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Especial Alergias: la cárcel y la llave

Especial Alergias: la cárcel y la llave

Especial Alergias: la cárcel y la llave

Quienes padecen una enfermedad alérgica confiesan estar maniatados en su vida diaria por una sintomatología altamente incapacitante. Una cárcel que recibe un 2% de presos anuales y que sin embargo tiene una puerta de salida: la de la vacunación.

Cada año la incidencia de las enfermedades alérgicas aumenta un 2% en nuestro país y se prevé que los 10 millones de afectados actuales sean 20 ó 30 en la próxima década, según datos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Tal y como explica el doctor José María Olaguibel, presidente de la SEAIC, “aproximadamente, entre el 20% y el 25% de la población general presenta rinitis alérgica y entre el 5% y el 10% padece asma. Se trata de unos porcentajes muy significativos, no solo por la importancia de la propia enfermedad, sino también porque es una patología cada vez más prevalente”. De ahí que los métodos diagnósticos, los tratamientos y la investigación en alergia hayan sufrido una progresión exponencial que hace que se vean como lejanas las pautas que los especialistas seguían hace solo 10 años.

El día a día del alérgico
La alergia no es otra cosa que una respuesta exagerada del organismo a una sustancia o alergeno que penetra por la vía aérea o conjuntival en nuestro organismo, estimulando, en las personas alérgicas, la producción de anticuerpos (Inmunoglobulina E). La unión del alergeno con el anticuerpo produce una “reacción alérgica” que inflama la mucosa nasal y desencadena las manifestaciones características: estornudos, prurito nasal, rinorrea acuosa y obstrucción nasal, así como picor en los orificios nasales, los oídos y los ojos, e incluso síntomas asmáticos como dificultad para respirar, tos seca pertinaz y opresión y silbidos en el pecho. También puede producir urticaria como resultado de la exposición de la piel a los alergenos. Estos síntomas incluyen comezón,  enrojecimiento, y descamación de la piel. Es típico que estos síntomas aparezcan ya en los meses de febrero, marzo y abril, haciéndose más intensos en mayo-junio. Típicamente empeoran con las salidas al campo, parques o jardines y los días de viento. Se trata de una patología que produce un deterioro importante en la calidad de vida, al interferir en la concentración, las relaciones sociales y el sueño.

El polen de la ciudad “estresa” el ambiente
El alto nivel de industrialización de algunas ciudades ha hecho que durante los últimos años se haya incrementado de forma alarmante el número de casos de alergia respiratoria. La causa no es sólo el aumento de los niveles de polen, sino que éste, en combinación con los distintos agentes contaminantes, puede llegar a hacerse mucho más agresivo. El doctor Francisco Feo Brito, coordinador del Comité de Aerobiología de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), explica que “la mezcla de pólenes de plantas y partículas de contaminación es muy peligrosa. El polen de ciudad es mucho más agresivo ya que la contaminación produce cambios en la estructura de las partículas y éstas tienen mayor capacidad de provocar sensibilización en el paciente, el paso previo a padecer una alergia”.
Por otro lado, la contaminación atmosférica no sólo afecta a las vías respiratorias, también se deposita posteriormente en el suelo, afectando directamente a las semillas, raíces y al desarrollo de la planta. Los contaminantes son tóxicos y además producen estrés ambiental, alterando las características fisiológicas de las plantas y convirtiendo a los pólenes en más alergénicos y potentes. En cualquier ciudad donde el tráfico es intenso, son las partículas diesel los agentes contaminantes que frecuentemente empeoran la evolución de las personas alérgicas. “Se ha demostrado que en áreas con alta densidad de vehículos, la liberación de las sustancias proinflamatorias en los pólenes alergénicos es más del doble que en las zonas rurales con menos tráfico, y estas mismas sustancias hacen que el propio polen contacte con las vías respiratorias y pueda actuar iniciando incluso la reacción alérgica”,  asegura el experto.

Más contaminación, más alergia
Por lo tanto, este año, la contaminación atmosférica que vivieron algunas ciudades como Madrid en el mes de febrero puede potenciar la agresividad del polen esta primavera. Según el doctor Francisco Feo Brito, “este elevado índice de contaminación puede alterar la fisiología de las plantas y potenciar la agresividad del polen esta primavera. Además, el cambio climático, con presencia de fenómenos meteorológicos extremos, como lluvias intensas  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentosy tormentas, frío alternado con temperaturas muy elevadas, etcétera, provoca una prolongación de la temporada polínica, adelantando su inicio y retrasando su finalización”. Así, los especialistas auguran que aunque los más de seis millones de alérgicos de nuestro país han comenzado a notar los síntomas durante el mes de marzo, será en abril,  mayo  y junio cuando éstos más se agudicen.

