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¿Kilos de más? adelgaza a la francesa.

¿Kilos de más? adelgaza a la francesa.

Ponerse a régimen es un clásico en lo que a propósitos de año nuevo se refiere, así que éste es el mejor momento no sólo para combatir la “lorza navideña”, sino para aprender a comer de forma sana y sin pasar hambre. Eso es precisamente lo que persigue una  propuesta que triunfa en todo el mundo, basada en un libro con un título de lo más sugerente: “Las francesas no engordan”.

?¡Tu ressembles à un sac de patates!? (¡Pareces un saco de patatas!). Este frase, pronunciada por su padre cuando la recibió a pie de escalinata tras pasar una temporada en Norteamérica, fue el detonante que llevó a Mireille Guiliano a tomarse en serio sus  kilos de más e iniciar un plan de adelgazamiento que ha plasmado en su libro Las francesas no engordan (Ed. Vergara), un auténtico best seller en el nutrido segmento de la literatura dietética. ¿Qué es lo que diferencia este régimen de otros tantos que cuentan con un aval literario? Pues, en primer lugar, el hecho de que está basado en la experiencia personal de Guiliano, francesa de nacimiento, norteamericana de adopción y presidenta de Champagne Veuve Cliquot, quien tuvo que combatir las consecuencias que el american way of life había depositado en su organismo en general y en sus cartucheras en particular- y para ello, y de la mano de su médico de cabecera, siguió un sistema de alimentación basado en la toma de conciencia real de los alimentos que consumía a diario. Y en segundo lugar, no se trata de una dieta al uso ya que no promete una pérdida concreta de kilos en X tiempo, sino que consiste en un plan a largo plazo, basado en el equilibrio nutricional, en mantener a raya la sensación de privación y en la adecuada compensación de excesos.


Un plan en cuatro fases

1. El estudio preliminar.

El punto de arranque de este método consiste en llevar una especie de registro o diario de lo que se come cada día, durante tres semanas. Hay que apuntar no sólo qué y cuánto se come, sino también cuándo y dónde. A mi me sirvió para darme cuenta de que mis comidas consistían cada vez más en dulces, que casi no comía verdura y que la fruta consumida diariamente provenía de las tartaletas, señala la autora.

2. La reestructuración.

Esta etapa se basa en dos premisas: la detección de aquellos alimentos de los que se abusa y que hacen engordar y un reajuste del concepto de nutrición, que lleva a primar la calidad sobre la cantidad y a dejar se renunciar sistemáticamente a aquello que gusta. Al menos la mitad de nuestras malas costumbres alimentarias son el resultado de la negligencia; surgen por no prestar atención a nuestras auténticas necesidades y gustos. No nos fijamos en lo que consumimos, no prestamos atención a los sabores en realidad, no disfrutamos de pequeños lujos y por ese motivo no los tenemos en cuenta y lo exageramos, explica Mireille. Esta etapa dura aproximadamente unos tres meses al final de los cuales, según la autora, tanto el peso como laactitud frente a los alimentos cambia sustancialmente.

3. La estabilización.

Tras la gran transformación que supone el paso previo toca ahora hacer una serie de reajustes. La regla de oro es reducir lo que puedas poco a poco. Aunque hayas logrado rebajar el consumo de algunas cosas hasta un nivel que hace tres meses te hubiera parecido poco realista (por ejemplo, solo dos rebanadas de pan diarias), tu satisfacción quizá te permita reducirlo aún más (a una rebanada). La única manera de averiguar cuánto necesitas para estar satisfecha es la experimentación. Cuando añadas un lujo, compénsalo con la restricción correspondiente: camina media hora más al día siguiente, pasa de la cesta del pan Conserva tu equilibrio una semana tras otra. El objetivo es, según la autora, que las compensaciones sean un poco mayores que los lujos.

4. El resto de la vida.

Una vez alcanzado el peso deseado y un equilibrio estable, en este punto se controla perfectamente cuál es nuestro metabolismo y tan sólo hay que hacer pequeños ajustes si se producen cambios inesperados.


