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Éxtasis, diez euros de riesgos.

Éxtasis, diez euros de riesgos.

Asociado a la idea de fiesta y diversión, el consumo de éxtasis cada vez está más extendido, sobre todo entre los jóvenes: una verdadera droga química plagada de peligros reales

El éxtasis es una droga química sintética psicoactiva (que altera la mente), con propiedades alucinógenas y similares a las de las anfetaminas. Esta droga ilícita llamada “de síntesis”, posee una acción mucho más potente que la de las sustancias naturales. Su aparición y difusión masiva data de hace una quincena de años aproximadamente, momento en que tiene lugar la emergencia del movimiento musical “techno” y el comienzo de las llamadas “rave parties”.

Las garras y los dientes

El éxtasis se vende bajo la forma de comprimidos de colores y formas variadas. El principio activo responsable es la MDMA (metilendioximetanfetamina), cuyos problemas, según el Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas de EEUU (NIDA), de los Institutos Nacionales de Salud, son similares a los observados en el uso de anfetaminas y cocaína:

  • Dificultades psicológicas:
  • confusión, depresión, problemas con el sueño, deseo vehemente de administrarse drogas, ansiedad grave y paranoias mientras se toma la MDMA y a veces, varias semanas después de tomarla. Incluso se han notificado episodios psicóticos.

  • Síntomas físicos:
  • tensión muscular, apretamiento involuntario de los dientes, náusea, boca seca, piel húmeda, visión borrosa, movimientos oculares rápidos, desmayo y escalofríos o sudores.

  • Aumento de la frecuencia cardíaca y la tensión arterial.

El proceso

Al tomar éxtasis, los primeros efectos son una ligera ansiedad, aumento de la tensión arterial, aceleración del ritmo cardíaco y contracción de los músculos de la marcha. La piel se humedece y la boca se seca. A continuación invade una sensación de euforia irreal seguida de una sensación de bienestar y placer acompañadas por una exacerbación de los sentidos y por la sensación de comprender y aceptar perfectamente a los otros.

En realidad, el éxtasis entraña una hipertermia y una deshidratación, tanto más sensible en cuanto que el que la consume se encuentra en un ambiente sobrecargado y en un momento de esfuerzo físico (normalmente bailando). La absorción simultánea de otras sustancias psicoactivas como el alcohol o los medicamento, agrava estos efectos, como desgraciadamente es el caso de las “rave parties”.

Doble peligro

El consumo de éxtasis es particularmente peligroso en aquellas personas que tienen algún problema del ritmo cardíaco, asma, epilepsia, problemas renales, diabetes y/o problemas psicológicos. Asimismo lo es para aquellas que toman medicamentos (tratamientos antivirus VIH, aspirina, antidepresores?). Los efectos pueden prolongarse unos días, pudiendo venir acompañados de ausencias o agujeros de memoria, e incluso ansiedad o depresión extremas que precisan de consulta médica. El éxtasis es también responsable de hepatitis o de encefalopatías.

En definitiva, el abandono de la inhibición ligada a fenómenos de amnesia, supone una puerta abierta a desbordamientos que hacen de los jóvenes sus primeras y más fáciles víctimas.

Consecuencias desconocidas a largo plazo

Una toma regular de éxtasis provocarían a largo plazo un adelgazamiento, comportamientos agresivos e incluso la revelación de problemas psiquiátricos severos y de larga duración. En cuanto a los daños que provoca sobre el cerebro, aún son mal conocidos, si bien algunos trabajos parecen demostrar que existe una degeneración de las células nerviosas, al parecer irreversible.

Cómo prevenir

Aunque parezca un tópico, resulta capital poner al alcance de tu mano todo aquello que facilite el diálogo con los jóvenes. Ellos son los más expuestos a este tipo de peligro en el que las nociones de fiesta, placer, convivencia, libertad y música están íntimamente ligadas. Si el verano es la estación de las vacaciones, esta libertad de espíritu y de movimiento no debe confundirse con el uso de un producto ilícito cuyas consecuencias pueden revelarse peligrosas.

Una sola exposición a la metanfetamina en dosis elevadas o el uso prolongado en dosis bajas destruye hasta un 50% de las células cerebrales



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