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Fecha de caducidad: un concepto muy familiar… que sigue generando conflicto

El conocimiento de los productos alimenticios es uno de los principales objetivos del etiquetado. A través de información clara y veraz, ha de infundir confianza en el consumidor hacia el producto que quiere comprar. Sin embargo, y a pesar de existir desde los años 60, continúa siendo motivo de controversia entre consumidores y medios de comunicación. Uno de los aspectos más debatidos del etiquetado es el de la fecha de caducidad, alrededor del cual se plantean preguntas como ¿se puede consumir un producto pasada la fecha de caducidad? o ¿qué diferencia existe entre fecha de duración mínima y fecha de caducidad?

 

 

 

 

Un caso de especial interés entre los consumidores es el de los productos lácteos. Según José Antonio Mateos, Director del Programa NUSA (Nutrición y Salud), “los lácteos son alimentos seguros que no presentan nunca problemas de carácter sanitario, siempre que se cumplan las fechas de consumo”. Los productos lácteos frescos, sin embargo, requieren unas condiciones de mantenimiento específicas. Respetar la cadena de frío es fundamental no sólo para mantener sus características físico-químicas sino también su calidad microbiológica. “El  caso de las leches fermentadas y el yoghourt es especial, porque este tipo de productos precisan una fecha de caducidad relativamente corta (28 días) para mantener la calidad probiótica de sus fermentos”, complementa Mateos.

La recomendación general es no consumir productos caducados. Si en la nevera quedara alguno con algunos días (pocos) tras la fecha de caducidad, en la mayor parte de los casos podríamos ingerirlo, pero por seguridad mejor no hacerlo.

“No es peligroso para la salud consumir un producto lácteo fermentado, como el queso, pocos días después de la fecha de caducidad porque su acidez y la actividad de los fermentos son suficientes para que ese producto siga siendo seguro”, comenta Mateos. “Pero es distinto en el caso de los productos lácteos frescos no fermentados, como la leche, que una vez abierto el envase son más delicados y conviene mantener las condiciones de conservación en frío y la fecha de caducidad o de consumo preferente”, añade el director del Programa NUSA.

Por su parte, “las leches fermentadas y los yoghourts se pueden consumir si se han mantenido rigurosamente en frío y sólo tras unos pocos días de superar la fecha de caducidad. No obstante, sus características probióticas irán perdiendo eficacia con la caducidad del producto”, especifica Mateos.

La fecha de caducidad es una información obligatoria en el etiquetaje de todos los productos alimenticios. Sin embargo, la “fecha de caducidad”, en realidad, engloba dos conceptos de distinta categoría:

La fecha de caducidad se aplica en aquellos productos microbiológicamente muy perecederos que puedan suponer un peligro inmediato para la salud humana después de un corto período de tiempo. Está información se completará con una descripción de las condiciones de conservación que habrán de respetarse. La fecha consistirá en la indicación clara según este orden: día, mes y, eventualmente, año.

La mayoría de productos frescos llevarán éste tipo de información, como los yogures, la leche, los cárnicos, etc.

La fecha de duración mínima nos indica la fecha hasta la cual el fabricante garantiza que el producto mantiene perfectamente todas sus características; cuando se sobrepasa dicha fecha, el producto es comestible, aunque pueda ser menos sabroso. La fecha de duración mínima es la que se expresa con la conocida leyenda “Consumir preferentemente antes de…”, y la podemos encontrar en los productos menos perecederos como los cereales, latas, bebidas, productos en conserva, etc.

Así pues, y a modo de conclusión, recordamos que la fecha de caducidad implica que una vez rebasada la fecha impresa en el producto, éste podría ser dañino para nuestra salud. En cambio, la fecha de consumo preferente indica que el producto ya no ofrece la plena calidad que debería ofrecer.

 

El programa NUSA

El Programa NUSA (Nutrición y Salud) nace con la vocación pública de potenciar el conocimiento de los beneficios relacionados con la salud que aporta el consumo de Alimentos Funcionales, así como el de diferentes nutrientes necesarios para el desarrollo óptimo de algunas de nuestras funciones orgánicas.

Asimismo, el Programa NUSA cumple una función educativa y social vinculada a los temas de nutrición y salud, centrando su actividad en la investigación, la formación, la información y la educación.

Las actividades realizadas en el marco del Programa NUSA se dirigen a los profesionales de la nutrición y la salud, a la prensa y a los consumidores agrupados por aspectos de salud comunes.

 



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