Insuficiencia renal crónica. vivir la diálisis.

Publicado por el 01/02/2004

Escribe: Gúdula Cáceres (Primer Premio de la Fundación Renal ?Iñigo Álvarez
de Toledo?

Fotos: Centro de
Diálisis Hospital Clínico San Carlos, Sevilla

4 horas y tres veces
por semana. Éste es el tiempo invertido en la diálisis, un proceso artificial
de filtración de la sangre, a cambio del cual el enfermo renal recibe nada
menos que la vida

Alrededor de un millón de personas con insuficiencia renal
en todo el mundo están obligadas a acudir a sesiones de diálisis para seguir
con vida. Antes, ambos riñones han pasado por un proceso de deterioro que
provoca su incapacidad para desempeñar la función que tienen asignada en el
conjunto del organismo humano. La insuficiencia renal supone, por tanto, el
fracaso de los dos riñones, ya que, mientras uno de ellos se mantenga en
perfecto estado, es capaz de realizar el mismo trabajo de los dos.

El papel de los riñones

Estos órganos cumplen una función básica en el organismo que consiste,
principalmente, en eliminar las sustancias nocivas. Así, a través de la orina
se expulsa el exceso de agua, los residuos procedentes de alimentos ingeridos,
o los productos metabólicos de desecho tales como la urea, la creatinina, el
ácido úrico y los hidrogeniones. Pero, además de esto, el riñón se encarga
también de regular la presión sanguínea y de producir glóbulos rojos, así como
de evitar la descalcificación ósea mediante la formación de vitamina D.

El devenir de la enfermedad

Generalmente, el desgaste del riñón se produce de forma progresiva y
continua. Comienza cuando una parte de las nefronas, lugar donde se realiza el
filtrado, falla. Poco a poco, el resto de ellas también pierde su función, y es
en ese momento cuando el paciente debe someterse a un tratamiento de
hemodiálisis o bien a un trasplante.

En un primer momento, la insuficiencia es asintomática. Es decir, el
paciente no recibe de su cuerpo ninguna señal de alerta que le haga caer en la
cuenta de que está enfermo. Es por ello que, en muchas ocasiones, el
diagnóstico se realiza de forma casi fortuita, cuando una persona se somete a
una analítica en un centro de atención primaria. Aquí, el médico de cabecera
observa un aumento de la creatinina y remite al paciente al especialista, en
este caso el nefrólogo. Los síntomas que suelen aparecer en esta primera fase
son el dolor lumbar, tal y como explica el Dr. Heras, del Centro de Diálisis
Los Olmos, en Segovia. Pero a medida que la enfermedad avanza, y generalmente
una vez que se ha hecho el diagnóstico, los problemas físicos son más patentes
y pueden llegar a producirse elevaciones de la tensión arterial, disminución
del apetito, vómitos provocados por las toxinas acumuladas, etc.

Síntomas de la insuficiencia renal
crónica

-         
Falta de apetito
(anorexia) y de fuerzas (astenia).

-         
Hipertensión.

-         
Anemia.

-         
Insuficiencia cardíaca y dificultad respiratoria.

-         
Falta de
concentración.

-         
Vómitos.

-         
Edemas.

-         
Dolores óseos.

-         
Picor
generalizado.

-         
Disminución de la
producción de orina (oliguria) o producción excesiva durante la noche (nicturia).


Causas

1.       
Muchas son las
causas que pueden conducir a una insuficiencia renal crónica, entre ellas
diversas dolencias renales.

2.       
Pero, sin duda,
la diabetes y las enfermedades cardiovasculares
nos convierten a todos en enfermos renales potenciales, pues ambos problemas
son enemigos directos del riñón y dos de los motivos principales que conducen a
la diálisis. La medicina preventiva y la atención primaria suponen un pilar
básico de detección, por lo que, en el caso de los diabéticos, es fundamental
el diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado. Y lo mismo ocurre con los
pacientes hipertensos.

3.       
Además, los
riñones pueden verse dañados por traumatismos,
quemaduras extensas o intoxicaciones provocadas por diversos medicamentos
.

4.       
Otra causa a
tener muy en cuenta es la predisposición
genética
.

5.       
Por otra parte,
las personas de elevada edad son
insuficientes renales potenciales, de hecho, una buena parte de los pacientes
que acuden a dializarse son de la tercera edad. Esto no significa que los
jóvenes, e incluso los niños, no puedan padecer este trastorno.

