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Juan de cuéllar y las islas filipinas (1739-1801)....

Juan de cuéllar y las islas filipinas (1739-1801).

De los orígenes de Juan de Cuéllar se sabe poco. Farmacéutico aprobado, entre 1764 y 1781 ocupó diversos cargos en el Colegio de Boticarios de Madrid. allí conocería a Casimiro Gómez Ortega, de quien fue discípulo en el Real Jardín Botánico. Como la “calamidad de los tiempos” le hubiese privado de su oficina de farmacia, entre el 13 de junio y el 5 de agosto de 1785 nos lo encontramos en Cádiz, vigilando la distribución del equipaje científico de Dombey. El francés se había comprometido a repartir todos los materiales del viaje a Perú y a Chile y a no publicar nada hasta el retorno de los expedicionarios españoles. Su tarea la realizó con tal agrado de las autoridades y de Ortega que se le nombró catedrático de Química de la Real Sociedad Médica de Sevilla. En ese momento se estaba preparando una nueva expedición a Filipinas, un territorio prometedor para las especias que habían sido el sueño de Colón durante el descubrimiento. Además, en España el chocolate se había convertido en una auténtica manía nacional. Si los aztecas lo tomaban con chile, los españoles lo preferían con agua caliente y canela. La canela era una especie controlada en exclusiva por los holandeses. Se soñaba con romper esa dependencia económica en Filipinas.

A Juan de Cuéllar se le convenció para que no tomara posesión de la cátedra y acudiera allí, contratado por un grupo privado, la Real Compañía de Filipinas, pero con encargos científicos y comisiones del Real Jardín Botánico de Madrid y del Real Gabinete de Historia Natural. El Rey Carlos III le otorgó el título de Real Botánico, como a los otros expedicionarios, aunque sin su salario oficial.

En Filipinas, Juan de Cuéllar se instaló en el centro de Manila, organizó un laboratorio de Química, un jardín botánico y contrató a dos pintores nativos y a dos amanuenses. Se dedicó a intentar mejorar las plantaciones de canela del hacendado español Francisco Javier Salgado, a experimentar con el alcanfor, la nuez moscada, el añil, el azúcar, la pimienta negra, los tejidos de algodón y seda, los tamarindos o la cañafístula. Además, envió diversos productos naturales al Gabinete de Historia Natural madrileño y muchos dibujos de plantas al Real Jardín. Pese a ello, la Real Compañía de Filipinas se mostró descontenta con su trabajo. En realidad ellos no querían fomentar la agricultura de las islas sino, simplemente, actuar como intermediarios comerciales. Los trabajos de Cuéllar les parecían lentos y poco eficaces para sus intereses. Cuéllar murió en las islas olvidado, sin hijos y acompañado por su tercera esposa. Su obra, hasta fechas muy recientes, ha estado olvidada en el Real Jardín Botánico de Madrid.



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