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Hepatitis c. el virus silencioso.

Hepatitis c. el virus silencioso.

Más de 600.000 españoles la
padecen y no lo saben. Afortunadamente, la terapéutica actual, basada en la
combinación de dos fármacos, arroja muy buenas perspectivas en lo que al
tratamiento de la enfermedad se refiere

La hepatitis C es una infección producida por un virus (VHC) que provoca
una inflamación del hígado De hecho, el VHC puede producir una infección aguda
que llega a cronificarse en un 50-70 por ciento de los casos. Aunque la mayoría
de los infectados no presentan ningún síntoma, algunas personas pueden notarse
cansadas, fatigadas, con anorexia (falta de apetito) y bajo rendimiento. Se
estima que alrededor de 175 millones de personas en el mundo están infectadas
por este virus, y entre 3 y 4 millones de personas se infectan cada año.

Las vías de contagio

El virus de la hepatitis C se contagia fundamentalmente a través de la
sangre de la persona infectada. Sin embargo, muchos pacientes son
diagnosticados y no tienen ningún antecedente que justifique el contagio. Así
se producen los contagios reconocidos:


  1. Transfusiones sanguíneas

    : actualmente, se trata de
    una vía de contagio poco frecuente, debido a los controles a los que está
    sometida la sangre para estas transfusiones, aunque hay muchos pacientes
    que se han infectado antes de 1990, cuando no se había descubierto el
    virus ni había forma de detectarlo.

  2. Intercambio de jeringuillas

    : las personas que
    consumen drogas por vía parenteral y que
    comparten jeringuillas son el colectivo más afectado por esta enfermedad
    en España. De hecho, algunos estudios sugieren que entre el 80 y el 90 por
    ciento de estos sujetos son portadores de esta infección. También se
    registran algunos casos en aquellas personas tratadas con inyecciones en
    la época en la que no se usaban jeringuillas desechables:
    .

  3. Personal sanitario

    : su riesgo aumenta, ya
    que están más expuestos a la posibilidad de pinchazos accidentales con
    pacientes infectados, especialmente durante las intervenciones
    quirúrgicas, colocación de catéteres, extracciones de sangre…

  4. Tatuajes y piercings

    : si no se usan materiales
    desechables o se realizan sin las medidas higiénicas adecuadas pueden ser
    fuente de contagio.

  5. Contacto sexual

    : por lo general, las
    relaciones sexuales son una vía de transmisión con un riesgo muy bajo, aunque
    hay algunas relaciones de más riesgo, ya sea por el mayor riesgo de
    sangrado y erosiones que implican, o por los casos en los
    el afectado o su pareja tienen una enfermedad de transmisión
    sexual. Por ejemplo, está comprobado que la infección por Clamidia, la
    gonorrea y la infección por VIH aumenta el riesgo de contagio.

  6. Vía materno-fetal:
    los hijos de
    madres afectadas pueden contagiarse en cualquier momento del embarazo,
    aunque se produce con mayor frecuencia durante el parto. Este riesgo es de
    aproximadamente un 25 por ciento cuando la madre no está en tratamiento y
    de menos de un 2 por ciento si la progenitora está diagnosticada y
    tratada. En cuanto a la lactancia, no existe ninguna razón para
    abandonarla, a no ser que existan heridas o grietas en los pezones.

Un diagnóstico difícil

Más del 90 por ciento de los pacientes que contraen esta enfermedad no
presentan síntomas y ésta se les detecta de forma casual cuando la persona va a
donar sangre o se somete a un análisis de rutina, en el que se obtienen resultados
anormales de las pruebas de funcionamiento hepático (GOT, GPT), es decir, las transaminansas. En estos casos, el especialista suele
solicitar un nuevo análisis de sangre que determine la presencia de anticuerpos
específicos de la hepatitis C.

A esta ausencia de síntomas hay que unir un hallazgo reciente de los
expertos de la Fundación para el Estudio de las Hepatitis Virales (FEHV),
quienes demostraron que, en algunos casos, el virus de la hepatitis C permanece
oculto en el hígado y es imposible de detectar mediante los análisis
tradicionales. Además, en la mayoría de los pacientes con esta infección
oculta, no hay antecedentes de prácticas de riesgo (jeringuillas,
transfusiones).

Hace unos meses, con motivo de la celebración del primer ?Día Nacional de
la Hepatitis C?, la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH)
presentó el informe La hepatitis C en España, según el cual en nuestro
país existen más de 800.000 portadores del virus, de los que más de 600.000 desconocen
estar infectados y, por tanto, no reciben tratamiento. A diferencia de otras hepatitis, ser
portador del virus equivale a tener la enfermedad, es decir, ser portador es
estar enfermo de hepatitis C. Lo que sí está claro es que cuanto antes se
diagnostique la infección, más pronto se iniciará el tratamiento, evitándose
así la evolución de la enfermedad y sus posteriores complicaciones, de ahí la
importancia de, ante la mínima sospecha de haber sido contagiado por este
virus, someterse a un análisis de sangre para descartar la infección.