La mejor recomendación para cuidar
nuestros riñones es llevar una vida sana, lo cual se traduce en una
alimentación equilibrada y la realización de ejercicio físico

CAUSAS FUNDAMENTALES DE LA INSUFICIENCIA RENAL
CRÓNICA

El tratamiento

Tras el diagnóstico de la insuficiencia renal, se impone un tratamiento
conservador, que permite cuidar al máximo el riñón y ralentizar su deterioro.
Pero cuando la función de estos órganos desaparece por completo, es decir,
cuando se llega a la fase terminal, es necesario poner en marcha un tratamiento sustitutivo. Un ser humano
no puede vivir sin sus riñones y cuando estos fallan hay que buscar una
alternativa: la diálisis peritoneal, la hemodiálisis o el trasplante.

La prediálisis

Durante todo el proceso de la enfermedad, y antes de llegar a un estado
terminal, el paciente acude periódicamente a una consulta denominada de prediálisis. Allí se encargarán de
prepararle, tanto física como psicológicamente para el momento en el que sea
imprescindible que una máquina lleve a cabo la función renal. La asistencia a estas
consultas es fundamental para la buena aceptación del tratamiento por parte del
enfermo y para la adaptación de la familia a las nuevas circunstancias. La  calidad de vida y la normalidad son los
objetivos del personal sanitario y de los pacientes que viven gracias a un
riñón artificial.

Las claves de la prediálisis son:

1.       
Comprensión de la
enfermedad por parte del paciente.

2.       
Control de la
dieta.

3.       
Control del
tratamiento medicamentoso.

4.       
Conocimiento de
los distintos tipos de tratamiento.

5.       
Cuidado de la fístula
arteriovenosa o catéter peritoneal.

La diálisis peritoneal

La insuficiencia renal puede tratarse a través de la diálisis
peritoneal, que consiste en utilizar una membrana natural que recubre la
cavidad abdominal, el peritoneo, como filtro. Se lleva a cabo mediante la
colocación de un catéter en la zona abdominal del enfermo, quien se encargará,
en su propio domicilio, de llevar a cabo el proceso de filtración de la sangre.

La hemodiálisis o diálisis

Sin embargo, el tratamiento más habitual es la hemodiálisis o diálisis,
que consiste en conducir la sangre del paciente a través de un circuito externo
hasta llegar a una membrana artificial en la que se produce finalmente la
filtración. De esta manera, según nos explica el Dr. Heras,
se sustituye a los dos riñones enfermos por una máquina que realiza sus
funciones. Para ello, es necesario extraer un flujo de sangre adecuado a través
de un catéter o, generalmente, de una fístula arteriovenosa. Ésta última la
realiza un cirujano mediante anestesia local y consiste en la unión entre una
arteria y una vena que se dilata al recibir más sangre. Es en este punto, en la
mayoría de los casos situado en el brazo, donde se realiza la punción en cada
sesión de diálisis. Es el propio paciente quien debe llevar a cabo una serie de
cuidados y el encargado de vigilar la fístula para poder acudir al personal
médico en caso de que exista algún problema. Para comprobar el correcto
funcionamiento de la misma, basta con tocar este punto de unión y asegurarse de
que se produce una pequeña vibración, denominada técnicamente ?thrill?.

La decisión de comenzar las sesiones de hemodiálisis se basa
prácticamente en la situación clínica de los enfermos y del desarrollo de su
dolencia. Según el Dr. Heras, el filtrado que se
considera normal en una persona se sitúa en unos 100-120 ml. por minuto, por lo
que cuando éste baja de los 10 mililitros es el momento de comenzar el
tratamiento. Pero éste índice es relativo, ya que en personas con otras
patologías, como es el caso de la diabetes, se suele comenzar antes.

Ganar en calidad de vida

La hemodiálisis es fundamental no sólo para que el paciente pueda
vivir, sino para que su calidad de vida sea mayor. De hecho, los propios
enfermos reconocen que su estado de salud general ha mejorado tras comenzar a
dializarse. Pero antes deben aceptar ciertos cambios en su vida que, además, de
unos cuidados médicos concretos y una buena alimentación, consisten en una
variación de sus costumbres. Las personas que necesitan someterse a estas
sesiones han de desplazarse hasta un hospital o un centro de diálisis un total
de tres veces por semana. Allí permanecen una media de cuatro horas, que es el
tiempo que se tarda en realizar el filtrado de la sangre.