Ocho secretos para mantener la línea

1-Detecta a los sospechosos habituales. Así es como se refiere la autora a esos alimentos que el estudio preliminar ha demostrado que se están consumiendo sin proporción (el pan, los pasteles y el chocolate suelen encabezar la lista). Podrías empezar preguntándote lo siguiente: ¿de qué podría prescindir o al menos reducir su consumo?; ¿acaso la idea de esas dos chocolatinas antes de abandonar la oficina es el único que hace que tu día sea soportable?, ¿y le pides al camarero más pan? A lo mejor descubres que una sola rebanada saboreada lentamente con la cena te sacia en la misma medida. No comas con el piloto automático puesto.

2-Potenciar los alimentos placer. De nuevo, hay que recurrir a un autocuestionario:¿Qué me da más placer: mi copa de vino para acompañar la cena; un cucurucho de helado los domingos por la tarde?.Las francesas saben que el placer ofrecido por la mayoría de los alimentos está en los primeros bocados; rara vez repetimos. No disfrutamos de las cosas que nos dan placer de manera rutinaria. Es de esos alimentos que realmente consideramos deliciosos a los que sí se puede recurrir puntualmente (el fin de semana, por ejemplo) siempre y cuando se haga con moderación y dentro de la premisa de la compensación.

3-No tener prisa. Este régimen es la antitésis de cualquier dieta milagrosa y relámpago.Perder peso rápidamente es inútil, ya que la privación que ello supone hace que no sólo se recupere lo perdido sino que se ganen unos cuantos kilos más. Una reestructuración correcta, una puesta a cero de tus cuadrantes corporales lleva tres meses. La clave consiste en convertirlos en algo placentero, no en una condena a la guillotina.

4-Convertir la comida en un ritual. Es mejor comprar únicamente lo necesario para un par de días y cocinar en casa, para ver qué es lo que uno se está metiendo en el cuerpo. También es importante comer siempre sentada, usando platos y vasos de verdad (no de cartón) y dejando a un lado los cubiertos entre bocado y bocado, concentrándose en las texturas y sabores que se tienen en la boca.

5-Controlar las porciones. Es muy importante tener la báscula a mano y reducir las cantidades gramo a gramo, hasta que entre 20 y 180 te dejen satisfecha. Como regla general, 250 gramos de cualquier cosa de un tirón es demasiado. Con menos te sentirás igual de saciada, pero el cambio experimentado por tu cuerpo te deslumbrará.

6-Siempre, alimentos de temporada y condimentos. Mireille Guiliano recomienda optar por los mercados en vez de hacer compras bimensuales en el super, y decantarse por los productos de temporada que, además de ser más baratos, saben mejor. Los condimentos son, según la autora, la clave para engañarte a ti misma ya que proporcionan un mundo de sabores a recetas que de lo contrario resultarían más grasas que sabrosas. La mostaza, el perejil, la albahaca, el estragón, el tomillo, el perifollo, la mejorana, el orégano y el romero son las más versátiles.

7-Al menos tres comidas al día. Son imprescindibles para que el metabolismo corporal funcione a ritmo regular. Tomar tentempiés en lugar de comer tres comidas suele ser un recurso poco útil que confunde a nuestro cuerpo y  nuestra mente. Las chicas de una sola comida al día se están engañando de una manera nefasta, ya que llegan a la cena muertas de hambre y consumen de golpe las mismas calorías o más de las que se han privado en el desayuno y la comida.

8-Las recompensas del fin de semana. Tal y como afirma la autora, la privación es la madre del fracaso. Tu cerebro se revelará contra cualquier programa interpretado como un castigo, así que incluso durante la reestructuración tu cuerpo necesita un día sabático. Según el doctor Milagro, lo mejor es pecar un sábado y regresar al plan el domingo, para empezar la semana con buen pie. Ten en cuenta que si lo que te da placer es una copa de vino con la cena o un cruasán para desayunar, no puedes privarte de ellos durante largos periodos sin que tu cuerpo se tome su particular venganza.


Tres grandes aliados

– El agua:  Muy pocos saben hasta qué punto el dormir deshidrata. Un gran vaso de agua por las mañanas no sólo te refrescará el cutis sino que te reanimará si has dormido mal. Además, el agua tiene más efectos positivos para el cutis que todas las moléculas de alta tecnología que puedes meter en un tarro.