Gramíneas: la mayor amenaza
Como todos los años, el agente que mayor sintomatología provocará será el polen de gramíneas, ya que es el más alergénico y de mayor distribución en nuestro país, aunque se concentra en su mayoría en el centro y sur peninsular. Ocho de cada diez pacientes alérgicos son sensibles a este tipo de polen. La intensidad en la polinización de las gramíneas de cada temporada mantiene una buena relación con la humedad y pluviosidad preestacional, es decir, aquella que se registra entre los meses de octubre a marzo. “De este modo, el estudio mediante modelos predictivos, llevado a cabo por el Comité de Aerobiología, nos indica que la polinización de esta primavera va a ser intensa, en el centro y sur peninsular con una previsión aproximada de 5.400 granos de pólenes por metro cúbico de aire (media diaria 200 gr. /m3); y moderada en el resto”, advierte el doctor Feo.

Tiempo seco y temperaturas moderadas, el peor escenario
Sin embargo, el impacto real de este agente “primaveral” sobre la sintomatología de los pacientes dependerá finalmente de cómo se presente el mes de mayo, será la climatología de dichas semanas, periodo en el que se produce la polinización, la que resulte determinante: “El mayor factor de riesgo para los alérgicos a este tipo de polen es que se produzca un anticiclón en mayo. Es decir, el tiempo seco y temperaturas moderadas, es el peor escenario para los alérgicos. Por el contrario, la lluvia y el tiempo húmedo durante la polinización, disminuyen los niveles de concentración polínica”.  Por ejemplo, en el año 2009 las elevadas temperaturas provocadas por vientos saharianos, agotó rápidamente las gramíneas. Por el contrario, el año pasado, las abundantes lluvias de los  meses de mayo y junio, favorecieron una primavera más suave.
    
Pólenes viajeros
Además de las gramíneas, los pólenes más relevantes por su potencial de causar sintomatología alérgica son el del plátano de sombra, el olivo y la parietaria. La alergia al polen de olivo afecta a amplias zonas de Andalucía y Castilla-La Mancha, mientras que la parietaria es el polen predominante en toda el área mediterránea. Sin embargo, estos agentes pueden viajar de unas zonas a otras y desencadenar síntomas en lugares muy distantes a sus áreas de origen, debido a los vientos y las tormentas. Estos fenómenos metereológicos pueden trasladar el polen a larga distancia, incluso a cientos de kilómetros. En palabras del experto, “este fenómeno está bien establecido en varios países europeos con el polen de la ambrosía, una planta obstinada y resistente que puede crecer en cualquier lugar. Además, como promedio, produce mil millones de granos de polen por temporada y éstos pueden viajar hasta 600 kilómetros debido a su liviana
textura”. Un fenómeno similar ocurre en nuestro país con el polen del olivo. Se ha demostrado que si durante la fecha álgida de polinización del olivo en las provincias de Jaén y Córdoba (primera quincena de mayo), se producen tormentas con vientos de componente sur, los granos de polen llegan en cantidades altas hasta las provincias de Ciudad Real, Toledo y Madrid, provocando reacciones alérgicas en los pacientes cuando todavía los árboles de estas zonas no han comenzado a polinizar. Por tanto, el cambio climático puede modificar también los calendarios locales de  polinización.

