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Inmunooncología, un paso de gigante contra el cáncer

La campaña En Oncología, cada avance se escribe con mayúsculas, en la que la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) repasa mensualmente la evolución y los avances que han supuesto los principales tumores, dedica este mes de febrero a la Inmunooncología.

El concepto de potenciar la respuesta inmunológica para tratar a pacientes con cáncer data del siglo XIX, y se considera al Dr. William Coley como su precursor. Durante el siglo XX se desarrollaron diversas estrategias de estimulación y manipulación del sistema inmunológico que eran eficaces en un pequeño número de pacientes. No obstante, su baja eficacia y su dificultad de preparación y administración impidieron que su utilización se generalizara. Los trabajos de finales del siglo XX, del Dr. Allison sobre el receptor CTLA-4 y los efectos antitumorales producidos por su bloqueo; y del Dr. Honjo sobre el receptor PD-1, abrieron la puerta a la manipulación de la respuesta inmunológica mediante anticuerpos que bloquean los procesos de inmunosupresión utilizados por muchos tumores para crecer, y consiguen beneficiar a los pacientes con cáncer.

La inmunoterapia ejerce su acción antitumoral estimulando la respuesta inmunológica de los pacientes frente al cáncer, a diferencia de los tratamientos clásicos, que atacan directamente al tumor. Esto implica una serie de ventajas y características de esta novedosa estrategia. La principal ventaja de la inmunooncología es su capacidad de controlar el tumor durante periodos muy largos de tiempo en un determinado porcentaje de pacientes, que varía según el tipo de cáncer. En algunos pacientes con tumores que antes se consideraban incurables, en este momento se están consiguiendo supervivencias muy prolongadas, incluso de años.

En la actualidad, la inmunoterapia con anticuerpos que bloquean los receptores PD-1 o la acción sobre estos receptores de la proteína PD-L1 ha demostrado eficacia frente a un gran número de tumores, incluyendo entre otros el melanoma, los cánceres de pulmón, riñón, vejiga, estómago, hígado, cabeza y cuello y algunos tumores ginecológicos y linfomas. En un principio su utilización se limitaba a pacientes en los que había fracasado el tratamiento convencional, habitualmente con quimioterapia, pero en pacientes con algunos tipos de tumores, como el melanoma o algunos cánceres de pulmón, ya se considera el tratamiento de primera elección. Varios estudios en marcha sobre inmunooncología, en los cuales España tiene una participación muy relevante, confirmarán si la inmunoterapia es beneficiosa como tratamiento de primera línea en otros tipos de tumores. Además, este tipo de inmunoterapia ha demostrado ser eficaz como tratamiento adyuvante (es decir, para prevenir reapariciones del tumor en pacientes en los que se ha extirpado completamente la enfermedad mediante cirugía, pero en los que puede existir enfermedad microscópica) en pacientes con melanoma. También mejora el control del tumor en pacientes con cáncer de pulmón en estadios localmente avanzados tratados previamente con quimioterapia y radioterapia. Varios estudios en marcha determinarán si estos fármacos también tienen un valor como tratamiento adyuvante en otros tumores, como el cáncer de pulmón, de vejiga o de riñón.

Estos tratamientos de  inmunooncología suelen administrase por vía intravenosa y su toxicidad suele ser menor que la de los tratamientos convencionales, como la quimioterapia. No obstante, entre un 5-15% de los pacientes pueden desarrollar toxicidades relevantes, que suelen deberse a la activación del sistema inmunológico contra el propio organismo del paciente. Los órganos más frecuentemente afectados por estas reacciones son: el pulmón (“neumonitis”), que se manifiesta en forma de tos y dificultad para respirar; y el tubo digestivo (“colitis”), que se presenta como diarrea. Cuando se utilizan como fármacos únicos, que es lo más habitual hoy en día, la toxicidad no suele ser un problema importante. No obstante, cuando se emplean de forma combinada, su frecuencia y severidad es mayor. Por ello, es necesario que estos pacientes sean controlados por equipos médicos especializados.

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