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La alimentación de los padres antes del embarazo influye en la prevención de enfermedades crónicas del futuro hijo

La prevención temprana de las enfermedades crónicas es uno de los parámetros esenciales de la nutrición del siglo XXI. Así lo entiende Javier Aranceta, presidente del comité científico del VIII Congreso Nacional de Nutrición Comunitaria, quien considera que “la alimentación en el embarazo, la lactancia y la etapa infantil es básica para un correcto tránsito hacia la edad adulta. Hay que racionalizar la necesidad de que los padres adopten una nutrición equilibrada incluso antes del embarazo. Es necesario afrontar éste en el mejor estado de salud posible dado que el óvulo fecundado se alimenta de la madre desde el primer día”.

Afirma el especialista que “ya en 1989 Barker formuló una hipótesis sobre el origen fetal de las enfermedades del adulto. Sugirió que una malnutrición materna podía causar restricciones en el crecimiento fetal, seguidas de un efecto de recuperación ponderal rápida después de nacer y una serie de desajustes metabólicos que se prolongarían en la etapa adulta”.


Explica Aranceta cómo “es preciso asentar las bases metabólicas desde un principio.  Es en esa fase donde se produce la programación metabólica y las rutas que van a dirigir el metabolismo de un niño desde su nacimiento”. Recuerda el especialista que “durante el embarazo se producen una serie de cambios fisiológicos que obligan a prestar mayor atención a la dieta. Existen una serie de recomendaciones sobre requerimientos nutricionales durante el embarazo que se han calculado para cubrir las necesidades del feto, el organismo materno y el coste de la síntesis de leche en este periodo. Sin embargo”, puntualiza, “el organismo materno puede adaptarse a estas circunstancias modificando la capacidad de utilización de los nutrientes, por lo que las mujeres sanas, con un adecuado estado nutricional antes del embarazo, podrían desarrollar su gestación sin ningún aporte extra de nutrientes”.

Una vez nacido el niño, “es aconsejable la lactancia materna de manera exclusiva durante los seis primeros meses de vida, siempre y cuando sea posible. A partir de ahí han de ir realizándose las transiciones alimentarias –incorporando nuevos alimentos- al objeto de definir el perfil metabólico del niño. Se trata de una fase crucial de la vida de cualquier persona que va desde los -1 años a los dos años porque es ahí donde es posible  inhibir y modular la posible aparición prematura de una enfermedad crónica”.

Durante la lactancia “ha de cuidarse la dieta para garantizar la correcta alimentación del bebé. El recién nacido retiene un total de unos 30 g de calcio. Los requerimientos de calcio y fósforo son especialmente elevados para la producción de leche que contiene unos 280 y 140 mg/litro respectivamente, por lo que hay que garantizar el aporte suficiente a través de una alimentación equilibrada. La madre ha de tener en cuenta que la producción de leche requiere una elevada ingesta de líquidos y debe evitar el alcohol, bebidas estimulantes y la automedicación”.


 



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