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EuroEspes lanza la primera tarjeta farmacogenética, un dispositivo de bolsillo con el perfil genético de respuesta individual a los fármacos

El Grupo EuroEspes, especializado en enfermedades del sistema nervioso central, ha lanzado la primera tarjeta farmacogenética, que permitirá a cada uno de sus titulares transportar de forma cómoda y sencilla su información farmacogenética allá donde vaya. De esta manera, la tarjeta permitirá compartir esa información con todos aquellos profesionales de la medicina a los que acuda el paciente, para determinar la prescripción de los fármacos más adecuada, en función de los datos contenidos en dicha tarjeta.

La farmacogenética ofrece una alternativa al único método existente hasta la fecha para saber la eficacia de un fármaco en un paciente: el método de ensayo-error. Con un único análisis genético se consigue información de multitud de fármacos a lo largo de toda la vida. Esta información es sumamente valiosa ya que el material hereditario (los genes y sus polimorfismos) permanece inalterable a lo largo de toda la vida y define el perfil de respuesta a un fármaco, a diferencia de los factores ambientales y las interacciones farmacológicas que sí pueden ser modificados. Tras este paso, lo siguiente es determinar una terapia personalizada, basada en la elección del fármaco adecuado y en la dosis más aconsejable para cada persona.

Para el presidente del Grupo EuroEspes, el Dr. Ramón Cacabelos, este anuncio revalida el trabajo de la compañía en el campo de la investigación biomédica, iniciado hace quince años. “La información de la tarjeta será de un inestimable valor para el profesional de la salud; le permitirá, sin riesgo alguno, determinar el mejor tratamiento para el paciente”. Este avance, además, contribuirá a reducir, en cerca de un 40%, el gasto en medicamentos. Tal y como ha afirmado el Dr. Cacabelos, “conocer con exactitud los fármacos que realmente son eficaces para cada persona evitará, en multitud de ocasiones, prescribir medicamentos innecesarios e ineficaces”.

Los datos que contendrá la tarjeta se determinarán en función de los resultados de un sencillo test genético obtenido a partir de sangre o de epitelio bucal del individuo. A través de ese test se analizarán los genes implicados en el metabolismo de los fármacos  y con los resultados que se obtengan se elaborará un informe farmacogenético. Esta información se definirá en un listado de los fármacos más aconsejables para cada paciente.

 


La importancia de la farmacogenética




Las respuestas de los pacientes ante un mismo tratamiento no son siempre las mismas debido, en gran medida, a las variaciones hereditarias. Actualmente, los factores genéticos en los que se centra la disciplina de la farmacogenética son responsables de entre un 20% y un 95% de la variabilidad observada en los efectos de los fármacos. Pero estos no son los únicos que contribuyen a las diferentes respuestas al tratamiento que presentan los individuos, también influyen factores ambientales como la dieta, la edad, el tabaquismo, el alcohol u otros tratamientos concomitantes que pueden desencadenar a su vez interacciones farmacológicas.

La valoración conjunta de todos ellos es la que determina que un mismo fármaco y una misma dosis puedan ser válidos para un gran número de individuos. Pero esta deseable situación puede ser muy diferente para otros individuos, como aquellos que no responden adecuadamente al tratamiento o quienes sufren reacciones farmacológicas adversas.

 

Las reacciones adversas provocadas por la toxicidad del tratamiento pueden llegar a causar, en los casos más graves, incluso la muerte de un paciente además de generar un gran coste, teniendo una gran repercusión tanto a nivel de hospitalización de pacientes, pérdida de tiempo, dinero y salud (es la quinta causa de muerte en Estados Unidos), como a nivel empresarial, provocando la retirada de medicamentos que están en fase clínica o ya en el mercado. A todo ello se suma la pérdida de productos altamente eficaces en otros pacientes.

 

Por otra parte, también puede haber una ineficacia del fármaco durante el tratamiento, debido a que éste no alcanza la denominada dosis terapéutica. La falta de eficacia de algunos tratamientos es realmente elevada en diversas enfermedades como el Alzheimer (entre el 30 y el 60 por ciento), la esquizofrenia (entre un 25 y un 75 por ciento) o la hipertensión (entre un 10 y un 70 por ciento).

 



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