?Ante cualquier aumento de las transaminasas
hay que pensar la posible existencia de una hepatitis C?, explica  el Dr. Moisés Diago, jefe de Sección de
Hepatología del Servicio de Aparato Digestivo del Consorcio Hospital General
Universitario de Valencia y uno de los directores del ?Manual de Hepatitis C?,
presentado recientemente.

Además, esta patología presenta otra peculiaridad, y es que no
evoluciona de la misma forma en todos los individuos. Se estima que 20-30 de
cada 100 pacientes infectados se recuperar de forma espontánea (algo más
frecuente en niños y mujeres jóvenes), mientras que el 70-80 por ciento
restante tendrán la infección persistente. La razón de esto se desconoce. Un
estudio realizado al respecto por expertos de la Universidad Johns Hopkins demostró que
existen una serie de factores genéticos que determinan por qué unos pacientes
se curan de forma espontánea de hepatitis C mientras que en otros, incapaces de
eliminar el virus, esta patología se hace crónica.

Cirrosis y cáncer de hígado:

palabras
mayores

Las principales complicaciones de la hepatitis C son la cirrosis y el cáncer de hígado. En el primer caso, la derivación a cirrosis
ocurre en aproximadamente el 20 por ciento de los casos que cronifican, si bien
esta patología tarda en aparecer de 20 a 30 años. Asimismo, entre un 15 y un 20
por ciento de las cirrosis desembocan en un cáncer de hígado.

Además, investigaciones recientes apuntan a que el virus de la hepatitis
C eleva el riesgo de desarrollar cáncer linfático y mieloma múltiple.

Pero, sin duda, el aspecto que más preocupa actualmente de esta
enfermedad y que incluso ya ha sido catalogado de ?problema de salud pública?
es la coinfección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el virus de
la hepatitis C (VHC). De hecho, se estima que la mitad de los 150.000 seropositivos que hay en España están coinfectados
por el virus de la hepatitis C, con una edad media de 40 años.?El virus del
sida agrava considerablemente la evolución de la hepatitis, acelera la
progresión de la enfermedad y hace más frecuente el desarrollo de cirrosis,
enfermedad hepática terminal y cáncer de hígado. En este grupo de pacientes coinfectados por virus VIH, el virus de la hepatitis C ha
llegado a convertirse en una de las principales causas de muerte?, ha afirmado
el doctor Antonio Rivero, presidente de
la Sociedad Andaluza de Enfermedades Infecciosas,
durante el curso de Atención
farmacéutica a pacientes con hepatitis C crónica
celebrado recientemente en
Sevilla. Según el doctor Rivero, ?para el control de la hepatitis C en
pacientes coinfectados es recomendable comenzar la
administración del tratamiento para la hepatitis antes de iniciar la terapia antirretroviral, para evitar posibles interacciones entre
ambos fármacos?.

En cuanto a los pacientes que desarrollan cirrosis o cáncer de hígado,
estos se pueden tratar mediante un transplante hepático.

Importante, el peso justo

Según un estudio publicado en el Journal
of Clinical Gastroenterology
, los pacientes con hepatitis C
deberían adoptar las medidas necesarias para evitar el sobrepeso, ya que las
grasas acumuladas en  el hígado de los
pacientes obesos acelera el daño hepático producido por el virus C y favorece
la aparición de otras patologías, como la fibrosis hepática, una situación en
la que el tejido normal es sustituido por un tejido cicatricial que impide el
funcionamiento normal de este órgano.

Además de seguir una dieta sana y equilibrada que les asegure el peso
adecuado, las personas VHC positivas deben seguir una serie de pautas en su
rutina diaria  para cuidar adecuadamente
su hígado, como:

  • No beber
    alcohol.
  • No tomar
    medicamentos sin consultar con el especialista y tampoco recurrir a
    productos de herboristería.
  • Visitar
    regularmente al médico según los controles que se indiquen.
  • Seguir al pie
    de la letra las pautas de medicación recomendadas.
  • Vacunarse
    contra la hepatitis A y la hepatitis B, según se le indique.

Tratamiento: buenas perspectivas

La terapia aplicada a los pacientes con hepatitis C no solo evita las
complicaciones a largo plazo, previniendo la aparición de cirrosis y hepatocarcinoma, sino que, a corto plazo, mejora
significativamente la calidad de vida de los pacientes. Su objetivo es, por un
lado, restaurar la normalidad analítica y negativizar
el virus y, por otro, conseguir una estabilización mantenida tras seis meses de
haber suspendido el tratamiento; es entonces cuando se puede hablar de
curación.

