según datos de la SEN, se estima que alrededor de 47.000 personas padecen EM en nuestro país, una cifra que cada año suma cuatro nuevos casos por cada 100.000 habitantes.

Para el seguimiento de la enfermedad las y los especialistas observan 4 aspectos claves de la misma: los brotes, la actividad en RM, la acumulación de discapacidad y la pérdida de volumen cerebral. “Cuando un paciente consigue un control de estos parámetros, es decir una falta de evidencia de actividad de la enfermedad (NEDA), se confirma que el paciente está siendo abordado con el tratamiento adecuado” ha explicado el Dr. Rafael Arroyo, Coordinador de Esclerosis Múltiple del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Respecto al abordaje terapéutico, el doctor Arroyo ha añadido que “la EM es una de las patologías que está teniendo una investigación más activa y en los últimos diez años han aparecido fármacos más eficaces, cómodos y con un mejor perfil de efectos adversos que mejoran la calidad de vida del paciente, como es el caso de Fingolimod, que ha demostrado su eficacia tanto en los primeros ensayos clínicos, como en la práctica clínica diaria, siendo el primer fármaco que logra la falta de evidencia de actividad en pacientes con Esclerosis Múltiple Recurrente Remitente (EMRR)”. La pérdida de funciones físicas y cognitivas en el curso de la EM se debe a dos tipos de daño que provocan la pérdida de neuronas y tejido cerebral: lesiones inflamatorias focales (denominado daño focal) y procesos neurodegenerativos más generalizados (denominado daño difuso). Las lesiones inflamatorias focales pueden presentarse clínicamente como recaídas y contribuir a generar discapacidad en la/el paciente.. El daño difuso empieza al inicio de la enfermedad, a menudo no es perceptible y se relaciona con la pérdida de volumen cerebral y la acumulación de discapacidad irreversible.

Según el Dr. José Meca, neurólogo y Director de la Unidad de Esclerosis Múltiple del Hospital Universitario de la Virgen de la Arrixaca de Murcia, “uno de los mayores retos de los especialistas en el manejo del paciente con EM es encontrar una medida que permita valorar en la práctica clínica el efecto de los medicamentos que ayudan a disminuir la neurodegeneración”,

Recientemente se han realizado estudios en los que se encuentra una correlación entre el aumento del grado de atrofia cerebral y un aumento en el riesgo de presentar nuevas recaídas de la enfermedad y de que la discapacidad progrese. “La atrofia es un parámetro que hasta ahora los clínicos no habíamos considerado, y estos estudios nos están mostrando que muy probablemente es la responsable de que muchos pacientes vean deteriorada su funcionalidad pese a no presentar brotes ni nuevas lesiones en resonancia magnética. Es por esto que resulta perentorio elaborar un consenso sobre la medición y manejo terapéutico de la atrofia ha explicado el Dr. Meca.

El mismo Dr. Meca ha señalado que “el primer fármaco que ha demostrado tener un efecto en prevenir la atrofia cerebral y que ha evitado la fase de pseudoatrofia es Gilenya® (fingolimod)”.

Entre las medidas clave de la EM, la pérdida de volumen cerebral se está convirtiendo en un marcador importante de progresión de la discapacidad a largo plazo, y es una cuestión de gran interés dentro de la comunidad médica especializada en esta patología.

En este sentido, la Dra. Cristina Auger, de la Unidad de Resonancia Magnética del Servicio de Radiología del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona ha señalado que “la EM es una enfermedad con dos componentes, uno inflamatorio y otro neurodegenerativo. Para analizar el componente neurodegenerativo es necesario utilizar medidas de resonancia magnética”.

Según la misma doctora, “en los últimos años se está realizando un gran esfuerzo en el desarrollo y aplicación de técnicas de RM que permiten detectar de forma específica, sencilla y reproducible aquella afección macro o microscópica que se relaciona con el grado de discapacidad clínica”.

Los pacientes con EM pierden volumen cerebral aproximadamente de tres a cinco veces más rápidamente que las personas sin EM2. Esta pérdida se produce de forma precoz, prosigue durante el curso de la enfermedad, y se ha asociado también con la disfunción cognitiva además de con la física (acumulación de discapacidad).

“El interés de utilizar el volumen cerebral como marcador de atrofia cerebral se ha incrementado en los últimos años, debido al desarrollo de nuevos tratamientos con un potencial efecto neuroprotector o neuroreparador” ha explicado la Dra. Auger.

El 70% de los casos de EM se producen entre los 20 y 40 años, sin embargo, el inicio de la enfermedad se podría producir incluso antes. Se distinguen varios subtipos de esclerosis múltiple y muchos afectados presentan formas diferentes de la enfermedad con el paso del tiempo. “La población afectada por EM son mayoritariamente personas adultas jóvenes con requerimientos tanto personales como laborales, en pleno desarrollo, que pueden ver mermadas sus capacidades físicas y cognitivas” ha comentado la neuropsicóloga, Mónica Borges, del Hospital Universitario Virgen de la Macarena de Sevilla, quien además ha añadido que “entre un 40-60% de estos pacientes presentan déficits cognitivos, que pueden manifestarse tanto en fases precoces como en estadios avanzados de la enfermedad, por lo que su identificación es necesaria para plantear posibles soluciones terapéuticas que palien sus efectos en las actividades diarias”.

Aunque el promedio de la esperanza de vida de las personas con EM se reduce sólo entre 5 y 10 años, la forma en la que viven su vida y planifican su futuro muy probablemente cambiará con un diagnóstico de EM. “Gracias a los avances farmacológicos y a la intervención interdisciplinar se ha conseguido mejorar la integración sociolaboral de los pacientes con EM” ha comentado la neuropsicóloga.

En esta intervención interdisciplinar, el servicio de enfermería adquiere un papel relevante ya que es quien recoge la información sobre el estado del paciente con más detalle. “La atención al paciente con EM ha evolucionado, convirtiéndose en una atención en la que interviene no sólo el neurólogo, sino que también intervienen fisioterapeutas, psicólogos, médicos de atención primaria, entre otros y es el servicio de enfermería el nexo de unión entre profesionales para garantizar al paciente la mejor calidad asistencial” ha explicado la enfermera Concepción Ramírez, del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Además, “los profesionales de enfermería somos los más cercanos al paciente, a veces detectamos problemas que pueden pasar desapercibidos, como reacciones adversas a los fármacos, algún brote, el deterioro cognitivo, e incluso síntomas no relacionados con el tratamiento como puede ser la depresión, la fatiga, o las alteraciones esfinterianas y/o sexuales”

Trastorno crónico del sistema nervioso
La esclerosis múltiple (EM) es un trastorno crónico del sistema nervioso central (SNC) que afecta al funcionamiento normal del cerebro, el nervio óptico y la médula espinal provocando inflamación y pérdida de tejido. La evolución de la EM resulta en una pérdida creciente de la funcionalidad física (por ejemplo, dificultades para caminar) y cognitiva (por ejemplo, problemas para realizar tareas mentales o de memoria). Esto tiene un impacto significativo sobre alrededor de los 2,3 millones de pacientes con EM en todo el mundo. Se trata de una enfermedad que se presenta en los inicios de la edad adulta, entre los 20 y los 40 años.





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