Intolerancias alimentarias .

CONSEJOSNUTRICIÓN


INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS 

DI NO
A?

La
lactosa,  la fructosa, egluten? La emergencia que en los últimos años han sufrido las
intolerancias a uno o varios de estos componentes, ha permitido que cada vez se
investiguen más sus causas y mecanismos. Trastornos gastrointestinales,
cutáneos y respiratorios son sus manifestaciones más reconocibles, cuya
solución pasa obligatoriamente  por la eliminación
en la dieta del alimento “culpable”.


Las
intolerancias estar producidas por diversos factores. Uno de ellos es la
carencia o deficiencia de las enzimas responsables en la digestión alimentaria.
Otra causa es la liberación no alérgica de histamina, una potente sustancia
proinflamatoria que se libera en respuesta a alimentos como el marisco o las
fresas, por ejemplo. Tal y como comenta Antonio Basomba, jefe del Servicio de
Alergia del Hospital La Fé, de Valencia en el documento “La alergia
alimentaria”, editado por el Instituto UCB de Alergia, del que es asesor
científico,”estas reacciones no alérgicas son entre tres y diez veces más
frecuentes que las verdaderas alergias alimentarias. Algunos alimentos pueden
contener gran cantidad de histamina (atún en conserva, embutidos, salazones) o
provocar su liberación en el organismo (como es el caso de muchos conservantes,
colorantes o aromatizantes). En personas especialmente predispuestas, estos
alimentos y aditivos a veces desencadenan reacciones (dolor abdominal,
obstrucción bronquial) que pueden ser indistinguibles de la verdadera alergia
alimentaria”.

Por otro
lado, algunos alimentos pueden actuar como fármacos, sobre todo si se toman en
grandes cantidades. Es el caso de la cafeína: una ingesta excesiva puede causar
temblores, migraña y palpitaciones. “Hay situaciones en las que el origen
de estas intolerancias es desconocido. Sí se sabe que puede depender de la
mayor o menor exposición a un determinado alimento. Por ejemplo, hay personas
que empiezan a desarrollar una intolerancia a las naranjas debido que a que han
consumido en los últimos meses cantidades importantes de esta fruta, mientras
que en otras se determina una intolerancia a alimentos que se han comido en
raras ocasiones”, explica Conchita Vidales, especialista en Endocrinología
y Nutrición y directora del centro Nutrimedic, de Madrid.

Lactosa”
el enemigo número 1

La lactosa
es el azúcar que se encuentra en la leche. Lo normal es que una enzima del
intestino delgado, la lactasa, la descomponga en sustancias más simples
(glucosa y galactosa) de forma que puedan ser absorbidas por el intestino y
pasar al torrente sanguíneo. Sin embargo, cuando la actividad de esta enzima es
demasiado baja, la lactosa no se puede digerir y pasa al intestino grueso,
donde es fermentada por las bacterias de la flora intestinal, dando lugar a
síntomas como flatulencia, dolor y diarrea. Curiosamente, la cantidad de leche
y lácteos que pueden producir síntomas de intolerancia es variable: algunas
personas con baja actividad intestinal de lactasa puede tomarse un vaso de
leche sin experimentar molestia alguna, y lo mismo ocurre en el caso de los
quesos duros y del yogur, normalmente bien tolerados. Hay en el mercado un
surtido cada vez más amplio de alimentos sin lactosa y otras alternativas como
la leche de soja.

Aditivos:
el riesgo camuflado

Las
intolerancias a ciertos aditivos alimentarios que se agregan industrialmente a
los alimentos para asegurar su conservación son frecuentes. Entre las
sustancias menos ?toleradas? están los nitratos y nitritos, que se emplean como
conservantes y colorantes en carnes curadas, salchichas y ciertos embutidos.
Pueden producir cefaleas y daños más o menos serios en la mucosa gástrica.

Los
sulfitos se encuentran en el pescado, la cerveza, las sopas deshidratadas, los
productos de panadería y ciertos pescados. Pueden producir trastornos
gastrointestinales y broncoespasmos.

El
aspartamo es un edulcorante frecuente en los productos ?sin? y ?light?, que
puede dar lugar a reacciones adversas como la cefalea y un aumento del apetito.

Por
último, el glutamato monosódico es frecuente en las comidas asiáticas y tiene
la particularidad de que puede producir tanto una reacción alérgica como una
intolerancia. Sus síntomas incluyen cefaleas, tensión torácica, mareos,
somnolencia, molestias gástricas y quemazón en la nuca.

Gluten: un
tema ?oculto?

La
intolerancia al gluten es un trastorno intestinal que se produce cuando el
cuerpo no puede tolerar esta proteína, que se encuentra el trigo, el centeno,
la cebada y la avena. Si el paciente consume alimentos con gluten, la mucosa
del intestino delgado queda dañada y tiene menos capacidad de absorber
nutrientes esenciales. Sus principales síntomas son diarrea, pérdida de peso,
fatiga, irritabilidad y dolor abdominal. Aunque es más frecuente en niños,
puede diagnosticarse a cualquier edad. Su tratamiento es exclusivamente
dietético, y consiste en eliminar los cereales que contienen gluten y los
productos elaborados a partir de ellos.

-Fructosa:
la doble cara del dulce

En las
personas que no la toleran, la fructosa (el azúcar de la fruta) y la sacarosa
(azúcar de la caña o remolacha) produce una serie de síntomas derivados de la
ausencia de una enzima, la aldolasa B. Debido a ello, el organismo es incapaz
de transformar el material de almacenamiento de energía (glucógeno) en glucosa,
por lo que el  azúcar sanguíneo disminuye
y se produce una hipoglucemia. Entre los síntomas de esta intolerancia destacan
irritabilidad, ictericia, vómitos, sueño excesivo e incluso convulsiones.

El test:
no sólo para adelgazar

Ültimamente
se habla mucho del ?Test de las intolerancias alimentarias?, un análisis de
sangre en el cual se reproduce en el laboratorio la respuesta a tiempo real de
las células sanguíneas frente a 100 alimentos distintos (los más habituales en
nuestra dieta) y 20 de los colorantes y conservantes más comunes. Con él se
comprueba cómo, al reaccionar frente a un alimento determinado, las células
sanguíneas pueden liberar sustancias nocivas para el organismo, lo que es
indicativo de intolerancia. La doctora Conchita Vidales matiza que ?no se trata
de un arma dirigida sólo al adelgazamiento, ya que la intolerancia alimentaria
en sí no engorda. Lo que ocurre es que, indirectamente, ocasiona reacciones en
el organismo que pueden repercutir en el metabolismo general, como la retención
de líquidos o una alteración en la digestión normal de ciertos alimentos, que
pueden dificultar la pérdida de peso, pero esto no significa necesariamente que
el hecho de retirar determinado alimento de la dieta haga adelgazar. Por tanto,
no hay que confundir este test como una dieta más, sino que se trata de una
herramienta que permite tratar dolencias como las afecciones
gastrointestinales, la diabetes, la dermatitis, las artritis reumatoides y
otras patologías que están relacionadas con la alimentación?. 

El consejo de…

 

 

     

?Consejo?



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