El diagnóstico tradicional
Para determinar si una persona es alérgica y a qué, se utilizan distintas herramientas:
1.    Historia clínica: es el paso previo antes de practicar cualquier prueba. Debe ser detallada e incluir información sobre las enfermedades y antecedentes de salud familiares, las condiciones emocionales y sociales del afectado, las laborales, su estilo de vida y el tipo de alimentos que consume y sus hábitos.
2.    Pruebas cutáneas: son las más comunes. Uno de los métodos más habituales es la prueba de punción, que consiste en colocar una pequeña cantidad de las sustancias sospechosas (alérgenos) sobre la piel, generalmente en la del antebrazo, en la parte superior del brazo o en la espalda. Luego, se punza la piel para permitir que el alérgeno se introduzca bajo la superficie cutánea. El profesional observará transcurridos entre 15 o 20 minutos si se producen signos de alguna reacción (hinchazón o enrojecimiento). Se pueden probar varios alérgenos al mismo tiempo.
3.    Pruebas de provocación: consisten en exponer a una persona al alérgeno sospechoso bajo circunstancias controladas (ingiriendo un alimento o inhalando la sustancia alergénica). Este tipo de examen puede ocasionar reacciones alérgicas graves y sólo debe ser realizado por un profesional médico cualificado.
4.    Determinación de IgE: se lleva a cabo extrayendo una muestra de sangre al paciente. Este análisis mide la cantidad de anticuerpos del suero del paciente contra la inmunoglobulina E (IgE) para un alérgeno específico.

El diagnóstico molecular: ya nada será igual
“Los procedimientos de diagnóstico tradicional no están exentos de riesgo, ya que tanto las pruebas cutáneas como los test de provocación, aunque se realizan bajo estrecho control médico pueden provocar una reacción indeseable”, afirma la doctora Mª Luisa Sanz, consultora del departamento de Alergología e Inmunología Clínica de la Clínica Universidad de Navarra de Pamplona y responsable del laboratorio de Alergología. En los últimos años el diagnóstico molecular nos ha permitido conocer mejor las enfermedades alérgicas de nuestra población. Pasamos de hablar de pólenes o alimentos a hablar de proteínas. Este nuevo método de diagnóstico molecular que tímidamente se empieza a usar en Alergia, permite definir mejor el perfil alérgico del paciente polisensibilizado con lo cual mejoramos enormemente las decisiones terapéuticas y recomendaciones que ofrecemos al paciente alérgico. Al contrario que las pruebas convencionales (pruebas in vivo), en las que se utilizan extractos alergénicos completos a partir de materias primas biológicas, este nuevo sistema permite analizar componentes alergénicos específicos dentro de éstos. Es decir, la creciente disponibilidad de componentes alergénicos purificados a partir de su fuente natural o producidos en el laboratorio mediante biotecnología recombinante, marca el inicio de una revolución en el diagnóstico de la alergia. “Hasta ahora podíamos saber que un paciente era alérgico al melocotón, pero no conocíamos a qué proteína exacta de esta fruta estaba sensibilizado”, señala la especialista.

Desde hace algún tiempo, se sabe que un mismo alérgeno puede estar contenido en materias distintas, reaccionando el individuo alérgico frente a estas sustancias aparentemente no relacionadas. Es lo que se conoce como fenómeno de reactividad cruzada: por ejemplo, una proteína del músculo de los ácaros (tropomiosina) está también contenida en los mariscos crustáceos (gambas, nécoras, etc.), lo que explica el por qué un paciente alérgico a los ácaros se puede sensibilizar secundariamente a los mariscos y tener reacciones con ellos, y viceversa. Es lo que se ha denominado el síndrome ácaros-crustáceos. Igualmente, los pólenes y numerosas frutas contienen proteínas comunes, como proflilinas, polcalcinas, LTPs, etc., responsables de los diversos síndromes de pólenes-frutas por los que un individuo alérgico a pólenes puede tener síntomas (leves o graves) tras la ingestión de frutas o verduras. También se sabe que el látex posee más de 10 alérgenos reconocidos y la sensibilización a cada uno de ellos no induce la misma gravedad de síntomas alérgicos. Muchos de estos alérgenos están también contenidos en algunos vegetales (plátano, kiwi, castaña, patata, etc.) por lo que la positividad al látex en las pruebas cutáneas debida a la reactividad cruzada entre estos vegetales y el látex (síndrome látex-frutas) no indica necesariamente una reactividad clínica con el látex.

Y el diagnóstico molecular, ¿que nos aporta?, se pregunta la doctora Mª Luisa Sanz. “No solo saber a qué es alérgico el paciente sino cómo podemos curarle mejor y qué consejos darle”. El futuro de la enfermedad alérgica estará determinado por una mayor precisión diagnóstica del origen de la sensibilización específica de un paciente, así como por la utilización de anticuerpos monoclonales y de vacunas basadas en proteínas recombinantes. “Se trata de un campo en desarrollo de enorme interés. De momento, se usa como complemento a los procedimientos de diagnóstico tradicional para confirmar qué proteínas exactas producen sintomatología en el paciente, pero si los estudios en marcha concluyen ratificando su eficacia, podríamos llegar a evitar en algunos casos las pruebas convencionales”, argumenta la experta de la Clínica Universidad de Navarra.

