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Hipercolesterolemia. grasas en pie de guerra.

Hipercolesterolemia. grasas en pie de guerra.

Aprende a diferenciar las
grasas ?buenas? de aquellas que deben desaparecer inmediatamente de tu despensa

La hipercolesterolemia consiste en la presencia de colesterol en sangre
por encima de los niveles considerados ?normales?. Aunque establecer un
criterio de ?normalidad? es difícil, se sabe que las personas cuyos niveles de
colesterol total en sangre son superiores a 240 mg/dl tienen el doble de riesgo de padecer un infarto de
miocardio que aquellas cuyos niveles rondan los 200 mg/dl. Como norma general, el colesterol LDL (el ?malo?)  debe ser inferior a 100-130 mg/dl y el colesterol HDL (el
?bueno?) debe ser superior a 35 mg/dl en los hombres y 40 mg/dl en las mujeres. La mayor o menor concentración de colesterol
(un lípido del grupo de las grasas que participa en las constitución de las
membranas de los tejidos del organismo) en la sangre depende del sexo, del
estilo de vida, de la actividad física, de la síntesis endógena y, por encima
de todo, de la dieta.

Mayor riesgo de infarto

Según datos de la Sociedad
Española de Arterioesclerosis,
más del 50 por
ciento de la población presenta hipercolesterolemia, con valores iguales o
superiores a los 200 mg/dl.
Además, el 18 por ciento de los españoles con edades comprendidas entre los 35
y los 64 años presenta hipercolesterolemia con cifras iguales o superiores a
250 mg/dl, lo que supone
una prevalencia de la dislipemia
en la sociedad española significativamente alta. El riesgo de esto es
incuestionable: existe una relación directa entre los niveles elevados de
colesterol en sangre y la incidencia de enfermedad cardiovascular.

Se habla de dos tipos de hipercolesterolemia:

  1. La hipercolesterolemia primaria, que
    es aquella derivada de problemas en los sistemas transportadores del
    colesterol y factores genéticos (en este tipo se enmarcan las dislipemias).
  2. La hipercolesterolemia secundaria, en
    las que el aumento del colesterol se asocia a enfermedades hepáticas,
    endocrinas o renales. Además, hay algunas sustancias que pueden aumentar
    los niveles de colesterol LDL como los esteroides anabolizantes, los betabloqueantes y algunas sustancias hipertensivas.

Cuando el LDL se hereda

La hipercolesterolemia familiar (HF) es un trastorno grave fruto de una
serie de mutaciones en el gen receptor de las lipoproteínas de baja intensidad
que transportan el colesterol. En efecto, la mayor parte del denominado
colesterol malo (LDL) es eliminado de la sangre por el hígado en un proceso
controlado por receptores celulares especializados. Sin embargo, en estos
pacientes, no se elimina bien el colesterol en sangre, lo que los hace
extremadamente vulnerables a padecer problemas cardiacos. Se trata de una
alteración genética que se manifiesta desde el nacimiento y se presenta por
igual en hombres que en mujeres. Se estima que más de 10.000 españoles padecen
esta patología, aunque aproximadamente el 70 por ciento no están diagnosticados
ni siguen tratamiento. Esta circunstancia es la que ha impulsado la creación
del primer biochip (el ?Lipochip?)
capaz de diagnosticar de forma prematura hasta un 85 por ciento de casos de
hipercolesterolemia familiar. Mediante una simple muestra de sangre se puede
detectar en el laboratorio si el paciente padece o no la patología, lo que es
fundamental de cara al tratamiento, sobre todo teniendo en cuenta que quienes
la sufren padecen desde edades muy tempranas un daño muy importante en las
arterias coronarias.

Además de la dieta y los hábitos de vida saludable, los enfermos de HF
necesitan medicación (estatinas, resinas y ácido
nicotínico).

