ESPINA BÍFIDA

Esta grave malformación congénita provoca que la médula espinal no se desarrolle adecuadamente quedando expuesta al exterior sin cobertura cutánea, y causando en el recién nacido lesiones irreversibles: neurológicas (parálisis, hidrocefalia o retraso cognitivo), urológicas y traumatológicas. 

Aunque se desconoce la causa exacta de su aparición, los expertos coinciden en que se debe a la combinación de factores genéticos y ambientales, principalmente a un déficit de ácido fólico antes de la concepción. Actualmente, gracias a la mayor ingesta de este suplemento por parte de las mujeres durante y antes del embarazo, se han reducido mucho los casos y la gravedad de los mismos. A pesar de ello, existen entre un 5 y un 10% de casos en los que se desconoce la causa.

¿Es siempre grave?

Existe una forma más leve denominada espina bífida oculta que puede no dar la cara nunca, tanto, que muchas personas no saben que la padecen o lo descubren ya de mayores al hacerse una radiografía de columna. En otros casos, sí puede ocasionar síntomas que pueden aparecer en cualquier época de la vida y manifestarse como alteraciones de la sensibilidad o movilidad de las piernas, problemas como incontinencia urinaria o estreñimiento pertinaz o de erección y eyaculación.

La espina bífida abierta engloba dos formas: la mielomeningocele, la más grave y una de las causas más habituales de discapacidad física en la infancia y la meningocele que provoca discapacidades menores.

Cirugía, en todos los casos

No existe un tratamiento definitivo para la espina bífida abierta, aunque sí algunos abordajes que contribuyen a minimizar las consecuencias de la enfermedad y a mejorar la calidad de vida de los afectados. En cualquier caso, el primer paso es el cierre quirúrgico del defecto. La espina bífida abierta se detecta ya en el vientre de la madre con una ecografía, y siempre hay que operarla porque si no conlleva un deterioro neurológico mayor y riesgo de muerte por meningitis cuando el bebé nace. La cirugía puede ser fetal (extrayendo el feto para operarlo y volviendo a introducirlo en el útero) o se puede realizar cuando el bebé nace.

En condiciones normales el cierre del tubo neural se produce antes de que la mujer sea consciente de que se encuentra embarazada, por lo que la recomendación es que el suplemento con ácido fólico se inicie tres meses antes de la gestación y se mantenga hasta tres meses después de iniciada la misma.





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