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El farmacéutico de hospital es clave en el tratamiento de ancianos en geriátricos

La propia evolución demográfica y el aumento de la morbilidad supondrá en unos años el aumento de centros geriátricos y una mayor demanda de profesionales dedicados al paciente ingresado en ellas. En concreto, la intervención del farmacéutico de hospital en estos centros permite reducir en un 10% la polimedicación de las personas mayores, según se desprende de un estudio1 presentado en Valladolid en el marco del 59 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), que se celebra estos días.

El objetivo del trabajo, realizado en tres centros geriátricos de Alicante en dos periodos de tiempo (marzo 2010 y marzo 2014), ha sido evaluar y comparar la presencia de polimedicación en un total de 315 pacientes en el año 2010 y de 321 en el año 2014. Tal y como explica el doctor Sergio García, del Servicio de Farmacia Sociosanitaria La Florida (Alicante) y autor principal del estudio, “estos pacientes, en su mayoría crónicos o pluripatológicos, son los que más se pueden beneficiar de una atención farmacéutica. Nuestra actuación en estos centros, como un miembro más del equipo interdisciplinar, promueve la utilización racional de los medicamentos”.

 Programa de atención farmacéutica

Un paciente se considera polimedicado cuando consume más de cinco fármacos diarios para un mismo tratamiento y durante más de seis meses. Este experto en farmacia hospitalaria asegura que ”la polimedicación en muchas situaciones es evitable”. De hecho, el estudio demuestra que el grado de polifarmacia puede disminuir mediante un programa de atención farmacéutica, “a pesar de que existen casos, -como puntualiza este experto-, en los que es complicado realizar una mayor desprescripción”. Así, el número medio de fármacos por tratamiento fue de 7,35 (año 2010) y de 6,31 (año 2014), siendo el porcentaje de pacientes polimedicados del 65,08% y del 55,76%, respectivamente.

Este programa de atención farmacéutica ha contribuido además a la reducción del número medio de medicamentos en cada tratamiento. De manera que, en 2010 y 2014, respectivamente, los pacientes que toman en su tratamiento entre 6-10 fármacos fueron del 46,03% y 46,42%; entre 11-15 fármacos fueron del 15,87% y 8,72% y más de 15 fármacos 3,17% y 0,62%.

Dicha estrategia consiste en la participación del farmacéutico cada semana en las reuniones interdisciplinares que se realizan en los centros geriátricos junto al médico del centro, coordinador de enfermería, psicólogo, fisioterapeuta y trabajador social. De esta manera, el doctor García asegura que, “el farmacéutico dispone de toda la información actualizada del paciente, revisa el tratamiento completo, analiza fármaco a fármaco la función relacionada con la patología y valora los resultados que se esperan de cada medicamento. Todo esto nos permite detectar problemas relacionados con la medicación, valorando con el médico el proceso de desprescripción o prescripción prudente del tratamiento a través de un informe”.

Prescripción inadecuada

La polimedicación es el principal factor de riesgo asociado a la aparición de efectos adversos, interacciones, errores de medicación, disminución de la adherencia al tratamiento o aumento del riesgo de caídas y hospitalizaciones. ”Por este motivo, partiendo de la premisa de que a mayor número de fármacos prescritos más probabilidad de que alguno sea innecesario, la población mayor polimedicada es la más perjudicada por una prescripción inadecuada“, afirma este experto.

Esta investigaciòn constata que los fármacos más utilizados en los pacientes geriátricos polimedicados fueron los mismos en los dos periodos, 2010 y 2014: omeprazol (64,76%-51,09%), ácido acetilsalicílico (38,73%-28,35%) y lorazepam (22,54%-21,18%).

No todos los fármacos prescritos tienen una eficacia demostrada (fármacos utilidad terapéutica baja), ni son adecuados para el paciente anciano. En este sentido, el doctor Sergio García comenta que, “existen numerosos fármacos prescritos por distintos especialistas sin tener en cuenta el tratamiento global del paciente, por lo que nos encontramos en muchas ocasiones combinaciones de fármacos contraindicados o con un riesgo incrementado de desencadenar una reacción adversa”.

Asimismo, en geriatría existen muchos tratamientos prescritos en los que, en la mayoría de los casos, el beneficio que va a encontrar el paciente es nulo o, en todo caso, menor que el riesgo asumido, como por ejemplo el empleo de gastroprotectores en pacientes sin factores de riesgo o el uso de estatinas para prevenir un evento cardiovascular.

En este contexto, “el farmacéutico tiene un importante papel para evitar recetar medicamentos innecesarios y analizar junto con el médico prescriptor los objetivos y las expectativas creadas en la prescripción de determinados fármacos del tratamiento farmacológico”, concluye Sergio García.





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