Los cuidados de la fístula

Entre los cuidados que hay que brindar a la fístula están:

1.       
El mantenimiento
de la higiene de la zona.

2.       
Evitar coger peso
o portar objetos que ejerzan presión.

3.       
No realizar
extracciones de sangre ni colocar sueros en el brazo de la fístula.

4.       
No permitir que
se tome la tensión en ese brazo.

Efectos secundarios de la diálisis

El Dr. Heras es rotundo al hablar de los efectos secundarios de la
diálisis: ?No es perjudicial, al contrario, ejerce un efecto beneficioso sobre
el organismo?. A pesar de ello, durante las sesiones pueden llegar a producirse
algún tipo de complicaciones. La más habitual es la hipotensión, que produce mareos en los pacientes. Para evitar este
problema, el médico establece la duración adecuada y el ritmo de cada sesión,
según las necesidades de cada uno. Una buena forma de evitarlos es mediante el
estricto seguimiento de la dieta pautada por médicos y dietistas.
Las primeras sesiones son las más duras para los enfermos, puesto que deben
adaptar su forma de vida a las nuevas circunstancias. Muchos de ellos se niegan
en un principio a dializarse, pero terminan por adaptarse y el tratamiento se
convierte en una rutina. Para ello es fundamental el trato con el personal
sanitario del centro al que acuden. Ellos son los encargados de explicarles
todo el proceso, de solucionar cualquier duda o problema con su medicación y
con su enfermedad.

El trasplante renal

La única forma de evitar la diálisis consiste en un trasplante renal.
Cuando comienzan las sesiones de diálisis, los pacientes se incluyen en una
lista de espera. Pero no todos podrán recibir un riñón nuevo. Tienen que tener
una situación clínica óptima y no padecer ninguna otra patología que
desaconseje la intervención quirúrgica. Según nos explica el Dr. Heras, para saber si el trasplante es viable, se realiza un
estudio exhaustivo a los enfermos. Se comprueba el estado de su corazón, del
aparato urinario y de los vasos sanguíneos, entre otros. En el caso de las
mujeres, se lleva a cabo también un examen ginecológico.

Entre los problemas que puede acarrear un trasplante, el rechazo del
nuevo órgano es el más importante. Además, el riñón no tiene una duración
ilimitada y tarde o temprano los enfermos pueden verse abocados a volver a la
diálisis, entrando de nuevo en la lista de espera para el trasplante.

Adaptarse, lo más
importante

En definitiva, para lograr una buena adaptación a la
enfermedad y su tratamiento, lo mejor es tratar de llevar una vida lo más
normal posible. Los psicólogos que atienden a este tipo de pacientes coinciden
en que deben evitar caer en el rol de enfermos que no pueden valerse por sí
mismos. En la mayoría de los casos, pueden seguir haciendo una vida similar a
la que llevaban anteriormente, únicamente hay que saber compaginar la forma de
vida propia con el tratamiento. Ésta es la meta del personal sanitario que
atiende a estas personas: la normalidad.

Pautas de nutrición

1.       
La mejor forma de
que el tratamiento sea efectivo es seguir las pautas de nutrición marcadas por
el especialista. La dieta a seguir es bastante estricta, ya que hay un buen
número de alimentos cuyos componentes son más difíciles de eliminar.

2.       
Además de llevar
una alimentación sana, los enfermos que sufren una insuficiencia renal deben
evitar productos ricos en potasio y en fósforo, que se encuentran en algunas
frutas, legumbres y en productos lácteos. Hay que seguir unas pautas en la
cocina, principalmente con las verduras, que deben estar cocidas dos veces
antes de la comerlas.

  1. El
    consumo de agua de un enfermo renal no debe exceder el medio litro diario,
    ya que, al no poder eliminarse se produce una peligrosa acumulación de
    líquidos en el cuerpo.

TRATAMIENTOS DE LA INSUFICIENCIA RENAL

*HEMODIÁLISIS:

-         
Eliminación de
los desechos y líquidos de la sangre.

-         
Necesidad de
realizar una fístula.

-         
La sangre se
extrae a través de un circuito, pasa por el dializador para su filtrado y
regresa al cuerpo.

-         
El tratamiento
dura entre 3 y 4 horas, tres días por semana.

-         
Se realiza en un
hospital o en un centro adecuado para ello.

*DIÁLISIS PERITONEAL:

-         
Los desechos se
eliminan a través de una membrana natural del organismo.

-         
Para ello, se
coloca un catéter en el abdomen del paciente.

-         
Se realiza unas 3
o 4 veces, todos los días.

-         
Se lleva a cabo
en el propio domicilio, tras una etapa de aprendizaje del proceso.

*TRASPLANTE:

-         
Consiste en
sustituir los riñones enfermos por otro en buen estado.

-         
Es el mejor
tratamiento de la insuficiencia renal.

-         
Todos los
enfermos, cuando comienzan la diálisis, se incluyen en una lista de espera.