El tratamiento más prescrito actualmente y que ha demostrado una mayor
efectividad es la terapia combinada de dos fármacos: el interferón de liberación lenta (peginterferón
alfa 2 a), que reduce la carga viral de la sangre, y la ribavirina, un antiviral que
ataca los reservorios en los que se oculta el virus de la hepatitis C.  El interferón se administra por vía
subcutánea una vez a la semana durante 48 semanas, mientras que la ribavirina se toma por vía oral. ?Hay que transmitir al
paciente la idea de que la hepatitis C tiene actualmente tratamiento y se puede
curar. Dicho tratamiento ha mejorado de forma espectacular, ya que se ha
simplificado y mejorado su eficacia, curando en la actualidad a más de la mitad
de los pacientes, llegando en determinados pacientes hasta  80-90 por ciento de curaciones, entendiendo
por tal la eliminación definitiva del virus C?, señala  el Dr. Diago.

El porcentaje de curación depende sobre todo del tipo de virus
(actualmente hay cuatro identificados y se sabe que en dos de ellos la
respuesta es mejor).

Muchos hospitales de la Seguridad Social ofrecen este tratamiento, y en
la mayoría hay unidades de Aparato Digestivo o de Enfermedades Infecciosas
encargadas del tratamiento y seguimiento de estos pacientes.

Al contrario de lo que ocurre con otros tipos de hepatitis, no hay en la
actualidad vacunas frente a la hepatitis C

El contagio: ¿se puede evitar?

Aunque en muchas ocasiones no está clara la vía por la que se ha
contraído la enfermedad, sí es cierto que tomar determinadas precauciones y
adoptar ciertos hábitos de vida puede ser efectivo a la hora de prevenir la
enfermedad:

-Evitar el uso compartido de agujas y jeringuillas.

-En caso de que se realice una actividad que implique estar en contacto
con sangre, utilizar siempre guantes y, también,  emplear material estéril y desechable ante
cualquier procedimiento en el que pueda haber sangre (aunque sea muy poca):
colocación de piercings, realización de tatuajes,
cuchillas de afeitar en la peluquería…

-Utilizar preservativo ante cualquier contacto sexual no habitual.

-No compartir cuchillos, cortauñas, cepillos
dentales, etc.

-Si se produce un pinchazo accidental con alguien que tiene esta
enfermedad, se aconseja hacer un estudio para determinar la posibilidad de
contagio y, en caso de que este se haya producido, se planteará un tratamiento
precoz con los fármacos que actúan frente al virus.

?Decorarse? puede ser igual a infectarse

Los expertos advierten que los casos nuevos de hepatitis C que se están
registrando en los últimos tiempos son debidos a la proliferación de prácticas
como los piercings y tatuajes, especialmente entre
los jóvenes, y determinados tratamientos estéticos, como las infiltraciones
tipo botox, con la misma jeringuilla de un paciente
infectado.

El piercing consiste en una perforación en
alguna zona del cuerpo (orejas, cejas, nariz, lengua, ombligo…) en la que se
pone algún tipo de aro, anillo, bola o cadena, normalmente de bisutería. En el
caso de los tatuajes, se realiza una herida punzante en las capas profundas de
la piel (dermis) que se llena con tinta.

Ya hace un tiempo la Comisión Europea advirtió del riesgo que entrañaban
estas prácticas cuando se realizan sin tomar las debidas precauciones
sanitarias. Y es que la posibilidad de que produzcan ciertas complicaciones es
relativamente frecuente, y entre ellas destaca la aparición de infecciones
virales, como el sida y la hepatitis C, transmitidas a través de los materiales
con los que se realizan, cuando estos no se ajustan a las normas sanitarias
establecidas. Esto, unido a evidencias tan significativas como las arrojadas
por un informe elaborado por los técnicos de Consumer
(revista de información al consumidor editada por la Fundación Grupo Eroski), según el cual, 9 de cada 10 centros españoles que
realizan piercings y tatuajes no reúnen los criterios
de calidad recomendados, ha llevado al Ministerio de Sanidad a regular estas
prácticas y así recientemente ha entrado en vigor un Decreto de la Consejería
de Sanidad y Consumo que regula las actividades de tatuaje, micropigmentación,
perforación cutánea o piercing, así como los locales
en los que se llevan a cabo. El Decreto establece que sólo podrán realizar
estas prácticas aquellos establecimientos permanentes y no ambulantes que
reúnan una serie de requisitos y condiciones higiénico-sanitarias, además de
estar inscritos en un registro que se ha creado para este fin.

Asimismo, se establecen centros de formación para el personal y se
detallan los requisitos de información y consentimiento.



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