Inmunoterapia: la llave de la libertad
Por lo tanto, en los últimos años, se ha dado un salto cualitativo en el tratamiento de la alergia, que será decisivo para el futuro de los pacientes. El futuro de la vacunación antialérgica estará determinado por una mayor precisión diagnóstica del origen de la sensibilización específica de un paciente, esto es, “identificar no sólo el agente alérgeno causante sino identificar las proteínas de ese agente que provocan la reacción” señala la doctora Tabar.

La vacunación constituye la herramienta más eficaz para el control de las alergias, hasta el punto de que hasta seis de cada diez personas alérgicas podrían superar este trastorno mediante la inmunoterapia, el único tratamiento que puede modificar la evolución natural de la enfermedad alérgica (rinoconjuntivitis y asma bronquial). Así lo afirman los expertos reunidos en el XXVII Congreso de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), celebrado a finales de año en Madrid. Sin embargo, actualmente, sólo uno de cada 10 alérgicos se vacuna

La inmunoterapia consiste en la administración repetida y, en su mayoría, gradual, de una sustancia alergénica a un paciente sensibilizado a ella durante un periodo de tres a cinco años, con intención de lograr su tolerancia. La vacunación modifica las células del sistema inmune que regulan el fenómeno de la alergia, en especial linfocitos T, e induce una tolerancia, explican desde la SEAIC. “Es fundamental que el alergólogo diagnostique de forma precoz la sustancia que provoca una reacción en el paciente con el fin de instaurar lo antes posible la vacuna y optimizar al máximo su eficacia terapéutica. No
es lo mismo vacunar a un paciente con un asma de 10 años de evolución que a otro con un diagnóstico inferior a un año”, afirma la jefa del Servicio de Alergología del Complejo Hospitalario de Pamplona, la doctora Ana I. Tabar. La inmunoterapia se engloba en el tratamiento integral de las enfermedades alérgicas respiratorias, que incluye también medidas de control ambiental, como evitar el contacto con el alérgeno, el tratamiento farmacológico de los síntomas y la educación del paciente.

Las 5 cosas que debes saber
1.    “Si la vacuna se administra de manera correcta, está bien identificado el agente causante de la alergia, establecidas las dosis necesarias, el tiempo adecuado y el paciente sigue con adecuación el tratamiento prescrito por el alergólogo, podemos hablar de la desaparición completa de los síntomas”, indica el coordinador del Comité de Inmunoterapia de la SEAIC, el doctor Pedro Guardia. La reacción del sistema inmune a la vacunación es precoz, y, según los últimos estudios, “a los cuatro meses de iniciar el tratamiento el paciente siente una notable mejoría, mientras que al año se ha alcanzado el 80% de los objetivos del tratamiento”, afirma.
2.    La inmunoterapia es eficaz contra enfermedades alérgicas respiratorias como el asma, la rinitis, la polinosis… y la alergia a veneno de himenópteros (avispas y abejas), y se está estudiando las posibles aplicaciones para la alergia a alimentos, una de las enfermedades alérgicas que más se han incrementado en los últimos años. De hecho, en España aproximadamente el 60% de los pacientes alérgicos puede beneficiarse de esta terapia.
3.    La administración de la vacuna puede ser por vía subcutánea y sublingual en gotas o en comprimidos. A los cuatro meses de iniciar el tratamiento el paciente experimenta una mejora de los síntomas y, al año, el paciente ha alcanzado el  80% de los objetivos del tratamiento.
4.    Diversos estudios muestran que los pacientes continúan sin síntomas de alergia diez años después de concluir el tratamiento. Eso sí, su eficacia está determinada por una adecuada selección del paciente y de los alérgenos, por lo que su uso sólo debe ser guiado por un alergólogo. “Si la vacuna se administra correctamente, está perfectamente identificado el agente causante de la alergia, establecidas las dosis necesarias, el tiempo adecuado y el paciente sigue adecuadamente el tratamiento prescrito por el alergólogo, podemos hablar de la desaparición completa de los síntomas” indica el doctor Pedro Guardia, coordinador del Comité de Inmunoterapia de la SEAIC.
5.    No obstante, uno de los principales problemas de la vacunación en alergia es la falta de cumplimiento del tratamiento, lo que se traduce en una notable pérdida de eficacia. Los alergólogos advierten de que a pesar de los indudables beneficios de la inmunoterapia para detener la enfermedad, como en todo tratamiento a largo plazo, al año sólo continúan seis de cada diez pacientes y a largo plazo, el 50% de los pacientes lo abandona.