– El yogur: El doctor Milagro me reveló un excelente truco para controlar el hambre: el yogur; no la variedad artificial y azucarada del supermercado, sino el auténtico, cuya textura y sabor no sólo son superiores sino que además contiene bacterias esenciales para la salud, explica Guiliano, quien recomienda elaborarlo de forma natural en una yogurtera casera aunque también da la receta para obtener yogur casero.

– Las sopas:  Sacian y contienen pocas calorías. Una de ellas, la sopa mágica de puerros es uno de los pilares en los que se basa esta dieta: en situaciones puntuales se puede recurrir a una depuración a base del caldo obtenido de cocer un kilo de puerros. Se bebe una taza de caldo cada 2-3 horas y se toman puerros cocidos durante 48 horas, pasadas las cuales se puede comer una porción de carne o pescado (entre 120 y 180 gr) con  verduras al vapor.


Dos opciones sanas y exprés

Si los excesos navideños se han traducido en un exceso de kilos importante, aquí tienes dos opciones para reparar estragos y que te pueden servir de precalentamiento antes de poner en marcha las pautas del libro de Mireille Guiliano:


– Dieta de salmón
: La doctora Blanca  Galofré, especialista en Nutrición Ortomolecular, propone una dieta basada en las propiedades antienvejecimiento de los ácidos grasos Omega 3 que permite reparar los excesos derivados de  situaciones puntuales (como el desgaste y las pocas horas de sueño propias de las fiestas), atenuando las arrugas y los rasgos de cansancio a la vez que ayuda a no disparar el peso. Se trata de seguir durante 3 días las siguientes pautas:

Desayuno: Tortilla de 1 huevo y 2 claras; un trozo de melón cantalup, 125 gr de frutas del bosque y 1 yogur.

Comida: 125-150 gr de dados de salmón ahumado; 250 gr de mezcla de distintas lechugas (rúcula, canónigo), rábanos, pipas de girasol y semillas de sésamo, aderezada con una cucharada de aceite de oliva de primera presión y el zumo de un limón recién exprimido; un trozo de melón y 125 gr de frutas del bosque.

Merienda: 60 gr de fiambre de pollo; 4 avellanas o almendras crudas; media manzana verde.

Cena: 125-150 gr de salmón ahumado; 250 gr de mezcla de lechugas (rúcula, canónigo), rábanos, pipas de girasol y semillas de sésamo, aderezada con una cucharada de aceite de oliva de primera presión y el zumo de un limón recién exprimido; un trozo de melón y 75 gr de frutas del bosque.


– Dieta de fresas
. La dotora Luz García Juan, directora del Centro Médico Orel, de Madrid, recomienda seguir durante dos días a la semana una cura a base verduras, pocos carbohidratos y fresas. Se trata de una dieta  depurativa, desintoxicante, antioxidante, antienvejecimiento, hidratante y, además, facilita el tránsito intestinal. El plan a seguir es el siguiente:

Desayuno: Un vaso de zumo de naranjas recién exprimidas, un vaso de leche de soja con dos cucharadas soperas de germen de trigo; 5 fresas frescas.

Comida: Ensalada multicolor (1 tomate, media zanahoria, 2 cucharadas soperas de maíz tierno, unas hojas de berro, lombarda, 4 aceitunas, 1 cucharada sopera de aceite y sal). Arroz integral con espinacas y alcachofas (dejar en remojo el arroz una hora. Después, preparar un caldo de verduras sin sal con la alcachofa, medio diente de ajo, pimiento verde y una hoja de laurel. Después se agrega el arroz y las espinacas, se reduce el fuego y se mantiene la cocción hasta que el arroz quede tierno y suelto).

Merienda: Hay dos opciones. Opción A: 10 unidades de fresas con 2 unidades de nueces y una cucharadita de miel. Opción B: Macedonia de frutas elaborada con media porción de las siguientes frutas: pera, manzana y naranja; y 5 fresas, rociado todo con el zumo de la naranja.

Cena: Una taza de caldo depurativo de verduras, preferentemente cebolla y apio, sin sal y con zumo de limón. Una patata asada al horno (se pone sobre la placa, partida a la mitad y con piel; espolvorearla con ajo, sal y aceite y cocinarla hasta que esté dorada). De postre, un batido de fresas con leche de soja o 5 fresas sueltas.



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