La alimentación en el anciano. prevenir la desnutrición.

Publicado por el 01/06/2002

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LA ALIMENTACIÃ?N EN EL ANCIANO. PREVENIR LA DESNUTRICIÃ?N

Si cada etapa de la vida requiere sus cuidados, la tercera edad los necesita por partida doble: al desgaste de los años se unen estados depresivos y situaciones socioeconómicas que en nada favorecen el, a menudo, triste cuadro de la vejez

En este contexto es frecuente que el anciano pierda interés por su alimentación, o simplemente, pierda su capacidad para alimentarse como antes. La consecuencia: el mal estado nutricional en que se encuentran uno de cada diez ancianos en nuestro país, lo que ha llevado a sociedades como la Española de Geriatría y Gerontología, la de Nutrición Básica y Aplicada (SENBA), la de Endocrinología y Nutrición o la de Farmacia Hospitalaria, en colaboración con distintos laboratorios farmacéuticos, a apoyar y promover el estudio y desarrollo de nuevas formas de alimentación que cubran las necesidades específicas de este colectivo, lo que se conoce como Alimentación Básica Adaptada (ABA).

De lo general a lo específico. El enfermo neurológico

Muchas son las situaciones que provocan desnutrición en el anciano: la pérdida de piezas dentales, la depresión, el paulatino deterioro mental, la aparición de enfermedades de tipo oncológico o de otra índole, pero sobre todo, las demencias seniles y las enfermedades neurológicas como el Alzheimer o el Parkinson.

Según declaraciones hechas por la Dra. Carmen Gómez Candela, presidenta de la Sociedad Española de Nutrición Básica y Aplicada (SENBA) y jefa de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital Universitario La Paz de Madrid, el sólo hecho de ser anciano comporta unos cambios fisiológicos que requieren modificaciones y adaptaciones en la dieta y en la manera de valorar si el enfermo come o no lo suficiente, en función de su edad y de su patología. Pero además, añade, “en el caso de las enfermedades neurológicas, la incapacidad que generan estas patologías para ingerir los alimentos o tragarlos, así como la falta de autonomía para comer, están en el origen de la desnutrición senil. En este sentido, los pacientes neurológicos suelen presentar disfagia, por lo que se hace extremadamente necesario que el médico programe una dieta adecuada para ese paciente con dificultad para deglutir”. En el caso del paciente oncológico, su propia patología le conduce a padecer anorexia (falta de apetito) neoplásica. Además, el propio tratamiento que recibe (quimioterapia y radioterapia) comporta una serie de alteraciones como náuseas, vómitos, mucositis y xerostomía) y precisa de cambios en la dieta.

Por ello en aquellos ancianos con alguna enfermedad asociada, es vital seguir las pautas que, en cada momento, marque su especialista. En este sentido, la Sociedad Española de Enfermería Neurológica (SEDENE), ha presentado un Manual de Alimentación del Paciente Neurológico, que, según su presidente, D. Antonio Ibarzo, constituye una guía práctica para los profesionales de enfermería, cuidadores y enfermos, en el que se describen las enfermedades neurológicas de mayor incidencia en nuestro país, los problemas que plantean en materia de alimentación y sus soluciones.

Problemas derivados de una malnutrición

  1. Alteraciones en el sistema inmunológico.
  2. Adelgazamiento, debilidad y apatía.
  3. Mayor riesgo de sufrir fracturas.
  4. Menor respuesta a la alimentación.
  5. Problemas de cicatrización de las heridas.
  6. Aumento del riesgo de úlceras por decúbito.
  7. Pérdida de fuerza muscular.
  8. Incremento del riesgo de hospitalización, institucionalización y complicaciones médicas y quirúrgicas.
  9. Una mala alimentación tiene muchas y variadas repercusiones, entre ellas niveles altos de azúcar o grasa en sangre.
  10. Con frecuencia, una mala alimentación y el mantenimiento de estados desnutridos conllevan estreñimiento.
  11. Nutrición Básica Adaptada. La nutrición inteligente

    Un correcto patrón alimenticio pasaría por seguir unas normas básicas que contemplen la cantidad justa de alimentos, la variedad en la dieta, la tradición vital y cultural del anciano y el consumo de agua, de gran necesidad para el anciano. Asimismo, el calcio se hace vital en esta etapa de la vida, mineral que en ningún tipo de dieta debe ser pasado por alto. Teniendo en cuenta todo ello, la Alimentación Básica Adaptada (ABA) se ha configurado como una de las posibles soluciones a regímenes que no aportan los nutrientes necesarios en el anciano. Basada en preparados de textura suave y homogénea, a modo de purés y papillas, son concentrados de energía, proteínas y minerales controlados en sal, colesterol y azúcares y de sabor agradable, que en todo momento tienen en cuenta las necesidades generales y específicas de este colectivo, aportando todos los nutrientes necesarios en una dieta equilibrada. De venta en farmacias, solventan las carencias de los ancianos que sólo toleran bien dietas blandas o que presentan grandes dificultades para masticar. Por este motivo, la Alimentación Básica Adaptada cada vez se aplica más en aquellas residencias de la tercera edad interesadas en mejorar las condiciones alimenticias de sus mayores institucionalizados.