Tratamiento
a.    Los antihistamínicos son los fármacos más utilizados para tratar algunos de los síntomas alérgicos más molestos. Actúan bloqueando los receptores H1, impidiendo los efectos de la histamina, y aliviando, de esta manera, los síntomas principales de la alergia, como los estornudos, la conjuntivitis, el goteo nasal… Además son efectivos para todo tipo de alergias, debido al bloqueo directo de los receptores.
Los nuevos antihistamínicos de segunda generación no suelen producir efectos secundarios no deseados ni provocan somnolencia. Están disponibles en cápsulas, cremas, sprays nasales, jarabes y colirios.
b.    Descongestionantes nasales: reducen la congestión nasal, abriendo las vías respiratorias y aliviando la presión al interior de los senos paranasales.
c.    Corticoides tópicos: que pueden ser nasales o para inhalación bronquial. En todos los casos deben consultarse al especialista antes de su administración. “Para que este tipo de medicación resulte más eficaz es conveniente tomarla 1-2 semanas antes de que se inicie la primavera”- explica el doctor Javier Subiza. “Cuando hablamos de eficacia en la medicación sintomática simplemente estamos combatiendo los síntomas de la enfermedad. Al dejar de tomarlos, la enfermedad y sus síntomas reaparecen.

La invasión de los alérgenos
•    Himenópteros.  La alergia es producida normalmente por las sustancias tóxicas que se inyectan con el veneno de los himenópteros (avispas y abejas). Aunque no es la alergia más común, afecta al 1% de la población, sí es una de las más graves. Esta alergia da cuadros de anafilaxia en los que existen bastantes riesgos de mayores complicaciones.
•    Ácaros del polvo: los ácaros son responsables de un gran número de alergias respiratorias. Prefieren los ambientes cálidos y húmedos y se nutren de fragmentos biológicos como por ejemplo las descamaciones microscópicas de nuestra piel. Los ácaros viven y se proliferan en abundancia (y su difusión va en aumento) en nuestras casas, y muy particularmente dentro de cojines y colchones. Para combatirlos es conveniente usar regularmente el aspirador (preferiblemente los dotados con filtro antiácaros). Los sistemas de aire acondicionado deben ser cerrados o estar dotados con un filtro de aire que deberá cambiarse frecuentemente, al menos cuatro veces al año.
•    Epitelio de animales: las sustancias derivadas del pelo y la piel de los animales pueden provocar importantes alergias. Entre los animales domésticos, los gatos son estadísticamente los que más riesgo conllevan cuando viven en estrecho contacto con los habitantes de la casa. Las reacciones alérgicas pueden comportar los clásicos síntomas respiratorios, aunque a veces también pueden aparecer severas manifestaciones cutáneas como erupciones (eritemas). Además de los gatos, también están los perros, caballos, conejos y hámsters que pueden ser responsables de las alergias. Es aconsejable no dejar entrar al animal en la sala de estar ni en el dormitorio, así como limpiar regularmente el pelo del animal y el lugar que más habita.
•    Medicamentos. Un 15% de la población española puede sufrir alguna reacción adversa a fármacos, aunque sólo en un 7% de los casos se confirma que es realmente una alergia. La mayor parte de las alergias a medicamentos se producen por el uso no necesario de fármacos o por el abuso en su ingesta, hecho que se da con mucha frecuencia, sobre todo en el tratamiento de enfermedades respiratorias. Así se ha puesto de manifiesto en el Symposium Internacional de Alergia a Medicamentos celebrado en Logroño a finales del año pasado, en el que se puso de manifiesto que el so prolongado y recurrente de los antibióticos puede ocasionar una reacción alérgica al medicamento. “El método para evitar una alergia o una reacción adversa con medicamentos consiste en tomar sólo los estrictamente necesarios, según las indicaciones del médico en cuanto a vía de administración, dosis, intervalo y duración del tratamiento”, tal como explica doctor Joaquín Martín Lázaro, Médico Especialista en Alergología del Hospital Arquitecto Marcide en Ferrol (La Coruña). En general, las reacciones adversas a los medicamentos son comunes y casi cualquier medicamento puede causarlas, desde una irritación o efectos secundarios leves, tales como náuseas y  vómitos, hasta una anafilaxia potencialmente mortal. La mayoría de las veces se producen erupciones cu
