Inflamación ocular.

El enrojecimiento y la inflamación ocular son dos claros síntomas de que tus ojos no atraviesan su mejor momento. La conjuntivitis alérgica puede estar acechando la salud de tu mirada

Nunca debemos subestimar la importancia de la inflamación ocular, una dolencia que en la población joven está ampliamente relacionada con la alergia estacional, y que afecta a alrededor del 7 % de este colectivo, según se ha puesto de manifiesto en el Tercer Curso de Actualización para Residentes en Oftalmología, celebrado recientemente en Madrid.. Si la inflamación y el enrojecimiento vienen acompañados por dolor y pérdida de visión, podría significar incluso la consecuencia directa de enfermedades de mayor gravedad como el glaucoma o la inflamación del iris y  la córnea, entre otras.

Mímalos

El cuidado de nuestros ojos es fundamental para mantener una bonita mirada durante muchos años. De su correcto funcionamiento depende uno de nuestros sentidos más esenciales, la vista, por lo que toda prevención que se tenga es poca. Sin embargo, nuestros ojos sufren más de lo que pensamos. El hecho de ser un órgano externo hace que se enfrente continuamente con multitud de agentes agresivos que favorecen el desarrollo de infecciones y otras dolencias oculares, que hacen perder a nuestra mirada ese brillo que la convierte en especial.

La irritación,

el paso previo a la infección

Cuando existe enrojecimiento e irritación, el blanco de la membrana conjuntiva se torna rojizo al dilatarse sus vasos sanguíneos, y comienzan a aparecer picores, molestias con la luz, aumento del lagrimeo o sensación de arenilla al parpadear. Esta complicación sintomática de la inflamación ocular indica una posible conjuntivitis, una infección de la conjuntiva (la parte blanca del globo ocular) que puede estar ocasionada por procesos víricos o bacterianos, pero también por la irritación que producen elementos del medio externo como la polución o el humo. El cansancio, las condiciones ambientales, la excesiva exposición al sol o al polvo, el esfuerzo físico o el uso excesivo de lentes de contacto también pueden provocar inflamación ocular y enrojecimiento, lo que no quiere decir que tengamos por ello que ser menos cuidadosos. Ante cualquiera de estos síntomas, debemos evitar el contacto del ojo afectado con cualquier agente externo y mantener la superficie limpia e hidratada con la ayuda de un buen colirio, puesto que la irritación es el paso previo a la infección ocular. En los casos más graves, si la inflamación ocular afecta a la córnea, provoca una complicación mayor, de tipo estructural, que hace que la visión empeore y se cronifique su cuadro sintomático.

Las causas según la edad

Existen multitud de causas que pueden provocar inflamación ocular y enrojecimiento de  los ojos. Sin embargo, algunas de estas causas tienen una incidencia especial a determinadas edades. Así, el doctor Jesús Montero, jefe de la Unidad de Superficie Ocular e Inmunopatología del Servicio de Oftalmología del Hospital Virgen Macarena de Sevilla ha establecido la siguiente relación entre posibles causas que desencadenan la inflamación ocular y las edades en las que se dan con mayor frecuencia.

Edades                  Causas más frecuentes

Niños                                    Infecciones

Jóvenes                                Alergias estacionales

Adultos                                Síndrome del ojo seco

La alergia como causante

La alergia es una de las principales causas del enrojecimiento ocular, sobre todo en la población joven. La forma más habitual de presentarse esta inflamación por alergia es mediante la llamada conjuntivitis alérgica, una enfermedad inflamatoria que padece un 25% de la población, y que presenta idéntica sintomatología que la conjuntivitis convencional, pero que, por el contrario, se manifiesta asociada a cuadros alérgicos desencadenados por diversos alérgenos como el polen, los ácaros del polvo o los epitelios de animales domésticos. Existen diferentes variantes de esta enfermedad alérgica según la forma en que se manifiesta y las causas que la provocan, como la queratoconjuntivitis vernal, la queratoconjuntivitis atópica, la conjuntivitis papilar gigante y la dermatoconjuntivitis alérgica por contacto.

  • Queratoconjuntivitis vernal: se presenta más frecuentemente en niños y adolescentes. La alergia afecta a nariz y ojos al mismo tiempo (rinoconjuntivitis). Los síntomas se agudizan en primavera y verano, aunque en algunos casos se prolongan durante todo el año.
  • Queratoconjuntivitis atópica: además de los síntomas propios de la conjuntivitis, esta variante afecta también a la córnea y presenta lesiones en los párpados y el resto de la piel.
  • Conjuntivitis papilar gigante: es similar a la queratoconjuntivitis vernal,  pero suele presentarse en pacientes que usan lentes de contacto blandas. Viene provocada por los depósitos de timerosal y otros productos irritantes que el uso prolongado deja en las lentes.
  • Dermatoconjuntivitis alérgica por contacto: el agente desencadenante afecta tanto a la piel del párpado como a la conjuntiva del ojo, por contacto de ambas.

Ojos que no lloran

Cuando al enrojecimiento de nuestros ojos se suma una falta de secreción lagrimal y una escasa lubricación de su superficie, nos hallamos ante el denominado síndrome del ojo seco. Ante esta situación, nuestro ojo tiende a resecarse y se produce una molesta irritación acompañada de otros síntomas como quemazón, sensación de fatiga o pesadez en los párpados. En ocasiones, el síndrome del ojo seco puede estar favorecido por el aumento de la evaporación que producen determinadas situaciones ambientales, como el calor, el viento o el aire acondicionado. Por su parte, la lectura prolongada contribuye a reducir el parpadeo que, a su vez, es el encargado de la distribución de la lágrima y, por tanto, de mantener húmeda la superficie del ojo. La ausencia de lágrima pone en peligro la salud ocular, ya que el líquido lagrimal se compone de tres capas que protegen y nutren la córnea, además de aislar el ojo de posibles agentes bacterianos.

El síndrome del ojo seco puede afectar a cualquier persona sana, aunque, por cuestiones hormonales, tiene una mayor incidencia en las mujeres que en los hombres y suele ser más frecuente entre las personas mayores, especialmente a partir de los 60 años, cuando se hace presente hasta en el 30% de las personas de esa edad.

El alivio de los colirios

Aunque muchas veces no hagamos nada por ellos, nuestros ojos son merecedores de un cuidado tan esmerado como el resto de nuestro cuerpo. Junto a las normas higiénicas elementales, existen multitud de colirios y soluciones líquidas que ayudan a mantener nuestros ojos en perfecto estado de lubricación e higiene, así como a prevenir el desarrollo de bacterias que pueden desencadenar infecciones como la conjuntivitis. Además, estos líquidos cuentan con propiedades tonificantes que alivian los molestos síntomas que acompañan a todas estas dolencias y ayudan a mantener una mirada fresca y viva durante todo el día.



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