Si el principal tratamiento de
la hipercolesterolemia es el dietético, no hay que subestimar la importancia
que adquieren medidas como el abandono del tabaco y la práctica regular de
ejercicio

Los nutrientes imprescindibles

  • Fibra: según un estudio
    realizado por expertos de la Universidad de Kentucky (Estados Unidos), en
    algunos pacientes con hipercolesterolemia, los suplementos de fibra
    ejercen el mismo beneficio que los fármacos contra esta patología, lo que
    a su vez significa que en éstos el riesgo de sufrir un ataque coronario se
    reduce entre un 10 y un 15 por ciento.
  • Aceite de oliva: es el
    constituyente básico de la dieta mediterránea y la grasa culinaria
    fundamental en la dieta española. Muchísimos estudios científicos lo han
    demostrado: frente a otras grasas, el aceite de oliva no solo reduce el
    colesterol sanguíneo total sino que, además, preserva los niveles de
    colesterol ?bueno?, el HDL.
  • Salvado de avena: es uno de los
    alimentos más ricos en fibra soluble, la cual absorbe las sustancias que
    el hígado utiliza para fabricar el colesterol. Así, en lugar de entrar en
    la corriente sanguínea, estas sustancias se unen a las fibras que luego se
    evacúan por los intestinos.
  • Pescados azules: la grasa de
    este tipo de pescado está formada por los ácidos grasos omega 3, los
    cuales influyen de manera decisiva en la antiagregación
    plaquetaria y, por tanto, en la formación de
    placas de ateroma. Los expertos recomiendan tomar caballa, sardina, atún,
    pez espada o salmón tres veces por semana en raciones de 100 a 200 gr.
  • Legumbres: los garbanzos, judías o
    lentejas, además de ser alimentos ricos en fibra soluble, aportan
    proteínas y minerales.
  • Frutas y verduras: son dos valores
    seguros cuando se trata de mantener los niveles de colesterol a raya. Las
    manzanas, los pomelos y las zanahorias son ricos en pectinas, unas
    sustancias capaces de reducir, según estudios recientes, los niveles de
    colesterol total y sobre todo los de LDL.

A vueltas con las grasas

Tanto la Sociedad Española de Arterioesclerosis
como la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria recuerdan que, en los casos
de hipercolesterolemia, la contribución de las grasas en la dieta (de alimentos
o aliños) debe encontrarse en un porcentaje de entre el 30 y el 35 por ciento,
siempre que se utilice como grasa culinaria el aceite de oliva y, en menor
proporción, otros aceites de semillas, ya que la calidad de la grasa dietética
es más importante que la cantidad. De este contenido de grasa total, tan solo
el 7-10 por ciento debe proceder de grasas saturadas (presentes en alimentos
como la mantequilla y aceites de palma y coco). Entre un 15 y un 20 por ciento
debe proceder de grasas monoinsaturadas, presentes
especialmente en el aceite de oliva. En este sentido, diversos estudios han
demostrado que sustituir la grasa saturada por monoinsaturada
produce una disminución del colesterol total a expensas del colesterol LDL. Por
último, un 7 por ciento debe proceder de ácidos grasos poliinsaturados,
entre los que se encuentran los omega 3, los cuales no pueden ser sistetizados por el organismo y únicamente se obtienen a
través de la alimentación. Se encuentran en pequeñas cantidades en algunos
aceites vegetales y plantas, siendo su fuente principal los pescados azules. Su
consumo diario debería ser de 1 a 1,5 gramos, y este debe provenir de la dieta
mejor que de suplementos.

Asimismo, y junto a esta selección de grasa dietética, es muy importante
prescindir de aquellos alimentos que aportan colesterol al organismo, tales
como la yema de huevo, las vísceras (hígados, riñones), las comidas grasas y la
mantequilla.

El semáforo dietético

La Fundación de
Hipercolesterolemia Familiar
ha clasificado en tres grupos los alimentos
más habituales para que las personas con colesterol elevado sepan de cuáles
nutrientes deben alejarse y cuáles, en cambio, están recomendados para su
dolencia:

  • Alimentos aconsejados:
    1. Leche y
      lácteos: leches y yogures desnatados, queso tipo Burgos y requesón bajo
      en grasas; quesitos ?light??
    2. Carne,
      pescado, huevos y derivados: carnes y aves poco grasas (pollo y pavo sin
      piel, ternera magra, caña de lomo de cerdo, conejo, solomillos,
      perdiz…), jamón york magro (con un 3-5 por
      ciento de grasa), pescado azul y huevo.
    3. Cereales,
      patatas y legumbres: todos, salvo los indicados en los otros apartados.
    4. Verduras y
      hortalizas: Todas.
    5. Frutas: todas,
      salvo las indicadas en alimentos limitados.
    6. Grasas: aceites
      de oliva y semillas (girasol, maíz, soja).
    7. Otros
      alimentos: salsas a base de hortalizas y poco aceite (preferentemente
      oliva), mayonesa elaborada con leche desnatada.
    8. Bebidas: agua
      mineral con o sin gas, caldos desgrasados, infusiones, zumos.
  • Alimentos permitidos (con moderación y
    ocasionalmente)
    1. Leche y
      lácteos: leche semidesnatada, yogur entero
      natural o de frutas, cuajada, petit suisse, quesos suaves y poco curados.
    2. Carne y
      derivados: carnes semigrasas (vaca, cerdo, pierna de cordero), fiambres
      especiales bajos en grasa de pavo o pollo, jamón serrano (sin el tocino),
      marisco (excepto los que están limitados).
    3. Cereales,
      patatas y legumbres: galletas tipo María, bollería casera elaborada con
      leche desnatada y aceite de oliva.
    4. Verduras y
      hortalizas: sin ninguna excepción.
    5. Frutas: frutas
      en almíbar, escarchadas y confitadas.
    6. Grasas: mantequilla,
      margarina 100 por cien vegetal.
    7. Otros
      alimentos: salsas y sopas comerciales, frutos secos y frutas desecadas
      (ciruelas y uvas pasas).
    8. Bebidas: bebidas
      alcohólicas de baja graduación (cerveza, sidra, vinos de mesa).
  • Alimentos limitados (por su alto contenido
    en colesterol y grasa saturada)
    1. Leche y
      lácteos: leche entera o condensada, yogures enriquecidos con nata, quesos
      grasos, fundidos y para untar, nata líquida o montada.
    2. Carnes, pescados,
      huevos y sus derivados: cerdo y ternera grasos, pato, carnes ahumadas o
      curadas, vísceras, charcutería, pescados adobados, salazones, ahumados,
      en escabeche y marisco (calamares y camarones).
    3. Cereales,
      patatas y legumbres: bollería convencional, productos de pastelería y
      repostería, yemas, tocino de cielo, patatas fritas de bolsa y otros snacks.
    4. Verduras y
      hortalizas: verduras preparadas con mantequilla, crema, queso y otras
      salsas excesivamente grasas.
    5. Grasas: margarina
      mixta, manteca, tocino y sebos, aceites de coco y palma, manteca de cacao
      y productos que la contengan (chocolate, pralinés,
      cacao soluble en polvo).
    6. Otros
      alimentos: alimentos que incluyan en sus ingredientes aceite vegetal sin
      especificar su procedencia, ya que puede tratarse de aceites de palma o
      coco ricos en grasa saturada. Productos que contienen huevo (mayonesa,
      bollería, bizcochos, croquetas, empanadillas, rebozados).
    7. Bebidas: bebidas
      alcohólicas de alta graduación (licores, destilados).

Productos ?col?: ¿son
efectivos?

En los últimos tiempos han proliferado en nuestros mercados productos
enriquecidos con determinados ingredientes capaces de reducir los niveles de
colesterol en sangre. El primero de ellos fue una margarina que, según los
datos arrojados por la Asociación Americana del Corazón (AHA), logra reducir de
forma significativa los niveles de colesterol en sangre especialmente en
aquellos niños que padecen hipercolesterolemia familiar. Más recientes son los
yogures líquidos que contienen una sustancia, los estanoles
vegetales, las cuales, tal y como han demostrado un total de 40 estudios
clínicos, reducen hasta en un 10 por ciento los niveles de colesterol total y
en cerca de un 15 por ciento los de LDL, siempre que se consuman a diario en
una cantidad de 2 gramos, aproximadamente.

Eso sí: es muy importante saber que estos productos sólo son efectivos
en aquellas personas que tengan niveles elevados de colesterol en sangre, es
decir, con una hipercolesterolemia diagnosticada, y por tanto deben ser
consumidos exclusivamente por ellas.



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