táneas y urticarias menores; sin embargo, hay ocasiones en que se pueden desarrollar otros síntomas y se producen reacciones alérgicas agudas potencialmente mortales que comprometen todo el organismo. “Todo el mundo debe saber que cualquier medicamento es capaz de provocar una reacción en el organismo, sea alérgica o no, y es una razón más para no automedicarse y para acudir al médico
ante cualquier duda de salud para que él nos aconseje de la mejor manera”, señala el doctor Martín Lázaro.
•    Látex: la alergia al látex, epidemia de los últimos 20 años, ha sido potenciada en gran parte por el uso indiscriminado de guantes de látex en el medio sanitario. Sin embargo, accesorios de ortodoncia, almohadas, chupetes, ropa y material deportivo, tiritas, pañales, juguetes, envases de alimentos, pegatinas…y así hasta más de 120 objetos de uso cotidiano, pueden tener látex en su composición. Esta sustancia natural, convenientemente procesada, da lugar a un producto de gran elasticidad y resistencia que se utiliza para fabricar muchos elementos, lo que explica que cada vez se diagnostiquen un mayor número de pacientes sensibilizados al látex. “La aparición de nuevos casos se asocia con la exposición a este producto”, apunta la doctora Nieves Cabañes, coordinadora Comité de Alergia al Látex de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Los alérgicos al látex reaccionan al entrar en contacto directo con el material; inhalando proteínas alergénicas procedentes del mismo; y con el contacto o ingestión de material o alimentos que hayan estado en contacto con él. La cifra de trabajadores sanitarios alérgicos al látex varía, según la SEAIC, entre el 3% y el 16%, siendo mayor la probabilidad de los trabajadores de quirófano donde la exposición es netamente superior. “Por este motivo, -tal y como explica el doctor Jorge Méndez, de la Unidad de Alergología del Complejo Asistencial de Palencia, -se debe extremar la precaución en centros sanitarios y, los pacientes alérgicos advertir a los profesionales ante cualquier exploración médica, quirúrgica, visita al dentista o cura de enfermería”.
Otra característica de esta reacción alérgica es la reacción cruzada con ciertos alimentos de origen vegetal. La doctora Cabañes explica que “el 50% de los pacientes alérgicos al látex lo son también a algunos alimentos de origen vegetal, principalmente castaña, plátano, aguacate, kiwi y otras frutas tropicales. Esta circunstancia, denominada síndrome látex- fruta, se debe a que proteínas alergénicas similares a las del látex están también presentes en estos alimentos, por lo que su ingesta puede desencadenar manifestaciones alérgicas”.
•    Alimentos: el aparato digestivo toma protagonismo como órgano diana de enfermedades alérgicas. Cada vez existen más alérgicos a alimentos, especialmente entre los niños, pero también entre los adultos. Conocer las claves que conducen a que nuestro organismo tolere o desarrolle alergia a un alimento que ingerimos, puede ser fundamental para prevenir la aparición de alergias alimentarias. Tradicionalmente, a los alérgicos a un alimento se le han recomendado dietas de evitación del mismo. Sin embargo, en los últimos años, a través de procesos de desensibilización, hemos pasado de prohibir la toma de un alimento a dárselo para quitarle la alergia. Pacientes alérgicos a leche y huevo, acaban tolerando la ingesta continua de los mismos.
•    Materiales de contacto. Un uso excesivo de jabones antibacterianos que contienen triclosan podría provocar en personas jóvenes más alergias, mientras que la exposición a niveles elevados de Bisphenol A entre adultos podría influir de forma negativa al sistema inmune. Así lo afirma al menos un estudio de la Universidad de Michigan en Ann Arbor (Estados Unidos) que se publica en la edición digital de la revista Environmental Health Perspectivas.
El triclosan es un componente químico muy utilizado en productos como los jabones antibacterianos, la pasta de dientes, bolígrafos, bolsas de pañales y dispositivos médicos. El bisfenol A (BPA) se encuentra en muchos plásticos y, por ejemplo, en la superficie protectora de las latas de alimentos. Ambos químicos son una clase de tóxicos ambientales llamados componentes de alteración endocrina que se cree tienen un impacto negativo sobre la salud humana al imitar o afectar a las hormonas. En el caso de alergias a metales, es muy común la  la alergia al sulfato de níquel, uno de los metales más comunes con presencia en el ambiente. Se puede encontrar en los utensilios de cocina, en tijeras, en bisutería, relojes, hebillas, en broches, monturas de gafas, monedas, oro blanco, algunos líquidos industriales y también dentro de algunos alimentos. La reacción más común en las personas alérgicas al níquel es la dermatitis (picor y enrojecimiento de la piel). Excepto en el caso de ingerir alimentos que contengan níquel en este caso, pueden darse otro tipo de síntomas, como inflamación y picor de boca y labios e incluso síntomas de ahogo. Para las personas con alergia al níquel es conveniente utilizar siempre utensilios de aluminio, acero inoxidable y oro amarillo porque son metales generalmente seguros; usar ropa sin cierres metálicos ni cremalleras, utilizar utensilios de cocina, peines u otros objetos metálicos con mangos de plástico o madera; revestir con esmalte de uñas o un material plástico los objetos metálicos que sea difícil evitar el contacto (relojes, llaves, etc.).
•    Redes  Wifi. La Agencia de la Picaresca en Internet y el médico consultor sénior del Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona Joaquín Fernández Solà han alertado de la proliferación de personas “alérgicas” a las ondas electromagnéticas de las redes Wifi. El médico experto ha precisado que estas personas no sufren técnicamente una alergia a estos campos magnéticos, sino que desarrollan una “sensibilidad” que manifiestan con trastornos que pueden ir desde ansiedad, vómitos, dolores de cabeza, migrañas, tos, escozor de ojos, irritabilidad, insomnio y eccemas en la piel. El Hospital Clínic ha atendido en tres años a un centenar de pacientes con esta sensibilidad, que se calcula que afecta a una de cada 1.000 personas, pero que Fernández alerta de que podrían ser más a largo plazo, porque no están probados los efectos de estos campos tras un período de muchos años. El perfil de la mayoría de afectados responde al de personas con sensibilidad química a agentes ambientales y a determinados ambientes, pero empiezan a darse casos de hombres y mujeres que desarrollan primero una sensibilidad a estos campos.De entrada, suelen ser trabajadores inmersos en un entorno, generalmente laboral, repleto de ondas electromagnéticas, “auténticos búnkeres” que provocan trastornos en algunos de ellos. El experto ha criticado la ingente presencia de antenas, repetidores, redes Wifi, ordenadores y microondas en entornos comunes sin que se haya demostrado “a largo plazo” su inocuidad, y ha lamentado que exista “cierta tolerancia” hacia estos aparatos. Por ello, ha recomendado evitar una exposición intensiva a estos campos, contemplar la posibilidad de comprar móviles de tercera generación que reducen la emisión de ondas, además de pantallas LED y protectores de pantalla para el ordenador. De hecho, también ha señalado que han proliferado las empresas que ofrecen cortinas aislantes de redes Wifi.
•    Anisakis: el anisakis es un gusano que se encuentra en el pescado crudo. La reacción alérgica se produce a los pocos minutos de haber ingerido el pescado y suele producir inflamación y picor de boca y labios e incluso síntomas de ahogo, en algunos casos puede desencadenar un choque anafiláctico (descenso de la presión arterial, dificultad para respirar, hinchazón general…). Consumir pe
scado crudo aumenta las posibilidades de que el pescado contenga anisakis (Sushi o sashimi, pescados ahumados o marinados, etc.). La cocción y congelación la previenen.

Desigualdades autonómicas. El proyecto FuturA
Ante el aumento creciente de la enfermedad alérgica entre la población, a razón de un 2% anual, parece obvia la necesidad de médicos especialistas en Alergología para poder atender a estos pacientes, ahora y más en un futuro”, explica el doctor Tomás Chivato, presidente de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). El problema no es tanto que se agudice el déficit de alergólogos como que la distribución de éstos varía mucho por comunidades autónomas, lo que en algunos casos, dificulta la atención al paciente”, añade. Esta situación es similar en toda España y provoca largas listas de espera o que muchos casos de alergia sean atendidos únicamente por médicos de Atención Primaria.

La recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un alergólogo por cada 50.000 habitantes. Tal y como afirma el presidente, “esta cifra no ha variado desde hace 20 años. Actualmente, hay más pacientes que atender y la cartera de servicios del alergólogo se ha ampliado, por lo que esta cifra es insuficiente”.

“Las regiones con menor número de alergólogos en la sanidad pública son Baleares, Canarias, Cataluña y Asturias. El Proyecto FuturA, estrategia prioritaria de la SEAIC, aportará propuestas de mejora y sugerirá, desde la óptica profesional, las prioridades de desarrollo futuro en la Alergología Española. “Como estrategia prioritaria de SEAIC, este proyecto pretende aportar información de la situación de la Alergología en el Sistema Nacional de Salud, con el fin de asegurar su sostenibilidad futura, bajo criterios de equidad, calidad, cohesión, innovación y seguridad para pacientes y profesionales.

Conozco mi enfermedad y me cuido
Las consultas de Alergología son a veces el primer lugar en los que se explica al paciente alérgico lo que es su enfermedad y se dan los primeros consejos necesarios en evitación y tratamiento. Sin embargo, son muchos factores que desde este campo son necesarios abordar para una óptima evolución de la persona alérgica (uso de medicación, deporte, manejo de los inhaladores o de la adrenalina, medidas de prevención en la escuela, trabajo, etc.). En este sentido, algunos hospitales han puesto en marcha diversas actividades para fomentar los autocuidados en estos pacientes. Con esto se incrementa la calidad de vida y la autoestima de estas personas, que conocen su enfermedad y pueden combatirla de forma más eficaz. Talleres de educación en asma, campamentos de niños alérgicos, guía GEMA de educadores… son iniciativas que han ayudado a conseguir estos objetivos.

Además, por primera vez en el Congreso Nacional de la SEAIC se ha dedicado toda una jornada a las asociaciones de pacientes. Ellos contarán sus iniciativas, sus luchas y trabajos. Porque profesionales sanitarios y pacientes, aún desde posiciones diferentes, luchamos por lo mismo: combatir la enfermedad y mejorar la calidad de vida del enfermo alérgico.

Recomendaciones de la SEAIC
1.    Como medida preventiva, los expertos recomiendan que el alérgico acuda al médico antes de adentrarse en pleno periodo de polinización y manifestar los síntomas.
2.    Mantén las ventanas cerradas por la noche y cuando viajes en coche.
3.    Usa humidificadores y acondicionadores de aire con filtro anti-polen, que limpina, enfrían y secan el aire.
4.    Instala filtros en el sistema del aire acondicionado del vehículo y revísalos con frecuencia. Si viajas en moto, usa un casco integral.
5.    Disminuye las actividades al aire libre durante las 5-10 de la mañana (emisión de pólenes) y de 7-10 de la tarde (periodo de descenso del polen desde lo alto de la atmósfera, al enfriarse el aire).
6.    Cuando salgas al aire libre, ponte una mascarilla antipolen homologada.
7.    Evita los factores irritantes como el humo, el polvo, los sprays o los insecticidas.
8.    Permanece el mayor tiempo posible dentro de casa durante los días de mayores concentraciones de pólenes. Durante el periodo álgido de polinización evitar salir, sobre todo los días de viento.
9.    Organiza tus vacaciones durante el período álgido de polinización, eligiendo una zona libre de pólenes (por ej. la playa).
10.    Evita cortar el césped o tumbarte sobre él cuando esté recién cortado.
11.    No dejes secar la ropa en el exterior durante los días de recuentos altos. El polen puede quedar atrapado en ella.
12.    Retira alfombras y moquetas. Limpia el polvo con aspiradora y evita los muñecos de peluche. Evitar la presencia de animales de compañía.
13.    Ponte gafas de sol siempre que salgas a la calle.
14.    Sigue los recuentos de pólenes.
15.    Toma de forma regular los medicamentos prescritos por el médico y en la dosis adecuada. No aumentes la dosis con la intención de que disminuyan los síntomas.
16.    Evita el tabaco. El tabaquismo pasivo aumenta la incidencia y la gravedad de las alergias respiratorias.
17.    En los días lluviosos y los días nublados y sin viento los síntomas disminuyen, ya que la lluvia limpia la atmósfera y la ausencia de viento evita el desplazamiento del polen. Por el contrario, el tiempo cálido, seco y con viento favorece una mayor distribución del polen y, en consecuencia, un aumento de los síntomas.





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